La marcha de la nueva patria joven

Patricio Navia

La Tercera, enero 31, 2006

 

El gabinete anunciado por Michelle Bachelet representa una saludable combinación de continuidad y cambio. Al haber cumplido sus promesas de caras nuevas y de formar un gabinete paritario, Bachelet demuestra lo que vale su palabra de mujer. Aunque el gabinete refleja adecuadamente un balance numérico entre los diferentes partidos, Bachelet también se arriesgó al nombrar independientes.

 

Pero la selección de los 20 nombres para su primer gabinete—al que se deberían sumar dos personas más en Seguridad y Medio Ambiente en marzo—también evidencia algunas falencias. La ausencia de políticos de peso y experimentados del PS y el PPD en La Moneda permite anticipar que Andrés Zaldívar concentrará más poder que el que el tuvo Insulza en el sexenio Lagos. Porque Zaldívar ha demostrado ser un líder tan concertacionista como DC, su nombre no debería producir sospechas. Pero así como Bachelet pareció confiar en exceso en Adolfo Zaldívar durante la campaña de primera vuelta, la importancia que adquirirá su hermano Andrés Zaldívar en este cuatrienio hace pensar que el PS tendrá más presencia en La Moneda que control del próximo gobierno.

 

La presencia de Foxley en Cancillería y Velasco en Hacienda refleja la incuestionable influencia que sigue ejerciendo el grupo de economistas formados al alero de CIEPLAN en dictadura. Si Velasco se logra entender con Zaldívar, formarán una dupla más poderosa que la de Insulza e Eyzaguirre. Pero ya que el PS y el PPD inevitablemente resentirán la marginación, el gran desafío de Velasco será construir suficiente respaldo político para no ser el blanco del descontento partidista. Para eso, la colaboración con Foxley—el otro peso pesado en el gabinete además de Zaldívar—será fundamental.

 

Porque todo gobierno inevitablemente se enfrenta a conflictos de poder, resulta fácil anticipar que, debido a la poca experiencia partidista (e incluso política) de muchos de los recién nombrados, este primer gabinete tendrá importantes roces con los partidos de la Concertación. Es más, porque Bachelet privilegió caras nuevas con habilidades más técnicas que políticas, no debería resultar sorpresivo que se produzcan más errores y chambonadas en los primeros meses que los que acostumbran a ocurrir en cualquier nuevo gobierno.

 

La presencia de Lagos Weber en La Moneda garantiza lealtad con Lagos. Pero el nuevo vocero tendrá que usar sus habilidades de negociador para convertirse en actor político en el cuatrienio. Si a la vez estrecha lazos con su partido PPD, el hijo del presidente será la revelación del gabinete. Los desafíos de Paulina Veloso requieren más paciente voluntad que presencia mediática. En la medida que Bachelet haga más gestos al PS, Veloso no tendrá que cargar con el resentimiento de un partido que inevitablemente se sentirá como el gran perdedor en este primer gabinete.

 

Aunque el nombramiento de Zaldívar evidencia la importancia que siguen teniendo en el país los proyectos de reforma y revolución de la década de los 60—y las incuestionables credenciales del nuevo jefe de gabinete debieran tranquilizar a todos los partidos (incluida la oposición) por igual—el balance entre experiencia y caras nuevas logrado por Bachelet hace pensar que el suyo será un gobierno de cambios tanto de forma como de fondo. Si bien la falta de experiencia y de conocimiento de los aparatos de partidos tendrá costos, los aires de renovación y recambio que prometió Bachelet ya soplan en La Moneda.