Perú: Entre la frustración y el odio

Patricio Navia

La Tercera, abril 10, 2006

 

Ollanta Humala logró anoche la primera mayoría relativa en la primera vuelta electoral, pero su estrecha victoria siembra dudas sobre quién sucederá a Alejandro Toledo. Humala sólo triunfará en la medida que logre convertir la segunda vuelta en una decisión entre el pasado fracasado de García y su futuro esperanzador, o entre el gobierno de los ricos de Flores y su gobierno para todos los peruanos.

 

Aunque discreparon sobre el fluctuante apoyo a los diversos candidatos, todas las encuestas pre-electorales mostraban inequívocamente la frustración de los peruanos. Pese a las saludables tasas de crecimiento, Perú no ha visto disminuir la pobreza ni ha avanzado en la reducción de las desigualdades.

 

Después de experimentar con el asistencialismo de Fujimori, y después de la decepción con el crecimiento económico saludable pero mal distribuido de Toledo, los peruanos estaban dispuestos a apoyar una propuesta incluyente y pacífica de cambio.

 

La frustración con los partidos políticos tradicionales constituía terreno fértil para una propuesta de cambio esperanzadora e incluyente. Aunque fueron decepcionados cuando depositaron su confianza en Toledo el 2001, la mayoría pobre de Perú aún espera un cambio. El tibio entusiasmo que generaron tanto la democracristiana Lourdes Flores como el socialdemócrata (APRA) Alan García subrayó la incapacidad de ambos de encarnar las demandas del pueblo. Ni Flores ni García mejoraron significativamente su votación de 2001. Si García sorprende y se queda con el segundo lugar, será mérito de un nuevo fracaso de Flores.

 

Aunque la demanda por cambio democrático, modernizante e incluyente era clara, el principal abanderado antisistema también confundió el camino. Con un discurso que caló hondo en la comprensible frustración mayoritaria, Humala desaprovechó la oportunidad de representar esa obstinada esperanza por inclusión en un Perú cuyos resultados económicos recientes permiten ver una tenue luz al final del túnel. Pero el "comandante" prefirió un discurso que privilegiaba el nacionalismo excluyente sobre el crecimiento con igualdad.

 

Porque la segunda vuelta representa una oportunidad para enmendar rumbo, la victoria será para el candidato que sepa leer que la dispersión de las preferencias electorales vista ayer representa también una advertencia a todos los candidatos en carrera.

 

Si Flores o García caen en el discurso de todos contra Ollanta, el "comandante" construirá su victoria a partir de la innegable frustración de la inmensa mayoría. Si el "comandante" insiste en un discurso de odio, Perú sumará inestabilidad política a la actual pobreza y exclusión social. Si entiende que el electorado quiere mantener lo bueno y cambiar lo malo, Humala puede hacer realidad un nacionalismo donde todos los peruanos sepan que el suyo es un país incluyente.