Luna de miel en la mano

Patricio Navia

La Tercera, marzo 20, 2006

 

Si bien goza de una popularidad que le permite tomarse más licencias que sus predecesores, la intuición política de Michelle Bachelet le ha permitido hacer crecer su abultado capital político desde que ganó la segunda vuelta presidencial. Si bien era predecible que su llegada al poder generaría entusiasmo, la forma en que Bachelet ha abordado su primera semana es un promisorio augurio. Aunque falta saber aún cómo fluirá la relación con los partidos, el Congreso y los medios, Bachelet cumple sus primeros días gozando de una luna de miel.

 

Sus nombramientos de ministros e intendentes lograron opacar una apurada y, en un par de casos, desprolija designación de gobernadores. Pero la reacción de su ministro de Interior permitió apagar el incendio provocado por el nombramiento en Cautín. Si bien Andrés Zaldívar debiera tomar nota e implementar un proceso más acucioso de revisión de antecedentes de los candidatos, su reacción justifica la decisión de Bachelet de mezclar caras nuevas con un par de experimentados jugadores en su gabinete. No obstante, la duda sobre el papel que jugarán los partidos al nombrar puestos de confianza continúa siendo un foco de conflicto. Aunque la Presidenta demostró independencia al mismo tiempo que consideración por los equilibrios partidistas que requiere todo gobierno de coalición, nadie anticipa que los partidos vayan a cejar en su intento de rayar la cancha. En la medida que reaccione con celeridad y transparencia a los conflictos que involucren a algunos militantes, Bachelet no pagará costos frente a la ciudadanía. Pero si cae en el juego de los acuerdos secretos y las concesiones, el costo ante la opinión pública lo pagará.

 

Porque tiene el timón del país frente a un mar caprichoso, Bachelet no puede anticipar, por ejemplo, en qué concluirá la disputa interna de la DC. Ya que su estrategia ha sido negociar con quien controle ese partido, una derrota de los colorines la obligará a negociar con una directiva que resiente el apoyo implícito que ha dado al estilo autoritario y temperamental de Adolfo Zaldívar. Aunque parecen avanzar por caudales menos conflictivos, las internas del PPD y PS pudieran también generar tensiones a este gobierno.

 

En la medida que las promesas de Bachelet se concreten en iniciativas de ley, la relación con los partidos oficialistas tendrá que ser más fluida y con más de una concesión. Si bien los legisladores no evidenciarán su descontento por haber sido ignorados a la hora de los nombramientos, Bachelet encontrará un Congreso menos disciplinado y más vociferante. Mientras más se demore en enviar sus iniciativas de ley, menos podrá aprovechar la enorme ventaja que le otorga su popularidad.

 

A diferencia de Lagos, Bachelet parece menos dispuesta a hablar cotidiana y directamente a los chilenos. Si bien su vocero ha hecho un buen trabajo, para Bachelet constituye un riesgo cultivar el mismo estilo distante y silencioso que terminó por dañar a Frei Ruiz-Tagle. Si bien resultaría equivocado pretender el mismo protagonismo y estilo de Lagos, debería explicar con sus palabras y su cercanía las prioridades de su gobierno. Con sus fortalezas, debilidades y distorsiones ideológicas, los medios constituyen la única vía para que los mandatarios se comuniquen con la gente. A menos que aprenda a usarlos y entienda que en una democracia los medios son independientes y críticos del gobierno, Bachelet terminará librando una batalla con los medios y se olvidará que los necesita para comunicarse con ese pueblo que la votó y que la apoya con entusiasmo.

 

Para no haberse preparado por decenas de años para ocupar La Moneda -hace seis años, cuando fue llamada a terminar con las colas en los consultorios en 90 días jamás se imaginó suceder a Lagos-Bachelet ha demostrado poseer una desarrollada intuición política. Por eso mismo, ahora que tiene la luna de miel en la mano, la Presidenta debe aprovechar de avanzar sus iniciativas porque el ensueño actual, inevitablemente, más temprano que tarde, se acabará.