La Concertación contra Michelle

Patricio Navia

La Tercera, enero 22, 2006

 

A la vez que la presidenta electa insiste en sus promesas de un “gobierno paritario” y de “caras nuevas y experiencia”, desde los partidos de la Concertación emanan sólo rumores de nombres de experimentados líderes. Si bien Bachelet sabe que debe incorporar una saludable cuota de experiencia a su gobierno, su decisión de promover mujeres y caras nuevas encuentra resistencia en la Concertación. A menos que se ponga firme, los partidos harán imposible que el nuevo gabinete refleje la diversidad que ha prometido reiteradamente Bachelet.  

 

Chile ha avanzado por el sendero de la consolidación democrática y del crecimiento económico en buena medida gracias a la disciplina de la Concertación. De hecho, el triunfo de Bachelet no habría sido posible fuera de la Concertación. Por eso, si quisiera gobernar sin la Concertación, Bachelet tendría un cuatrienio para el olvido. Ahora bien, Bachelet es una militante socialista disciplinada y apegada a los proyectos colectivos desde su juventud. Su evidente respeto por el Presidente Lagos y su determinación de incorporar plenamente a las directivas de los 4 partidos concertacionistas a la campaña evidencian que ella es más afín a los partidos que su predecesor. Pero los partidos parecen menos interesados que Bachelet en introducir mayor diversidad en el gobierno. Ninguno incorporó iniciativas para aumentar significativamente el número de candidatas al parlamento. Entre los nombres que emergen desde los partidos como potenciales ministros hay pocas mujeres. Es verdad que los partidos han aprendido a mezclar experiencia y renovación en sus bancadas parlamentarias, pero todavía no parecen igualmente comprometidos a incorporar más mujeres. Es evidente, entonces, que se producirá una tensión entre el discurso de diversidad de la presidenta electa y la natural tendencia a la continuidad en el poder de los mismos líderes partidistas.

 

Sería un error para Bachelet simplemente imponer su voluntad a los partidos concertacionistas. Mucho más que vencer la resistencia partidista, Bachelet debe convencer a los partidos de la conveniencia de introducir mayor diversidad. Por primera vez desde el retorno de la democracia, la izquierda ha logrado penetrar decididamente el electorado de mujeres. Salvo Frei Ruiz-Tagle, la Concertación siempre obtuvo una votación sustancialmente menor entre mujeres que entre hombres. A su vez, los candidatos de derecha siempre obtuvieron más votos de mujeres. Pero Bachelet terminó con esa tendencia. Aunque en segunda vuelta obtuvo una ventaja superior a la que Lagos logró sobre Lavín seis años antes, Bachelet obtuvo menos votos entre los hombres (53,7%) que los que había logrado Lagos (54,3%).  Pero entre las mujeres, Bachelet logró una mejora sustancial (53,3%) respecto a Lagos (48,7%). Aunque no sabemos los motivos que llevaron a tantas mujeres a votar por Bachelet, si podemos anticipar que el discurso de inclusión e incorporación de más mujeres será una de los criterios que se utilicen para evaluar qué tanto vale la palabra de mujer de Bachelet.

 

Aunque su votación fue inferior a la suma de votos de los candidatos parlamentarios de la Concertación y del Juntos Podemos Más, Bachelet logró atraer votos históricamente reacios a apoyar a la coalición oficialista. Si logra convencer a los partidos de los enormes beneficios que implica capturar nuevos mercados electorales—y es capaz de minimizar el efecto negativo que produjo su condición de mujer entre muchos electores hombres y su condición de izquierdista entre algunos electores moderados—entonces el suyo será un gobierno que pasará a la historia no sólo por ser la primera mujer en La Moneda. Bachelet bien pudiera lograr dotar a la Concertación de un renovado caudal de votos el 2009. Pero para lograrlo, Bachelet debe tanto cumplir sus promesas como convencer a los partidos de la Concertación de la conveniencia electoral de abrir la cancha para incorporar muchas más mujeres y rostros de recambio.