El pato mudo

Patricio Navia

La Tercera, Julio 2, 2005

 

La campaña de la UDI por denunciar prácticas éticamente cuestionables en empresas públicas refleja tanto la difícil situación de ese sector como la obsesión del Presidente Ricardo Lagos de mantenerse en primera línea hasta el final de su gobierno. Pero más que dedicarse a responder a las provocaciones de la UDI, Lagos debiera entender que su principal objetivo es entregarle la banda presidencial a Michelle Bachelet.

 

Ya que su candidato languidece en las encuestas, la UDI se ha volcado a atacar  indirectamente a Bachelet a través de cuestionamientos al gobierno de Lagos y a los 16 años de mandato concertacionista. Como resulta contraproducente criticarla directamente, la UDI intenta debilitar el enorme capital político que constituye ser la favorita de un popular Presidente en un buen momento económico. Pero aunque critican a Lagos y a la Concertación, el objetivo final de la UDI es debilitar a Bachelet. No tiene sentido atacar tan ferozmente a un Mandatario al final de su período.

 

Ahora bien, en varias oportunidades, Lagos ha rechazado la existencia del síndrome del pato cojo, que afecta a los mandatarios al finalizar su gestión. Pero aunque ha dejado en claro que intenta hacer uso de sus atribuciones y poderes hasta su último día, la ratificación de Bachelet como abanderada oficial inevitablemente ha llevado a que el centro del poder político oficial se mude al comando de la candidata. Como un nuevo sol que opaca al que se oculta en el horizonte, la ex ministra de Salud y Defensa inevitablemente acapara más la atención de la prensa y la lealtad concertacionista.

 

En sus años en La Moneda, Lagos ha tenido momentos brillantes. Su liderazgo y visión le han permitido ponerse a la altura de los mandatarios más importantes en la historia nacional. Pero cuando Lagos lleva los enfrentamientos políticos al plano personal deja en evidencia su principal debilidad. Bajándose del pedestal de hombre de Estado, se inmiscuye en las cotidianas disputas por los titulares de los medios. Peor aún, cuando sus familiares o amigos más cercanos han sido cuestionados, el Presidente no ha podido demostrar la brillantez y altura de miras que ha evidenciado en otros momentos. Como si las instituciones no funcionaran cuando son cuestionados los miembros del círculo íntimo, Lagos ha sentido la necesidad de salir en la defensa de sus familiares y amigos cercanos cuando la oposición se ha abocado a cuestionarlos.

 

Ahora que se acerca el fin de su sexenio, la costumbre del Mandatario de entrar al ruedo político cada vez que es cuestionado su círculo íntimo representa un desafío complejo. Aunque siempre es mejor no tener familiares en puestos de confianza para no ceder a la tentación de convertir la política en algo personal (y familiar), la inevitable sensación de abandono que sufren los presidentes salientes a menudo los lleva a buscar refugio en sus amigos y sus familiares. Cuando ve que casi todos los concertacionistas buscan forjarse espacios en el comando de Bachelet, Lagos entiende que su influencia y poder desaparecen. Por eso, confía cada día más en amigos y familiares, los únicos que no lo abandonarán. El Jefe de Estado se siente obligado a demostrarles lealtad. Los nombramientos en su último gabinete y otros puestos de confianza reflejan el agradecimiento de Lagos y su convicción de que al final de su período sólo puede confiar en su círculo cercano.

 

Aunque nunca es fácil dejar el poder, el Presidente ha tenido más problemas que sus antecesores para hacerse a un lado y dejar espacio a la abanderada de su coalición. Porque la UDI ha cuestionado a su familia, Lagos se ha metido de lleno en la polémica sobre contratos de concertacionistas con empresas públicas. Y aunque la polémica ha permitido a Bachelet ponerse por sobre la disputa gobierno-UDI, el liderazgo de Lagos inevitablemente opaca la figura más cercana, cordial pero también menos experimentada de la ex ministra. Se bien ella se beneficia al no ser víctima del fuego UDI, la inevitable comparación con Lagos subraya sus debilidades. Bachelet no es Lagos, y mientras más se esmere Lagos en seguir brillando hasta el final, más probable será que la opaque.

 

Ahora que la UDI ha querido debilitar a Bachelet atacándolo a él, Lagos debe entender que su mejor estrategia es trabajar para fortalecer a su candidata. Mientras más trabaje para la candidatura de Bachelet, mejor posición tendrá de proteger a su círculo íntimo. Porque su poder se acaba y el de Bachelet se consolida, Lagos debe entender que la mejor forma de evitar ser pato cojo y quedar vulnerable a los ataques de la derecha es empezar a ser un pato mudo que deje de brillar.