O archi-enemigos o dúo dinámico

Patricio Navia

La Tercera, abril 30, 2006

 

Cada vez que se debate una reforma laboral, se enfrentan los intereses de Hacienda y Trabajo. El titular de Hacienda siempre hace sentir su enorme influencia mientras el Ministro del Trabajo puede intentar convertirse en un importante actor político. Aunque la discusión sobre la ley de subcontratación pareciera constituir oportunidad propicia para una confrontación entre Andrés Velasco y Osvaldo Andrade, la experiencia de los gobiernos anteriores puede llevarlos a formar una alianza que los potencie a ambos.

 

Al nombrar sus gabinetes, los presidentes siempre establecen pesos y contrapesos entre sus ministros. Hace seis años, Lagos nombró a Eyzaguirre en Hacienda y a García en Presidencia. Porque García intentó inmiscuirse en temas económicos, se produjo una soterrada disputa que ganó Eyzaguirre. Junto con nombrar a Bachelet en Salud, Lagos nombró a su amigo Hernán Sandoval—que aspiraba a ser ministro—a cargo de la reforma de la salud. La tensión no se hizo esperar. Bachelet resultó victoriosa y Sandoval abandonó su puesto.

 

Bachelet también estableció pesos y contrapesos en su gobierno. Repitiendo la misma historia de la que fue víctima, después de nombrar a Velasco en Hacienda, Bachelet le pidió a Mario Marcel—que aspiraba a ese ministerio—hacerse cargo de la reforma previsional. A diferencia de Bachelet/Sandoval, la dupla Velasco/Marcel tiene una larga historia de cooperación (aunque hay precedentes de amistades que terminan en sangrientos conflictos.) Pero por la importancia que ha adquirido Hacienda, los contrapesos que Bachelet parece haberle puesto a Velasco se multiplicaron. 

 

Osvaldo Andrade, amigo personal de la mandataria, llegó a Trabajo anunciado que la reforma laboral sería su responsabilidad. Como la legislación de subcontratación ya llevaba varios obstáculos superados en el congreso, el control de la agenda y del texto final de la ley prontamente produjo tensiones entre los dos ministros más directamente relacionados con el asunto, Velasco y Andrade. Porque ambos provienen de mundos políticos muy distintos y de sensibilidades opuestas en la Concertación, el enfrentamiento entre ambos parece inminente. Es más, ya hay señales que Hacienda ha querido imponer su predominio histórico mientras Trabajo ha intentado ocupar el influyente rol que alguna vez tuvo bajo el gobierno militar (José Piñera fue Ministro del Trabajo.) 

 

Si bien una nueva victoria de Hacienda también parece más que probable, los dos ministros pueden copiar la fructífera relación que existió entre Hacienda y Trabajo en las administraciones de Aylwin y Lagos. Bajo Aylwin, la dupla Foxley-Cortázar permitió que ambos economistas se potenciaran mutuamente. Porque Cortázar jamás desafió la titularidad de Foxley y porque Foxley supo convertir a su ex colega de CIEPLAN en un eficiente aliado, los dos resultaron ganadores. En el gobierno de Lagos, Solari entendió que su mejor movida sería trabajar junto a Eyzaguirre y no intentar imponerse al poderoso ministro. Los importantes logros de la administración Lagos en temas laborales (incluido el seguro de desempleo) constituyen éxitos en las hojas de vida de ambos. 

 

El debate que ha generado la ley de subcontratación evidencia lo económicamente relevante y políticamente importante del tema. Porque Velasco entiende que para ser un poderoso Ministro de Hacienda no puede perder el primer gallito, cualquier intento de Andrade por fortalecer a su ministerio y mejorar su posición relativa de poder en el gabinete producirá inevitablemente una confrontación. Por eso, aunque la tentación inicial sea aprovechar la ocasión para medir fuerzas, estos dos potenciales archi-enemigos pueden aprender de las experiencias de Foxley y Cortázar y convertirse en un dúo dinámico. Dada la especial preocupación de Bachelet por asuntos laborales, Velasco y Andrade pueden colaborar para potenciar mutuamente su influencia en este gobierno y sus futuras carreras personales.