Bachelet y la DC

Patricio Navia

La Tercera, Julio 17, 2005

 

Ya que no hay peor contraparte en una negociación que aquel que no tiene nada que perder, Michelle Bachelet debe ser cuidadosa en la forma en que incorpora al PDC a su campaña. Aunque resulta innecesario para ella -y para los partidos que ya la apoyan- ceder a todas las peticiones de la DC, también es peligroso que ella ignore que la DC está profundamente herida en su orgullo. En la medida en que logre demostrar que tanta habilidad para encantar a las elites concertacionistas como ha demostrado para ganarse el apoyo popular, su liderazgo en las encuestas se traducirá también en incuestionable adhesión de los poderes fácticos de la coalición de gobierno.

 

Bachelet es candidata porque su popularidad en las encuestas la hizo imbatible. Después de inducir la bajada de varios aspirantes en el PPD y el PS, su evaluación en las encuestas ha mejorado y, siguiendo el pronóstico de la reciente encuesta CEP, un 44% ya tiene decidido votar por ella. Pero la misma encuesta refleja que la mayor debilidad de Bachelet está entre las personas de más ingresos. Su desafío hoy es lograr acercarse también a esa elite y convencerlos con la misma energía que ya ha usado para convencer a casi una mayoría absoluta del electorado.

 

Los problemas de Adolfo

 

Por su parte, la DC es un partido en problemas. Después que Adolfo Zaldívar tomara la presidencia el 2002, distanciándose del gobierno de Lagos y prometiendo recuperar el liderazgo con candidato presidencial propio, la DC quiso ceder a la tentación del camino propio. Pero como Zaldívar no puso los intereses de su partido delante de sus (infundadas) aspiraciones personales, la DC se quedó sin candidato presidencial propio y, peor aún, alejada de los beneficios que conlleva la lealtad con el popular Lagos. Hoy, cuando las encuestas muestran a la DC debilitada, y cuando el mismo partido anticipa una nueva caída en su número de senadores y diputados, la fugaz sensación de victoria forzosamente deducida de su desempeño en las municipales del 2004 (cuando mejoró respecto de las parlamentarias del 2001 pero empeoró respecto a las municipales del 2000) se ha transformado en una profunda decepción y confusión. La DC no sabe qué hacer.

 

La indecisión del partido para confirmar su apoyo a Bachelet responde a esa confusión. Aunque es evidente que mientras más se demore menos valor tendrá la proclamación, la DC se ha resistido a aceptar que la estrategia de Zaldívar falló. Porque las encuestas muestran poca disposición del electorado a apoyar a la DC y porque la popularidad de Bachelet inevitablemente terminará beneficiando a candidatos PS y PPD (así como la popularidad de Frei en 1993 benefició a candidatos DC), la DC está comprensiblemente preocupada de la negociación parlamentaria. A menos que se diseñe una lista de candidatos que permita a la DC lograr seis de 10 senadores y no menos de 20 diputados (en 60 distritos), la DC sufrirá una significativa merma de escaños en su ya alicaída representación parlamentaria.

 

Por eso, aunque resulte impresentable y profundamente irrespetuoso de la voluntad de los electores, la DC quiere blindajes (distritos seguros para sus candidatos). Como fracasó la estrategia de supeditar la proclamación de Bachelet a un acuerdo parlamentario favorable (la última encuesta CEP dejó en claro lo poco relevante de la proclamación DC), el PDC se ha quedado sin herramientas de negociación. Pero como es demasiado tarde para corregir rumbo, Zaldívar elaborará un argumento desesperado, pero no del todo improbable. La DC puede no tener suficiente fuerza para escoger un presidente, pero tiene suficiente influencia para evitar que Bachelet gane. Si la DC no trabaja por Bachelet hará más difícil (aunque no imposible) una victoria. Si la estrategia falla, la DC desaparece. Pero si la estrategia funciona (o Bachelet la cree), la DC minimiza las pérdidas.

 

Aunque la estrategia sea repudiada por sus socios concertacionistas, un partido herido en su orgullo, electoralmente vulnerable y sin sentido de misión constituye una amenaza para la coalición de gobierno. Es cierto que la popularidad de Bachelet supera ampliamente la de la Concertación. También es verdad que ella ha logrado captar la mayor parte del apoyo que tenía Alvear, y no deja de ser impresionante el apuro que tienen los candidatos DC para tomarse fotos junto a Bachelet. Pero lo cierto es que la DC todavía ejerce una notable influencia en una parte menor, pero significativa del electorado. A menos que Bachelet logre un acuerdo que logre reducir las pérdidas electorales que se anticipan para la Falange.

 

Porque se ha beneficiado de la caída de popularidad de Lavín, Bachelet entiende que no debe cometer los mismos errores que el abanderado UDI. Ya que Lavín comenzó su declinar cuando fracasó en su intento de negociar un pacto entre una UDI demasiado ambiciosa y un RN herido en su orgullo, Bachelet debe evitar cometer el mismo error. Mejor aún, al incorporar exitosamente al PDC a su comando, a través de un acuerdo parlamentario justo y razonable, logrará consolidar su popularidad en el único grupo socioeconómico que aún parece tener algunas dudas sobre su liderazgo.