Un hombre de Bachelet en Interior

Patricio Navia

La Tercera, mayo 24, 2005

 

El nombramiento de Francisco Vidal como ministro del Interior deja en evidencia tanto la consolidación de Michelle Bachelet como favorita para convertirse en abanderada de la Concertación así como el inevitable ocaso del poder del Presidente Ricardo Lagos.

 

A diferencia de Insulza, Vidal es un reconocido bacheletista. Después de todo, la capacidad de José Miguel Insulza de dar garantías de imparcialidad emanaba del hecho de que él alguna vez albergó aspiraciones presidenciales.

 

Si bien nunca se la jugó por buscar la nominación de su partido, Insulza siempre sonó como alternativa presidencial en la izquierda. Si no hubiese logrado la Secretaría General de la OEA, el ingreso de Piñera a la contienda presidencial habría llevado a varios a instigar el ingreso de Insulza como aspirante presidencial de la Concertación. Ya que Insulza en buena medida siempre constituyó la principal amenaza en el PS para las aspiraciones de Bachelet, su presencia en Interior representaba la mejor garantía posible de imparcialidad del gobierno para Alvear.

 

Ahora bien, resulta hoy imposible encontrar un socialista o PPD que no sea bacheletista comprometido. Todos los candidatos a Interior compartían esa condición. Pero además de representar la única opción posible para un militante PS o PPD, el apoyo (implícito y explícito) a la doctora simplemente refrenda la enorme ventaja de Bachelet en las encuestas. Pese a sus esfuerzos (y habiendo desperdiciado la oportunidad de acortar distancia en el primer debate presidencial), Alvear no ha logrado repuntar.

 

Su naturaleza adversa al riesgo evitó primero que dejara Cancillería apenas firmado el TLC para iniciar su campaña presidencial, le impidió luego exigir la salida de Adolfo Zaldívar como presidente DC cuando lo derrotó en la nominación interna y ha terminado por contener cualquier intento de sus asesores por incitar a Alvear a asumir posturas más riesgosas en las últimas semanas.

 

El merecido reconocimiento que le brindó Lagos el 21 de mayo fue posible porque los bacheletistas están convencidos de un triunfo de su candidata, pero en su respuesta corporal, Alvear evidenció su aparente resignación ante la menguante posibilidad que ella se convierta en la primera presidenta de Chile.

 

Así pues, el nombramiento de Vidal no debe ser interpretado como una señal de respaldo de Lagos a Bachelet. Además de coronar una brillante carrera política personal, la llegada de Vidal a Interior refleja el inevitable ocaso del sexenio Lagos. El ingreso de Piñera apuró la campaña presidencial y terminó por desviar la atención de La Moneda a los comandos de campaña.

 

Por cierto, las habilidades negociadoras de Vidal -que ha logrado avanzar importantes iniciativas legislativas- serán cruciales para la aprobación de proyectos emblemáticos antes de que los legisladores devengan en candidatos al Parlamento. Pero, más que representar un último gran impulso legislativo y una señal de gobernabilidad, el nombramiento de Vidal refleja el ocaso de un Presidente que, habiéndose ganado el corazón, respeto y admiración del país, comienza a experimentar el abandono del que caen víctimas todos aquellos presidentes salientes. Pese a ser leal a Bachelet, Vidal llega a Interior por ser fundamentalmente leal a Lagos.

 

El Mandatario saliente, enfrentando al ocaso de su administración, necesita ahora estar rodeado de sus colaboradores más leales.