Mirando a los mapuches

Patricio Navia

La Tercera, mayo 11, 2006

 

Michelle Bachelet esperaba que su primera gira a Europa fuera sólo éxito. Al ser la primera mujer en La Moneda y ser heredera del responsable manejo económico de sus predecesores, Bachelet—y también Chile—se han ganado el respeto del mundo entero. Pero la Presidenta primero se vio en la incómoda posición de aclarar que su llamada telefónica a Evo Morales no fue para felicitarlo por la nacionalización de los hidrocarburos. Además de contradecir a su colega boliviano, Bachelet no aclaró tampoco si personalmente llamó a todos los otros presidentes con los que sostendrá reuniones bilaterales. La duda sobre el diálogo sostenido inevitablemente enturbiará las futuras relaciones con Bolivia.

 

A esa tensión se suma ahora la acusación realizada por el ex juez Guzmán Tapia—refrendada por el propio José Saramago—respecto a la “represión policial feroz” contra los mapuches. Aunque el gobierno (no la Presidenta) ha negado que haya represión, la realidad de pobreza en la que vive el pueblo mapuche es innegable. Si bien los gobiernos anteriores realizaron tímidos esfuerzos por corregir el problema, las políticas anti-pobreza no han sido acompañas de políticas que simbólicamente corrijan la discriminación contra los pueblos originarios. Como acertadamente pidió Saramago, es hora de que Chile mire a los mapuches.

 

Cuando Bachelet asumió la presidencia, miles de mujeres portando una banda presidencial señalaban la voluntad de inclusión del nuevo gobierno. A menos que el pueblo mapuche se sienta también representado, los conflictos en la Araucanía seguirán en aumento. Chile no podrá alcanzar el pleno desarrollo mientras subsistan los grupos sistemáticamente marginados. Por eso, el gobierno de Bachelet debe extender su promesa de inclusión a los mapuches, etnia que hoy tiene un lugar más importante en los libros de historia que en la realidad cotidiana de Chile. Al declararse “más subversiva” que Saramago, Bachelet explícitamente se comprometió a que “todos los pueblos originarios” tengan “los mismos derechos a estar integrados en el país con su propia diversidad.” La Presidenta ahora debe acompañar sus palabras con hechos concretos. Parafraseando su mensaje respecto a los derechos humanos, la cuestión mapuche no admite punto suspensivo.