La izquierda de Bachelet

Patricio Navia

Enero 29, 2006

 

Casi dos décadas después de que comenzó a implantarse el modelo en la región, el descontento con el neoliberalismo está pavimentando el camino al poder para la izquierda en América Latina. Aunque la renovada izquierda chilena hace rato está en el poder, su compromiso con el libre mercado, la globalización y un Estado pequeño pero musculoso la diferencian del discurso más combativo de sus pares regionales. Con muchas más ganas que propuestas, la izquierda latinoamericana vuelve al poder en momentos de desafíos complejos para las economías y las democracias de sus países.

 

Si bien Hugo Chávez se ha alzado como el líder izquierdista más popular en la región, su legitimidad se basa sólo en su retórica y en la disponibilidad de la gran cantidad de recursos que genera la producción petrolera. Pero como Venezuela hoy tiene un ingreso per cápita menor que cuando él asumió, Chávez no ha podido construir liderazgo desde dentro hacia fuera. Lagos, en cambio, ha logrado una creciente influencia regional debido precisamente a los frutos de su desempeño doméstico. Porque Chile hoy es indiscutiblemente mejor que cuando él asumió, la legitimidad de Lagos se construye desde dentro hacia fuera.

 

Pero al comienzo de su gestión -en buena medida por la presión de una inexperta Soledad Alvear para quedarse con la Cancillería- a Lagos le resultó difícil articular una política regional coherente y no pudo cosechar los mismos frutos en la región que los que obtuvo en Chile.

 

Aunque es respetado, Lagos no logró constituirse en un modelo a seguir por los nuevos líderes de la izquierda latinoamericana, y su hoja de ruta de crecimiento con igualdad no ha sido adoptada con entusiasmo por ninguno de sus pares.

 

Bachelet tiene ahora la oportunidad de convertirse en exitosa promotora de la nueva vía chilena al socialismo impulsada por Lagos. Si entiende que la política exterior no debe sacrificarse para lograr un balance entre los partidos de la Concertación o para satisfacer caprichos políticos, la Presidenta puede cumplir una de las tareas que el sexenio Lagos dejó pendientes.

 

Ella ha repetido que su gobierno cambiará el estilo respecto de Lagos, con quien no debe haber sido fácil para ninguno de sus pares lidiar. Ahora Bachelet podrá intentar desplegar ese mismo estilo -incluyente y participativo- a la relación que desarrolle con los otros presidentes de la región. Aunque sus políticas sean las mismas que intentó promover Lagos en América Latina, Bachelet pareciera tener mejores herramientas para lograr el objetivo.

 

Resulta contraproducente subrayar diferencias ideológicas con sus pares de izquierda, más aún cuando en rigor todavía no comienza a gobernar. Haciéndose cargo de eso, Bachelet ha sido hasta ahora extremadamente cuidadosa al referirse al giro a la izquierda que está experimentando la región.

 

Pero también constituiría un error no distinguir las diferencias entre la izquierda chilena (globalizante, amiga del mercado y de Estados Unidos) y la tendencia anti-globalización, anti-mercado y anti-Estados Unidos de buena parte de la izquierda regional.

 

Felizmente para la propia izquierda, Bachelet tiene una hoja de ruta diferente a la que promueve Chávez. Si logra impulsar su proyecto con un liderazgo no antagónico, tendrá más influencia en la región que Lagos.

 

De lo contrario, tendrá que optar entre el mismo aislamiento que tempranamente sufrió el actual Presidente y la contradicción de declararse parte de una izquierda que cree y promueve ideas muy distintas a las de la vía chilena al socialismo que Lagos implementó en Chile.