Los errores de Michelle

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 19, 2005

 

Porque la candidatura de Bachelet emanó de su buen desempeño en las encuestas, la caída en su intención de voto en la encuesta CEP encendió todas las luces de emergencia. A menos que enmiende rumbo, su votación en primera vuelta estará por debajo de la de la Concertación en las parlamentarias.

 

Bachelet optó por privilegiar una campaña que combinaba mucha presencia ciudadana con el apoyo irrestricto de los partidos de la Concertación. Cuando dejó el gabinete, entendió que necesitaba usar su alta intención de voto para asegurar la aceptación de los partidos. Si bien el PS y PPD la vieron como la mejor carta para que uno de los suyos siguiera en La Moneda, el PDC dudó entre apoyar las aspiraciones de Alvear o abdicar a favor de Bachelet.

 

La decisión de Adolfo Zaldívar de desafiar a Alvear por la nominación DC reflejaba tanto sus infundadas aspiraciones presidenciales como su intención de debilitar a Alvear. Zaldívar aprovechó de introducir un discurso autoflagelante ("corregir el modelo") y corporativista ("ayudemos a las Pymes") al programa concertacionista. Aunque Alvear ganó la nominación de su partido, su candidatura fue saboteada por una directiva que nunca la aceptó. Alvear desistió de su candidatura, privando a la Concertación -y a la propia Bachelet- de la experiencia de una campaña y de unas primarias que legitimaran a Bachelet con votos y no sólo con encuestas. Luego, porque quería la lealtad del PDC, la socialista optó por incorporar a la directiva DC a su comando. Olvidó que Zaldívar y los suyos controlan el partido, pero Alvear, Frei y los disidentes son los que atraen los votos.

 

Nada justifica que Bachelet tenga una intención de voto de 39% cuando el Presidente Lagos tiene una aprobación de un 59%. Si la votación de 48% de Lagos en 1999 se explicó por la crisis económica, es incomprensible que en el mejor momento económico de Chile en esta década, Bachelet no saque más de la mitad de los votos. Peor aún, ya que se anticipa que la Concertación si lograra superar el 50% en la parlamentaria, la diferencia entre la votación de la Concertación y la que logre Bachelet se explicará por los errores en la campaña de la abanderada oficial. Es incomprensible que tenga hoy la misma intención de voto que tenía Lagos en la encuesta CEP de noviembre de 1999.

 

Aunque la encuesta CEP no debe ser vista como palabra sagrada y las encuestas tienen margen de error y ocasionalmente hay imprevistas distorsiones, sus sondeos son los más respetados por su acuciosidad metodológica y su transparencia. Además, históricamente el CEP ha entregado resultados que se acercan, mejor que nadie, a los resultados de la elección. Ahora bien, no ayuda a su credibilidad que algunos de sus investigadores formen parte del comando de Piñera. Peor, la transparencia de la encuesta CEP queda en entredicho después que Piñera comentó en un programa de TV los resultados la noche antes de que fueran hechos públicos.

 

Así y todo, el sondeo del CEP subraya lo que todo el país vio en el último debate presidencial. Bachelet no está pasando por su mejor momento. Aunque la abanderada oficial mejoró respecto a debates anteriores, evidencia debilidades. Su equivocada decisión de alejarse de Lagos (quien tampoco ayuda al insistir en privilegiar su liderazgo personal) y de no defender a brazo partido el legado concertacionista ha permitido que Piñera penetre un electorado que cree que el país va en la dirección correcta. Pese a ser uno de los empresarios más ricos del país y símbolo de la desigualdad, cuyas aspiraciones presidenciales responden en buena parte a un capricho personal, la agresiva candidatura de Piñera ha ganado fuerza en un sector que no se identifica con el discurso autoflagelante que domina la candidatura de Lavín y que ha penetrado en el comando de Bachelet. Aunque quiere mejorar la distribución de la riqueza, la mayoría no se identifica con el discurso que el país va en la dirección equivocada.

 

Bachelet debe enmendar rumbo y demostrar que posee liderazgo y sentido de orientación política. Su campaña debe incorporar a aquellos defensores del modelo comprometidos con más oportunidades para todos y mejores programas sociales para incorporar a los excluidos. Si lo hace, su victoria de enero estará asegurada, e incluso podrá sorprender con una mayoría absoluta el mismo 11 de diciembre.