Entrevista de trabajo

Patricio Navia

La Tercera, octubre 16, 2005

 

Porque se han dedicado más a hacerse daño mutuamente que a competir con Michelle Bachelet, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera le han entregado la Presidencia en bandeja de plata a la candidata de la Concertación. Ya que los debates nunca producen victorias holgadas para ninguno de los participantes, los dos contrincantes de derecha saldrán inevitablemente frustrados de esta primera cita televisiva. Desesperados por anotarse puntos, Lavín y Piñera se sacan mutuamente sus trapos al sol subrayando la falta de gobernabilidad del sector. Además, sabemos que la mayoría de los que ya decidieron su voto no son influenciados decisivamente por los debates. La mayoría de los que observen el foro dirán que su candidato predilecto ganó, independientemente de qué tan bien haya contestado las preguntas. Los indecisos, a su vez, escogen basados más en las percepciones generales sobre los candidatos que en el contenido de las respuestas. Peor aún, porque la gran mayoría de los chilenos ya decidió su voto, la audiencia de este debate tendrá pocos indecisos.

 

Por su parte, Bachelet enfrenta el debate en inmejorable posición. Si bien apareció nerviosa en su primer foro frente a Soledad Alvear en abril, Bachelet tiene ahora varios meses más de campaña en el cuerpo. Ya ha aprendido a transmitir por televisión la misma cercanía que demuestra en persona. La doctora podrá demostrar sin demasiado esfuerzo que es tan simpática, preparada, honesta y sincera como cree el electorado. Es más, porque el formato no permitirá entrar en demasiados detalles, todos los candidatos tendrán un buen desempeño. Por eso, una estrategia inteligentemente defensiva bastaría para sortear uno de los únicos escollos que quedan entre las aspiraciones presidenciales de Bachelet y una entrada triunfal a La Moneda.

 

Pero mucha gente observará este debate más bien como una entrevista de trabajo para la persona con más posibilidades de obtener el puesto. Bachelet se sabe favorita, pero debe aprovechar el debate para tranquilizar a los inseguros y disipar las dudas de otros. Su desempeño el miércoles dependerá de si logra convencer a muchos de los que hoy dudan de sus habilidades y capacidades, independientemente de cómo voten. Si responde adecuadamente a los cuestionamientos que persisten entre sectores económicamente influyentes y políticamente poderosos, Bachelet habrá logrado combinar su amplio favoritismo en las encuestas con una incuestionable aceptación entre los sectores más influyentes del país. En Chile nadie puede llegar a La Moneda sin los votos de la mayoría, pero nadie puede gobernar sin la aceptación de los poderes fácticos. Bachelet puede aprovechar el debate para demostrar que es tan hábil para captar apoyo electoral como para tranquilizar a los que dudan de las capacidades de una mujer sin demasiada experiencia en el gobierno y sin demasiadas conexiones entre la poderosa elite del país.

 

En su tarea por convencer a los influyentes, Bachelet no debiera olvidar que su principal fortaleza es saber comunicar sus emociones, sentimientos y objetivos con facilidad y simpleza. Al buscar tranquilizar a las elites, no debería perder la capacidad de hablarles a los chilenos de la calle. Si lo logra, sumará una ventaja adicional para su evidente favoritismo. En el debate, Bachelet no sólo puede confirmar su apoyo entre sus adherentes. También puede lograr que una amplia mayoría del país -incluidos aquellos que no votarán por ella- esperen con tranquilidad, e incluso entusiasmo, el día en que los chilenos voten por primera vez para que una mujer ocupe La Moneda.