El más DC de todos

Patricio Navia

La Tercera, junio 4, 2005

 

Aunque todavía no sabemos si su maniobra de asimilarse a la Democracia Cristiana sea el mejor camino para subir en las encuestas, la estrategia de centrismo que ha adoptado Sebastián Piñera se ha convertido en la mejor herramienta de negociación del PDC. Independientemente de si logra superar a Lavín en los sondeos (y eventualmente dejarlo fuera de una segunda vuelta presidencial), Piñera ha adoptado una estrategia que puso a la Democracia Cristiana en la mejor posición negociadora posible en la Concertación.

 

Desde que Michelle Bachelet se convirtió en la abanderada concertacionista favorita, la DC se vio en una situación muy difícil. Ya que ese partido defiende 24 escaños en la Cámara y 10 de sus 12 en el Senado, la competencia total al interior de la Concertación constituye una amenaza mayor para la DC. Dada la popularidad de Bachelet y el enorme apoyo al Presidente Ricardo Lagos (en contraposición a quien Adolfo Zaldívar intentó construir su liderazgo desde el 2002), la Democracia Cristiana llevaba todas las de perder si había primarias presidenciales y competencia abierta en la lista parlamentaria de la Concertación. La incapacidad de Alvear de subir en las encuestas -esfuerzo al que contribuyó la obstinación de Zaldívar por buscar la nominación presidencial de su partido en enero- terminó por empeorar aún más la posición negociadora de la DC. Hasta hace poco, la Democracia Cristiana se preparaba para una gigantesca derrota electoral en las primarias de la Concertación y en diciembre.

 

Pero el ingreso de Piñera mejoró la posición de negociación de la DC. Si bien Soledad Alvear no constituía una amenaza, una posible fuga de votos moderados hacia Piñera sí representa un peligro real para Bachelet. Mientras más se fortalezca Piñera, más riesgo corre Bachelet de tener que enfrentar al único candidato de derecha que, al menos hoy, podría derrotarla. Piñera es la mejor vacuna para la inevitable, pero políticamente irresponsable, sensación de victoria asegurada que continuamente se apodera del PS-PPD. Cualquier intento por humillar e imponer condiciones demasiado adversas a la Democracia Cristiana en la lista parlamentaria enfrenta ahora la más creíble de las amenazas. Bachelet ahora tiene que trabajar muy firme para asegurarse el voto de centro. A su vez, Zaldívar se dedicará a resaltar la amenaza electoral que representa Piñera. Naturalmente, la DC también tendrá que esforzarse por evitar que el exitoso empresario crezca demasiado. Si Piñera logra penetrar en el electorado moderado, Zaldívar no podrá argumentar que la mejor forma de fortalecer a Bachelet es ofreciendo regalías y privilegios a la DC en la lista parlamentaria de la Concertación. Piñera es hoy el mejor aliado que puede tener el partido, pero a menos que la Democracia Cristiana contribuya a que Bachelet se consolide como la candidata más aceptada por el electorado moderado y de centro (que, contrario a los esfuerzos de la Falange, no son sinónimos de electorado DC), el candidato de RN se convertirá también en el verdugo del partido del que dice ser tan cercano.

 

Por cierto, pese a los esfuerzos de Bachelet por frenar la intensidad de la carrera ya desatada, abunda la evidencia de que ésta será la campaña presidencial más larga e intensa desde el retorno de la democracia. La frustración con el temprano inicio del proceso alcanza incluso a Lagos. Sus arrebatos de enojo público se han hecho más repetidos. Sus largas apariciones en programas en vivo de televisión dejan en claro que todos los jefes de Estado son susceptibles al mismo síndrome de sobreexposición pública que aqueja a otros mandatarios de América Latina. Aunque es comprensible que quiera defender los logros de su gobierno, Lagos debe entender que su principal tarea pendiente es allanar el camino para la victoria de la Concertación. A menos que le entregue la banda presidencial a Bachelet, el enorme capital político del Presidente se devaluará rápidamente después de marzo del 2006.

 

En un río político revuelto por la sorpresiva candidatura de Piñera, la DC bien pudiera quedarse con toda la ganancia de los pescadores. En tanto Piñera se mantenga como una amenaza creíble, la Democracia Cristiana podrá negociar mejor que en cualquier otra circunstancia para mantenerse como el partido con más senadores y recuperar la condición perdida el 2001 de ser el partido político más numeroso en la Cámara de Diputados.