Un débil triunvirato

Patricio Navia

La Tercera, julio 3, 2005

 

La evolución de la polémica sobre los contratos con empresas públicas de líderes de la Concertación y de cercanos al Presidente Lagos deja en evidencia la incompetencia del nuevo triunvirato político de La Moneda.

 

Indudablemente, la debilidad de Lavín en las encuestas y la irrupción de Piñera como candidato presidencial han llevado a la UDI a endurecer su discurso contra el gobierno de Lagos. Anticipando que Bachelet ganará las presidenciales, la UDI ha optado por minimizar pérdidas. Para mantenerse como partido hegemónico de la derecha, la UDI ha optado por un discurso confrontacional. Como la Concertación teme más a Piñera que a Lavín, el oficialismo colabora con esa estrategia. En tanto vuelva a la lógica del plebiscito de 1988, la opción de derecha liberal de Piñera se desvanece.

 

Ahora bien, más allá de lo impresentable que resulta la filtración de información sobre tratos privilegiados a cercanos a Lagos y a miembros de la elite concertacionista, la reacción de La Moneda evidencia las debilidades del nuevo equipo político. Cuando había que controlar el incendio y minimizar la polémica, La Moneda optó por echarle gasolina al fuego. Incluso si la estrategia fue premeditada para entusiasmar a los concertacionistas con su mito fundacional (la oposición a la dictadura), la forma en que se llevó a cabo desnudó al gabinete político más vulnerable que ha ocupado La Moneda desde 1990.

 

Después de un mes en sus puestos, el trío de Vidal, Puccio y Dockendorff ha demostrado gran capacidad para cometer errores no forzados y para complicar situaciones perfectamente manejables. El recién estrenado vocero Puccio ha dedicado más tiempo a dar (insatisfactorias) explicaciones por sus asesorías a Codelco que a promover las iniciativas de gobierno. El ministro del Interior Vidal se ha refugiado en lo que mejor hace, la vocería, después de haber cometido infantiles errores en redefinir las prioridades de la agenda legislativa (su sorpresivo apoyo a la iniciativa anti-crimen 'la tercera es la vencida' fue el peor, pero no el único, de sus desaciertos). El ministro de la Presidencia Dockendorf parecía destinado a convertirse en el articulador principal de La Moneda hasta que bajo su supervisión la Cámara, con mayoría concertacionista, creó una comisión investigadora del escándalo -ahora ya casi olvidado-que involucraba licitaciones del MOP a una empresa de un cuñado y un amigo del Presidente.

 

Los errores del triunvirato han obligado a Lagos -cuya predilección por las cámaras y los micrófonos es ampliamente reconocida- a asumir la vocería de facto de su gobierno. Pero cuando los cuestionamientos son a su familia y amigos, la decisión de asumir la vocería inevitablemente obliga a Lagos a articular una defensa personal basada en el honor de sus parientes y no en la fortaleza de las instituciones.

 

Aunque el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, se ha convertido en los hechos en el verdadero jefe de gabinete, la ausencia de José Miguel Insulza se hace evidente.

 

Ninguno de estos desórdenes se habrían producido de haber estado él en control de La Moneda. Por eso, comprensiblemente, han aparecido muchos nostálgicos del pánzer. Pero el gobierno se debe sustentar en instituciones, no en personas. Por cierto, si Insulza se hubiese ido antes, el nuevo equipo habría tenido más tiempo para afirmarse y el propio Presidente habría tenido la oportunidad de hacer los necesarios ajustes.

 

Ahora que ya se inició la campaña, los costos de reemplazar al gabinete político son superiores a los de mantener a un triunvirato débil. Por eso, aunque sigan cometiendo errores, este equipo político seguramente acompañará a un cada vez más vociferante- pero también menos influyente- Presidente Lagos hasta el final de su mandato.

 

Aunque esperaba terminar ordenadamente su sexenio, el nuevo equipo político de La Moneda obligará a Lagos a seguir inmiscuido en la política coyuntural hasta el último día de su período.