A falta de ideas, cuchillos

Patricio Navia

La Tercera, Abril 22, 2006

 

La renovación de liderazgos que actualmente consume la atención concertacionista deja en claro las dos grandes amenazas que se ciernen sobre la coalición política más duradera y exitosa en la historia de Chile. Porque sufre de una sequía de ideas nuevas y porque la disputa por espacios de poder—aún ínfimos—ocupa gran parte de los aparatos partidistas, la Concertación corre el riesgo de caer víctima mortal de disputas internas de nula relevancia para el electorado.

 

Henry Kissinger solía decir que las peleas entre académicos eran tan sangrientas precisamente porque había tan poco en juego. Las disputas por el liderazgo de los tres partidos más importantes de la Concertación hacen que este enunciado sea también aplicable a la política. Mientras más ausentes las ideas y propuestas, más filosos parecen ser los cuchillos y más sangrientas las disputas por controlar aparatos que, lamentablemente, se comienzan a tornar en agencias de empleo para puestos en el aparato público. Aunque han sobrado las descalificaciones personales, los candidatos a la presidencia del PS, PPD y PDC y sus adherentes no han mostrado el mismo entusiasmo por compartir su visión para el país, para la coalición de gobierno y para sus propios partidos más allá del 2009.

 

En el PS los dos aspirantes a la presidencia insisten en disputar el mejor derecho para asegurar la lealtad socialista al gobierno de Bachelet. Como dos generales que se pelean por quién le tiene más cariño a la bandera, ni Escalona ni Allende se han preocupado de discutir qué quieren para el partido el 2009. El PS enfrenta el enorme desafío de buscar un tercer triunfo presidencial consecutivo. Para ello, deben transformar su magro 10% de votos en un caudal de apoyo ciudadano que les permita consolidarse como el gran partido de izquierda en un país que llevó a Lagos y Bachelet a La Moneda. Embriagados por un aumento de senadores y diputados, el PS se niega a aceptar que sólo uno de cada diez chilenos le confía su voto. El supuesto triunfo electoral del PS en diciembre del 2005 se debe más a los intrincados efectos de la ley electoral binominal que a una repentina popularidad del socialismo. Cuando deberían debatir sobre el socialismo del bicentenario, Escalona y Allende simplemente prometen algo que todo chileno razonable considera obligación moral del socialismo, lealtad con la presidenta socialista.  

 

En el PPD, la creciente tensión entre Bitar y Flores subraya lo que siempre constituyó a la vez la mayor fortaleza y la principal debilidad del PPD, su excesivo pragmatismo ideológico. En un país donde todos los partidos han adoptado similar pragmatismo, el PPD no tiene mucho con qué diferenciarse. Habiéndose adelantado a fines de los 80 al cambio que experimentó Chile a fines de los 90, la incapacidad del PPD para reinventarse lo ha convertido en una lamentable réplica del viejo Partido Radical. Lo que fue innovador y moderno hace casi 20 años hoy huele a añejo. Peor aún, porque el verdadero conflicto en el PPD es entre Guido Girardi y los que desean frenar sus aspiraciones presidenciales, la disputa entre Bitar (apoyado por Girardi) y Flores (apoyado por los que quieren parar a Girardi) ni siquiera permite a los militantes PPD decidir directamente sobre el futuro del partido. Al poner a correr a dos respetables políticos de carrera y ex amigos (ambos jóvenes ministros de Allende y senadores por Tarapacá), las tendencias pro y anti Guido Girardi del PPD usan una vieja estrategia de la guerra fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética peleaban en campos neutrales como Corea, Vietnam o incluso Chile.

 

En la DC, los competidores también carecen de diferencias ideológicas, pero se hacen cargo de viejas rencillas que han ido acumulando rencores con los años. Las cuentas pendientes y las venganzas por pasadas traiciones se suman a las descalificaciones actuales sobre quién puede encontrar el rumbo hacia el desaparecido paraíso de la Patria Joven de Frei Montalva. Sin querer entender que la DC apareció y se consolidó como alternativa capitalista a la amenaza comunista, los DC de hoy siguen soñando con construir un país comunitarista y colectivista que vaya a misa todos los domingos. Incomprensiblemente, Mulet se dedica a criticar el modelo que le dio al PDC, con Aylwin y Frei, los mejores 10 años en su historia. Más que discutir ideas de futuro, Alvear y Mulet disputan la oportunidad para liderar un partido que hace años viene en decadencia.

 

Estos últimos dieciséis años de gobiernos concertacionistas fueron los mejores en nuestra historia republicana. Pero ante un mundo que cambia demasiado rápido y constantemente produce nuevos desafíos, los modelos que sirvieron hace 15 años ya no funcionan hoy. A menos que se reinventen continuamente, las coaliciones en el poder caen presas de la desidia y de las fórmulas repetidas. Después de 20 años en el poder, la principal amenaza electoral para la Concertación el 2009 será su poca disposición a promover el cambio. La predominancia de cuchillos ensangrentados sobre ideas provocadoras en el proceso de recambio de los liderazgos partidistas de la Concertación es un pésimo augurio para el futuro electoral de la coalición centroizquierdista.