Crece la incertidumbre

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 17, 2005

 

El segundo debate presidencial televisado fue un entusiasta intercambio de ideas y propuestas. Aunque abundaron las promesas imposibles -y el articulado discurso de Tomás Hirsch desnudó debilidades evidentes del modelo-, como suele ocurrir en debates no hubo un indiscutible ganador.

 

Ya que la gran duda radica en cuál de los dos pasará a segunda vuelta, la disputa más relevante fue entre Joaquín Lavín y  Sebastián Piñera. Mientras el primero se centró en el voto duro y se basó en su apoyo dentro del mundo popular para demandar el mejor derecho a salir segundo, Piñera intentó ganar adeptos entre los moderados. Porque Michelle Bachelet no ha logrado convencer a todos los que apoyan la gestión del Presidente Ricardo Lagos, Piñera buscó el voto concertacionista. Mientras más éxito tenga Piñera en ese empeño, más inevitable se hace la segunda vuelta y más crece la incertidumbre sobre el resultado definitivo de enero.

 

Si Bachelet llega a La Moneda será a pesar de su desempeño en los debates. La candidata de la Concertación se vio más relajada que en debates anteriores, pero como todos los candidatos mejoraron, y ya que los periodistas supieron sorprender con algunas preguntas, Bachelet volvió a dejar en evidencia sus debilidades en este tipo de foros. Pero a menos que logre recuperar el entusiasmo inicial de su campaña, Bachelet quedará peligrosamente distante del 50% el 11 de diciembre.

 

Cuando ningún candidato domina, el que va ganando se lleva la victoria. Porque nadie supo aprovechar las ocasiones para descollar, Piñera terminó siendo el más fortalecido.