El gabinete que no funcionó

Patricio Navia

La Tercera, 28 de mayo de 2006

 

El primer gabinete de Bachelet no funcionó porque ninguno de los ministros que podían convertirse en articuladores del poder político de la popular presidenta logró hacerlo. Pero la responsabilidad  también es de Bachelet, que tampoco facilitó ni permitió el surgimiento liderazgos fuertes en el gabinete. Ahora que la Presidenta debe empezar a considerar una reorganización de su equipo debe tener presente que la única forma de que los ministros adquieran poder es dejándolos competir por el poder. Si La Moneda insiste en evitar que los ministros hablen y lideren, los futuros gabinetes de Bachelet tropezarán con la misma piedra.

 

La Presidenta ha demostrado una poco saludable preferencia por el secreto y una incomprensible preferencia por el silencio ante la prensa. Peor aún, algunas esporádicas apariciones e improvisadas apariciones le han generado más daño que bien. A menos de una semana del discurso presidencial, La Moneda perdió el control de la agenda. Los estudiantes secundarios y la desatinada intervención para acallar a Fujimori (siguiendo una advertencia del políticamente inepto e impopular presidente saliente del Perú e ignorando los consejos de mentes más preclaras del vecino país) desnudaron la incapacidad de este gabinete para controlar crisis. Es cierto que algunos líderes estudiantiles son hábiles y buenos comunicadores (¿resultados de pasadas reformas educacionales de la Concertación?), pero la incapacidad de Zilic para elaborar una estrategia coherente hacen muy difícil imaginar que Educación aprovechará adecuadamente los recursos provenientes de los excedentes del cobre para dar el salto que necesita la enseñanza en el país.

 

Las descoordinaciones entre Zaldívar y Foxley demuestran que ser amigos por años no es garantía de que habrá buen trabajo en pareja. Aunque ha buscado hablar a través de una sola voz—Lagos Weber—pareciera ser que Bachelet necesita también comunicarse mejor con sus ministros. La obsesión por controlar la información ha dejado en el abandono a varios ministros que sienten no tienen paño que cortar y no saben para dónde va la micro.

 

Bachelet ha repetido que el suyo será un gobierno corto. Por eso mismo, no se puede dar el lujo de tener un gabinete que no funciona. Un temprano cambio de gabinete tendrá costos altos para la mandataria. Los cuestionamientos a su política de paridad de género, al cuoteo de partidos y a su capacidad para escoger buenos nombres abundarán. Pero los costos de no realizar un cambio de gabinete pronto serán mayores. Bachelet sabe que corre el riesgo de que el momento más importante y trascendental de su presidencia sea el día uno, cuando recibió la banda presidencial. Porque debe evitar convertir sus cuatro años en un incómodo paréntesis entre dos candidaturas presidenciales de Ricardo Lagos, la Presidenta debe pensar en mover ficha y debe asegurarse de no cometer el mismo error con su segundo gabinete que ha cometido con el primero.