García sale en busca de credibilidad

Patricio Navia

La Tercera, junio 4, 2006

 

De confirmarse su triunfo, Alan García no sólo tendrá la oportunidad de reescribir su lugar en la historia del Perú. También podrá volver a intentar el viejo sueño Aprista de la tercera vía para América Latina.

 

Si bien las últimas encuestas dan pie a algunas dudas, García parecía encaminado a lograr una victoria hoy. Si gana, se enfrentará a un difícil escenario internacional. Las crecientes tensiones entre Washington y Caracas ya se han sentido en Perú. La campaña presidencial estuvo marcada por acusaciones contra Chávez por ayudar a Ollanta Humala. Por su parte, aunque no es santo de su devoción, Washington no ocultó su preferencia por el líder del históricamente anti-imperialista APRA.

 

Haya de la Torre, fundador del partido solía repetir que “ni Washington ni Moscú, sólo el APRA salvará al Perú.” En su campaña, García ha insistido en que ni Bush ni Chávez son buenas alternativas. En sus intensas críticas a Chávez—quien ha respondido acusándolo de “ladrón, tahúr y corrupto”—García ha dejado en claro que su distancia de Chávez no implica cercanía con Washington. Es más, ha insistido en que América Latina necesita una vía alternativa de desarrollo liderada por una izquierda democrática globalizada, amiga del libre-mercado y de un estado eficiente que promueva la justicia social. García ha señalado a Bachelet y Lula como ejemplos del modelo que quiere impulsar para su país.

 

García también cree que, de formarse ese eje Brasil-Chile-Perú, él es el líder más indicado para alzarse como contrapeso a Chávez. Excelente orador y experimentado político, pueden competir con Chávez en oratoria mucho mejor que Bachelet o Lula. Sólo García tiene la experiencia y la habilidad para derrotar a Chávez en el carisma multitudinario. Si Chávez tiene petróleo, García puede tener el espaldarazo de los capitales privados internacionales que tanto precisa América Latina para su desarrollo.  

 

Pero García tiene un pasado que comprensiblemente despierta sospechas en Wall Street. Es más, aunque ha moderado su discurso, algunas de sus promesas son claramente contrarias a las favorecidas por el Consenso de Washington. Por eso que García quiere l certificado de buena conducta que puede otorgar el gobierno de Bachelet. García repite que su modelo ha seguir es el de la Concertación (aunque para satisfacer las presiones nacionalistas también indica que Perú debe competir y superar a Chile como el punto de encuentro con las economías de Asia).

 

Si triunfa, García buscará fortalecer una coalición con Bachelet antes que con Lula. Por su pretensión hegemónica, Si García construye sólidos puentes hacia Chile, Lula no tendrá opción más que sumarse a este nuevo eje que impulsará Lima. Como me señaló un cercano asesor suyo, “García es un seductor y el gobierno de Bachelet tiene lo que García necesita: credibilidad.” Si bien García buscará acallar a sus críticos más nacionalistas hostigando a alguna empresa chilena (basado, en todo caso, en el argumento de querer terminar con los monopolios), las relaciones que García cultivará con Chile serán las mejores que hayan existido en las últimas décadas, si Bachelet sabe negociar hábilmente con el líder aprista. Por eso mismo Chávez ha intensificado sus gestos hacia Chile. Si aísla a García, Chávez habrá evitado la formación de un eje alternativo al que él promueve junto a Castro y Morales.

 

Porque para reescribir su lugar en la historia necesita también reposicionar la visión latinoamericanista de tercera vía, García buscará primero aliarse con Bachelet para construir un eje alternativo al de Chávez y al que Wsashington quisiera ver en América Latina. Si Bachelet logra darle la moderación necesaria e impone la visión económica de la Concertación y García se convierte en el orador que neutralice a Chávez, se comenzará a formar un eje alternativo en América Latina. Todo depende ahora de los electores peruanos y de cómo Bachelet reaccione al intento de seducción política que iniciará García de resultar electo hoy.

 

 

Y si gana Humala

Aunque en el círculo cercano a Humala denuncian que Chile se está armando para invadir el Perú, hay señales que el propio candidato—y su esposa Nadine, su principal asesora—entiende que la relación con Chile es mucho más compleja y que puede rendir mucho más provecho político y económico fomentar una buena relación con Chile que promover la confrontación.

 

Los padres de Humala no han desperdiciado oportunidad para declarar su anti-chilenismo, pero Nadine, la joven y carismática esposa, ha señalado que en su infancia siempre escuchó con admiración la música y el mensaje latinoamericanista de los grupos Inti-Illimani y Quilapayún. Más que un problema con el pueblo chileno, el nacionalismo peruano parece tener un problema con algunas empresas chilenas con presencia en el Perú. Es verdad que el propio Humala ha denunciado una carrera armamentista chilena. Pero ese discurso parece tener más que ver con las presiones de sectores del ejército peruano que quieren mejorar sus partidas presupuestarias que con temores reales a un expansionismo territorial chileno.

 

Inevitablemente, de ganar Ollanta Humala las emprenderá contra algunas de las empresas chilenas que operan en Perú. Pero como buen militar, sabrá escoger sus batallas. Las empresas con margen de ganancia demasiado alto y las que dominan mercados monopólicos serán las primeras en sentir la presión. Porque su base de apoyo está entre el sector más pobre, que precisa trabajo y quiere combinar su poder de ciudadanos con el poder del consumo, Humala sabe que sin crecimiento económico su luna de miel con el electorado durará poco. Por eso, aunque impulse reformas impositivas para financiar sus programas sociales, Humala entenderá que las inversiones, aunque provengan de Chile, son la mejor forma de producir riqueza y reducir la pobreza. Porque el discurso nacionalista se alimenta de la frustración, pero el hambre sólo se combate con crecimiento económico y mejor distribución de la riqueza, el discurso nacionalista del candidato Humala no se traducirá de inmediato en acciones antichilenas de un virtual presidente Humala. Sólo si la economía no funciona y las frustraciones vuelven a crecer entre el electorado que lo aoya, Humala buscará en Chile a un chivo expiatorio para sus propios errores. Pero en eso, sólo estará haciendo lo que ya vimos a hacer a Alejandro Toledo durante los últimos cinco años.