Desplazando a Lagos y al laguismo

Patricio Navia

La Tercera, enero 16, 2006

 

Porque ahora ella es la única responsable del éxito de su cuatrienio, Bachelet debe demostrar independencia de su predecesor para comenzar a construir su propio legado como la primera Presidenta de Chile.

 

Debido a la popularidad de Ricardo Lagos y al innegable hecho de que el liderazgo de la nueva Presidenta jamás hubiera existido sin mediar el gobierno del actual Presidente, Bachelet inevitablemente siente una lealtad superior con su antecesor. Ya que Lagos se involucró activamente en la campaña de segunda vuelta -y dio luz verde para que el aparato de gobierno se abocara descaradamente a lograr el triunfo de Bachelet- la próxima Presidenta sabe que tiene una gran deuda.

 

Aunque siempre es inevitable que surjan tensiones entre los presidentes electos y los salientes, la determinación de Lagos de seguir siendo relevante hasta el último día de su mandato y su convicción de que él fue clave para esta victoria permite anticipar que esta transición presentará conflictos particularmente difíciles entre la vieja y nueva administración. Pero como se sabe potencial candidato el 2009, Lagos querrá que algunos de sus leales colaboradores tengan puestos de importancia en el próximo gobierno. Si bien sería razonable que Bachelet acomode a algunos reconocidos laguistas en su gobierno, su promesa de incorporar caras nuevas la obliga a ser excesivamente cauta a la hora de potenciarlos.

 

Peor aún, aunque esté agradecida del hombre que la catapultó a La Moneda, Bachelet necesita distanciarse de Lagos para poder construir un liderazgo propio. Como ella ha prometido un estilo diferente -aunque quiera implementar políticas similares a las que adoptó Lagos-, Bachelet necesitará cultivar un liderazgo cercano, opuesto al estilo autoritario de Lagos. Eso también añadirá inevitablemente más tensiones.

 

Pero porque ella llegó a La Moneda impulsada por la votación de mujeres -y Lagos fue Presidente pese a ser derrotado entre ellas-, Bachelet tiene una oportunidad de cultivar una legitimidad diferente a la que alcanzó Lagos. 

 

En los próximos días, Bachelet debe tomar la decisión más importante de su gobierno. Al nombrar a su gabinete y a personas en puestos clave de gobierno, enviará un mensaje claro sobre la dirección de su hoja de ruta. Si acepta las presiones de los partidos y abandona sus promesas de campaña (paridad de género y caras nuevas), perderá el apoyo entre esas mujeres que por primera vez se atrevieron a apoyar decididamente a la Concertación.

Aunque seguramente querrá alargar el sabor de la victoria por varios días más, Bachelet debe entender que mientras más demore sus nombramientos, más posibilidades tendrán los partidos y el laguismo de imponer sus propios nombres en el nuevo gobierno. Porque saben que la próxima carrera presidencial, la del 2009,  comienza el mismo día que se nombre el nuevo gobierno, los partidos impondrán una creciente presión sobre una Presidenta que carece de un plan para refundar a la Concertación. Así también Lagos -cuyas aspiraciones presidenciales para el 2009 serán motivo de constante especulación- tendrá la tentación de extender su liderazgo a través de sus hombres y mujeres cercanos en el nuevo gobierno.

 

Por eso, aunque la amenaza más importante que ella enfrenta hoy es la presión de los partidos de la Concertación que quieren restringir y limitar su campo de acción y sus opciones de nombramientos, la actitud que en los próximos días Bachelet tome hacia Lagos en la formación de los equipos de transición de gobierno constituirá la mejor señal sobre la voluntad -y capacidad- de la nueva Presidenta para construir un legado propio, independiente y diferente al de su predecesor y libre de las presiones sectoriales de los partidos concertacionistas.