¿Dónde van los votos de Lagos?

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 4, 2005

 

La caída de Michelle Bachelet en las encuestas se explica fundamentalmente por un aumento de Piñera entre los que aprueban la gestión del Presidente Lagos y los que ven con optimismo la situación económica del país. Porque la campaña de Bachelet privilegió por meses un discurso antimodelo y no supo aprovechar el legado de popularidad y buen gobierno de Lagos, Piñera ha logrado poner en duda lo que debió haber sido la más fácil de las victorias concertacionistas desde la recuperación de la democracia.

 

El Centro de Estudios Públicos por años ha realizado las encuestas metodológicamente más confiables y las únicas presenciales (no telefónicas) con cobertura nacional. El 2005, el CEP realizó tres encuestas (junio, septiembre y noviembre). Ya que los datos están públicamente disponibles, podemos analizar cuáles son las causas que explican la evolución negativa en la intención de voto por Bachelet y la mejora en la intención de voto por Piñera. Bachelet pasó de tener el 47,9% en junio a 39,4% en noviembre. Lavín bajó marginalmente del 21,9% al 18,8%. En cambio, Piñera mejoró de un 15,6% a un 22,5%. Los indecisos, blancos y nulos aumentaron de 12,9% a 16,3%.

 

¿Qué explica la caída de Bachelet y el aumento de Piñera y de los indecisos?

 

Más que cuestiones de género o clase social, la variable que mejor explica la bajada de Bachelet, el estancamiento de Lavín, la mejora de Piñera y el aumento de los indecisos es el nivel de aprobación de Lagos. Pese a que Lagos mejoró su aprobación de un 54,5% a un 58,9% entre junio y diciembre, la intención de voto por Bachelet bajó más de 10 puntos en ese mismo segmento (63,2 a 53,1%). Piñera mejoró su apoyo de 15,1% a 20,9% en ese grupo y los indecisos pasaron de 6,7% a 12,6%.

 

Pese a ser la candidata oficial, Bachelet no supo aprovechar la popularidad del Primer Mandatario. Aunque era importante que ella se distanciara de Lagos para fortalecer su propio liderazgo, el comando de Bachelet equivocó el camino al alejarse del legado de políticas económicas que exitosamente impulsó Lagos.

 

La intención de voto por Bachelet entre aquellos que tienen una visión neutra o positiva de la situación económica pasó de 53,2% a 45,2%, mientras que Piñera aumentó de 16,1% a 23,1% en ese grupo. El apoyo a Lavín bajó levemente de 17,5% a 15,1% en ese mismo segmento. Tanto Lavín como Bachelet privilegiaron un discurso crítico del modelo económico. Mientras Lavín adoptó un discurso populista antiempresarial más propio del venezolano Hugo Chávez que de un Chicago boy, Bachelet refrendó el discurso antimodelo emanado de la directiva de la Democracia Cristiana. Al rodearse de personas que insistían en modificar y corregir el modelo, Bachelet nunca insistió en que lo suyo sería profundizar y mejorar el modelo, no corregirlo. Piñera, en cambio, como empresario que ha cosechado una enorme fortuna gracias al modelo económico, se convirtió en el más claro defensor del continuismo laguista. Al intentar apropiarse del legado concertacionista, Piñera aprovechó la oportunidad que le brindó una campaña concertacionista donde figuraron autoflagelantes críticos de los mejores gobiernos que ha tenido Chile en su historia. Sin entender que ella misma era la mejor garantía de mayor inclusión y un paso en la dirección correcta en la lucha contra la discriminación y a favor de los marginados, Bachelet permitió que Piñera le robara el discurso de la saludable conducción económica y social concertacionista.

 

Aunque resulta improbable que a esta altura se logre evitar la segunda vuelta, Bachelet tiene una inmejorable carta de navegación para ganar. Al construir sobre los logros de tres gobiernos concertacionistas e incorporar caras nuevas y políticas sociales que alcancen a los que no se han podido subir al carro de la modernización y los éxitos económicos, Bachelet asegurará su llegada a La Moneda en marzo del 2006.

 

Un discurso positivo que busque mejorar -no corregir- el modelo le permitirá a Bachelet una holgada victoria si se ve obligada a competir otra vez.