Rompiendo el cordón umbilical

Patricio Navia

La Tercera, Julio 10, 2005

 

Nueve meses después de dejar el gabinete, Michelle Bachelet ha comenzado a romper el cordón umbilical que unía su carrera política al gobierno de Ricardo Lagos. En la medida que logre demostrar independencia sin enemistarse con el Mandatario saliente, no sólo logrará acallar los rumores sobre su inexperiencia política, sino también inducir al Presidente a tomar un papel secundario en la política cotidiana.

 

Parcialmente, Bachelet le debe su carrera política a Ricardo Lagos. Después de nombrarla ministra de Salud en su primer gabinete, Lagos la convirtió en aspirante presidencial al nombrarla en Defensa el 2002. A diferencia de Frei Ruiz-Tagle y del propio Lagos, Bachelet no tenía aspiraciones presidenciales propias antes de su debut en el gabinete. Por eso, de todos los presidentes chilenos en los últimos 50 años Lagos es el único que se puede jactar de haber tenido un peso decisivo en determinar el nombre de su potencial sucesora.

 

Pero Bachelet no fue la única mujer en el primer gabinete de Lagos. Fue más bien porque supo aprovechar bien sus oportunidades, que impuso su nombre como abanderada oficial. Lo hizo superando su inexperiencia, que le ha jugado malas pasadas, y también imponiéndose a los grandes favoritos. Por eso, cuando la coyuntura la ha obligado a marcar distancia de Lagos y a demostrar que tiene sus propios planes para La Moneda, Bachelet ha comenzado a separar aguas con su más importante mentor político.

 

Esa decisión no deja indiferente al Presidente. Aunque nunca es fácil dejar el poder, Lagos ha sido un Presidente excesivamente preocupado de la cotidianeidad. Experto en todos los temas de gobierno, ha sido desde vocero hasta ministro de Relaciones Exteriores. Para quien llegó al poder hablando del Chile del bicentenario, resulta difícil aceptar que sólo le quedan 8 meses en La Moneda. Peor aún, dado que quiere gobernar hasta el último día, la dinámica electoral (que lleva a la opinión pública a estar más preocupada de los candidatos que de las iniciativas del Mandatario) le produce comprensible frustración. Por eso, la decisión de Bachelet de marcar diferencias con Lagos es un paso necesario, pero sin duda riesgoso.

 

Lagos tiene una enorme popularidad y su liderazgo es justamente reconocido. Resulta una apuesta segura para Bachelet decir que ella pone las manos al fuego por la probidad y honestidad de Lagos. Pero en la medida que ella subraye sus diferencias, aumenta la posibilidad de que Lagos se sienta dolido. Ya que el Presidente no trepida en improvisar opiniones, cualquier declaración de Bachelet pudiera generar una reacción negativa de Lagos. Porque a Lagos lo traiciona su carácter, Bachelet debiese, por prudencia, ser cuidadosa en la forma en que se distancie del Presidente. Si bien hasta ahora ha insistido en que ella quiere avanzar por el mismo camino y construir sobre los avances de los gobiernos concertacionistas anteriores, inevitablemente tendrá que sugerir propuestas que sean interpretadas como correcciones de rumbo respecto de algunas políticas de Lagos. Si Bachelet no logra marcar diferencias con Lagos sin ofenderlo, las tensiones entre el comando y La Moneda inevitablemente terminarán con Lagos criticando veladamente algunas propuestas de la candidata.

 

Es cierto que la mejor estrategia del Presidente hoy es apoyar decididamente a Bachelet. El legado de Lagos no podría tener mejor coronación que la entrega de la banda presidencial a una mujer de su coalición. Pero en sus años en La Moneda, el Presidente ha demostrado que ocasionalmente su personalidad intempestiva lo hace abandonar sus mejores estrategias.

 

Porque Lagos sigue siendo sumamente popular y porque Bachelet, de cualquier forma, necesita diferenciarse del Presidente saliente, la primera gran prueba del liderazgo político de la abanderada de la Concertación será precisamente su habilidad para romper el cordón umbilical con la Moneda sin provocar demasiados traumas al Presidente saliente.