¿Da el ancho?

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 17, 2005

 

Para ser Presidenta de Chile, Michelle Bachelet debe primero convencer a una mayoría de los chilenos que ella da el ancho para gobernar. Si en vez de demostrar sus cualidades y atributos ordenando a la Concertación, Bachelet opta por una guerra sucia contra Piñera, las rencillas y acusaciones mutuas en la Concertación pavimentarán el camino de la Alianza a La Moneda.

 

Aunque sus asesores lo intenten ocultar y sus estrategas diseñen planes para evitar que se discuta el tema, Bachelet no igualó la votación concertacionista el 11/D porque muchos chilenos que votaron por la coalición de gobierno dudan de las capacidades de la doctora socialista para dirigir al país. Aunque la Concertación efectivamente da gobernabilidad, las dudas abundan respecto a la candidata de la coalición de gobierno. De nada sirve subrayar los atributos y fortalezas de la Concertación ni los méritos y logros del Presidente Lagos. Si Bachelet no ganó fue porque el problema radica en su credibilidad personal.

 

Ahora bien, Bachelet consiguió el 46% de los votos y está sólo a 4% de ser la próxima Presidenta. Ya que ha demostrado su liderazgo y fortaleza en su vida personal e incluso en su trayectoria política, su desafío actual es perfectamente realizable. Basta con volver a ejercitar sus atributos que le permitieron posicionarse como la gran favorita en las encuestas el 2004. Pero porque lo suyo fue la capacidad de demostrar un liderazgo nuevo, más cercano y distinto al de los políticos tradicionales, no tiene sentido iniciar una guerra sucia contra Piñera. Las campañas negativas tienden a igualar hacia abajo. Y los chilenos no se compran la tesis de votar por el mal menor. Peor aún, mientras más se destaquen las debilidades de Piñera (en vez de subrayar las fortalezas de Bachelet), más se levantarán las sospechas de que los propios líderes de la Concertación no creen mucho en su candidata.

 

Felizmente para Bachelet, precisamente ahí está la llave que le permitirá demostrar a los chilenos que sí está capacitada para gobernar. Durante la primera semana de la campaña (son sólo cinco semanas), Bachelet ha sido testigo de cómo los líderes de sus partidos se trenzan en incomprensibles guerrillas de acusaciones y recriminaciones. El patético espectáculo de la DC supera todo récord. Las declaraciones desafortunadas, replicaciones agresivas, vacaciones inoportunas y una descarada lucha por el poder en un partido que hace tiempo perdió la brújula son la mejor oportunidad que podía tener Bachelet para demostrar su liderazgo.

 

En vez de refugiarse en el cobarde argumento de que ella tiene que negociar con la directiva del partido, Bachelet debería salir a poner orden en el mundo DC convocando ella a las personas que estime importantes para ganar la elección y acompañarla en su gobierno. Si acepta ser rehén de las directivas partidistas, entonces su período en La Moneda será un festival de amenazas y chantajes. Si en cambio da un golpe de timón para ordenar a la DC y a la Concertación, Bachelet silenciará a aquellos que se cuestionan si la doctora socialista da el ancho para ser Presidenta. Bachelet debe demostrar que, además de poseer atributos adicionales, ella también domina las loables fortalezas de los políticos tradicionales que saben liderar díscolos partidos.

 

La primera semana de campaña ha profundizado las dudas tanto sobre la gobernabilidad de la Concertación como sobre los atributos de Bachelet. Aunque todavía tiene la primera opción, el nerviosismo imperante en su comando y el triunfalismo en la Alianza indican que los vientos no soplan a favor de Bachelet. Por eso mismo, la oportunidad es ahora inmejorable para que la candidata demuestre su liderazgo ordenando a la coalición de gobierno -en especial a la balcanizada DC- y ganándose así, con decisiones políticas difíciles, pero responsables e inteligentes, su ingreso a La Moneda como la primera Presidenta de Chile.