Los votos de Lavín

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 17, 2005

 

Los votantes de Lavín decidirán en buena medida quién ganará. A menos que logre atraerlos todos, Piñera tendrá pocas opciones de ganar. Si logra que un número suficiente de los que apoyaron a Lavín la apoyen, Bachelet triunfará. La última encuesta del CEP otorgó a Bachelet un 45,6% de los votos válidos. Piñera recibió un 26,8%, Lavín un 23% y Hirsch un 4,6%. La exactitud del sondeo CEP permite usar sus datos para explorar la intención de voto en segunda vuelta de los votantes de Lavín, Hirsch, nulos y blancos. Bachelet se impondría en segunda vuelta con un 56,5% sobre un 43,5% de Piñera respecto a votos válidamente emitidos. Pero un 18% adicional optaría por votar nulo o blanco. Si la campaña que ya comenzó demuestra ser dinámica, muchos de los indecisos podrían optar por alguno de ellos dos.

 

En la encuesta CEP más de la mitad de los que votaron por Lavín (57,5%) indicaron su preferencia por Piñera en segunda vuelta. Un 23,3% dijo preferir a Bachelet. El otro 19,2% votaría blanco o anularía. Los votantes de Hirsch indicaron preferencias favorables a Bachelet en proporción inversamente similar (58% para Bachelet, 22,3% para Piñera). Pero además de haber ocurrido cuando no se sabía quién iba a pasar a segunda vuelta, la encuesta fue hecha cuando los dos candidatos de la Alianza se trenzaban en cotidianas descalificaciones. La actitud de Lavín, que ha demostrado liderazgo y solidaridad al apoyar a Piñera desde el primer minuto, bien pudiera inclinar mucho más a favor de Piñera la balanza de votos lavinistas.

 

Mientras la Concertación está sumida en un festival de recriminaciones, la Alianza ha mostrado que la mejor herramienta de disciplina es la cercanía al poder. Por eso, aunque resulta difícil, Piñera aspira a captar todo el voto que recibió Lavín. Mejor aún, Piñera también puede captar parte del voto por Hirsch (5,4%) y el de algunos de los 263 mil que votaron nulo o blanco. Si a eso le sumamos el hecho de 1,2 millón de inscritos (el 14,5% de todos los inscritos) no fueron a las urnas, la segunda vuelta no es para nada un mero trámite.

 

Pero Bachelet sigue teniendo la primera opción. Está a 4,05 puntos porcentuales de ganar la elección. Aunque Piñera se esmere en buscar el voto humanista cristiano (hablar de votantes moderados o de centro tendría más sentido y llegada en el electorado), la gente difícilmente cambia su voto entre primera y segunda vuelta. Los que ya votaron por Bachelet volverán a hacerlo, así como los moderados que ya votaron por Piñera no volverán a la Concertación. Pero la candidata concertacionista necesita que la gran mayoría de los electores de Hirsch la apoyen y que un número minoritario pero no trivial de los que apoyaron a Lavín la apoyen a ella para superar el 50% de los votos. Y durante la primera semana de campaña hizo poco para captar esos votos.

 

A diferencia de la dupla Piñera-Lavín, Bachelet no logró sumar el apoyo de Hirsch. Aunque muchos electores de Hirsch terminen apoyándola, mientras más votantes de la izquierda extraparlamentaria se queden en su casa o voten nulo, más votos necesitará Bachelet de aquellos que apoyaron a Lavín. Bachelet debería dedicar todo su tiempo a captar el apoyo de los que votaron por Lavín. La CEP nos dice que entre los que tenían la intención de votar por Lavín, más mujeres que hombres preferían a Bachelet sobre Piñera. Por eso la inclusión de Alvear a su campaña hubiera tenido sentido. Bachelet necesita amarrar esos votos de mujeres de clase media baja que apoyaron a Lavín. A su vez, los electores varones de clase media y media baja tenían más predisposición a votar por Piñera que por Bachelet. El desafío de ella es demostrar liderazgo y capacidad de gobernar para convencer a esos hombres.

 

La última CEP muestra que Bachelet parte con una ventaja razonable en la segunda vuelta. De mantenerse la capacidad de predicción de este sondeo, Bachelet debería ganar. Pero también prevé la oportunidad para que la campaña de la segunda vuelta modifique sustancialmente la intención de voto inicial de aquellos que optaron por Lavín o Hirsch, que anularon, votaron en blanco o se quedaron en casa. Por eso, mientras la derecha da señales de ordenamiento, las de desorden que envía la Concertación aumentan las hasta hace poco escuálidas opciones de Piñera.