Espectáculo sin gol

Patricio Navia

La Tercera, octubre 20, 2005

 

El primer debate presidencial de la temporada desnudó las fortalezas y debilidades de los cuatro contendientes. Pero ya que no hubo ningún ganador claro, Michelle Bachelet salvó bien uno de los últimos obstáculos que le quedan para llegar a La Moneda.

 

Tomás Hirsch provocó una grata sorpresa. Aunque extremó su discurso (acusó a Bush de terrorista), sus intervenciones demostraron que él bien pudiera provocar una segunda vuelta. Si Hirsch logra entusiasmar suficientes desencantados concertacionistas, Bachelet perderá valiosos votos de la izquierda.

 

Aunque indirectamente se criticaron, Piñera y Lavín mostraron un respeto mutuo inusual, considerando que compiten por el mismo electorado.

 

El discurso anti-Lagos de Lavín buscó afirmar su apoyo en el electorado duro de derecha, pero también evidenció su principal debilidad. Lavín no ha podido sacarse de la cabeza la elección de 1999. En un país que quiere mirar hacia adelante, Lavín insiste en recordarnos que casi ganó hace seis años. Al usar las mismas herramientas comunicacionales de antes, e insistir en ideas descabelladas (la cárcel isla), Lavín olvidó que su fortaleza radicaba en que podía hacer soñar a Chile con un futuro mejor. Al privilegiar su discurso anti-delincuencia y realizar ofertones de empleo, Lavín irreflexivamente invitó a la opinión pública a imaginar que una presidencia suya sería muy parecida a su descolorida gestión como alcalde de Santiago.

 

Sebastián Piñera, gran orador y privilegiado comunicador, tuvo toda la entusiasta visión del futuro que faltó en Lavín. Pero al abusar de los adjetivos, y al insistir en que sus orígenes son tan de clase media (su padre fue embajador de Chile en la ONU y Sebastián fue a uno de los colegios privados más influyentes del país), Piñera olvidó que además de un ejemplar gerente, los chilenos quieren un Presidente que sea también protector y sepa simpatizar con sus problemas.

 

Al reconocer que toda su vida se ha estado preparando para la Presidencia, Piñera dejó en claro que La Moneda es esencialmente una nueva ambición personal en su carrera. Las críticas a la concentración del poder económico inevitablemente suenan poco creíbles cuando las hace uno de los hombres más ricos y más beneficiado con la prosperidad de la era concertacionista.

 

Michelle Bachelet mejoró sustancialmente respecto de su desempeño en el debate de abril. Aunque se vio nerviosa, supo contestar bien todas las preguntas. Cuando las entrevistadoras llevaron a los candidatos al terreno personal, Bachelet habló desde el corazón, y se notó. Es más, fue capaz de convertir sus débiles respuestas de la primera parte en evidencia de su principal fortaleza. Su "no los voy a defraudar" fue la frase más creíble del debate.

 

Aunque subsisten los temores sobre su desempeño debatiendo que parecen tener en su comando, a la hora de hablar desde el corazón, Bachelet se lleva todas las palmas. En este primer debate presidencial, el espectáculo fue bueno. Pero ya que faltó el gol, el empate favorece a la que va primero.