Opinión: El fantasma de 1990

Patricio Navia

Fecha edición: 07-04-2006

    

 

 

Pareciera que las elecciones en Perú siempre terminaran siendo entre el candidato antisistema que dice representar al pueblo marginado y el candidato de los partidos tradicionales. Mientras el outsider denuncia corrupción, desigualdad y marginación de la mayoría indígena y mestiza, el candidato de la "oligarquía" advierte que vendrá el fin de la democracia si gana el neófito populista.

 

Cuando en 1990 Mario Vargas Llosa era el candidato de la "oligarquía", Fujimori supo aprovechar la oportunidad para ser el "chino" que representaba mejor a los "cholos". En 2001, Toledo se convirtió en el "indio" que fue exitoso y podía hacer realidad los sueños de los marginados. Hoy Ollanta Humala es la alternativa popular frente a los representantes de un sistema excluyente. Si enfrenta a Alan García en segunda vuelta, Humala será el candidato del futuro (nacionalista y popular) frente a la memoria de un pasado fracaso. Si su contrincante es Lourdes Flores, Humala será el candidato de los pobres contra la abanderada de la "oligarquía".

 

De nada sirve que Humala provenga de la misma clase social que ha perpetuado la exclusión en Perú (los hermanos de Ollanta fueron compañeros de colegio privado con los hijos de Vargas Llosa) y que el modelo económico que predica sea una vía a una peor exclusión social.

 

Humala sabe que en el "Perú racista", el discurso del odio rinde inmejorables frutos electorales. La complicidad de una clase política irresponsable y de una "oligarquía" que se niega a incorporar a los sectores indígenas y mestizos mayoritarios hace que esta vieja fórmula, que antes llevó al autoritarismo de Fujimori y a la frivolidad de Toledo, vuelva a funcionar. Pero a diferencia del Fujimori, Humala es un ex militar. Y a diferencia del indígena Toledo, Humala nunca fue pobre. Si la historia se repite, el recuerdo de un Perú de exclusión que llevó al triunfo de Fujimori en 1990 tiene hoy también algo de farsa.