La desigualdad en Chile

Patricio Navia

La Tercera, mayo 7, 2005

 

En una nueva mutación de su campaña presidencial, Joaquín Lavín ha tomado como bandera de lucha la desigualdad, repitiendo la estrategia de 1999, cuando intentó convertirse en defensor de pobres y desempleados. Una respuesta rápida del gobierno, enviando proyectos de ley que aborden de frente la desigualdad tensará la relación entre el discurso de Lavín y la postura en defensa de la desigualdad de la derecha.

 

Chile arrastra una desigualdad vergonzante hace años, y la Concertación no se ha atrevido a abordarla de frente. Aunque la derecha siempre se ha opuesto a reducir ese vergonzante flagelo, la Concertación tampoco la ha convertido en su bandera de lucha. Cuando Ricardo Lagos intentó hacerlo en 1999, muchos concertacionistas lo acusaron de ser demasiado izquierdista y olvidarse de los problemas reales de la gente. El débil esfuerzo que ha hecho para reducir la desigualdad hace a la Concertación tremendamente vulnerable en lo que siempre debió haber sido preocupación fundamental de la centroizquierda. Por eso, cuando Lavín denuncia la ignominiosa desigualdad, muchos en la Concertación escuchan preocupados. Pero Lavín no es el líder más adecuado para denunciar la desigualdad. Tanto por sus posturas personales como por las de su sector, esta reciente conversión a la justicia social despierta sospechas. En La Revolución Silenciosa, escrito cuando la desigualdad era aún peor y la pobreza alcanzaba al 40% de los chilenos, Lavín ni siquiera reconoció que existía el problema. Es más, incluso sugirió que los pobres tienen más oportunidades que los ricos. Al comparar a un niño del barrio alto con uno de La Pincoya, Lavín argumentó que el segundo tenía una ventaja, porque "debe buscar fórmulas para procurarse su propio alimento, además de vestirse solo y resolver sus problemas diarios. Esto lo hace varias veces más creativo".

 

Lavín luego inició su carrera política en la comuna más afluyente de Chile. Su fortuna personal la ha construido entre los que más ingresos tienen. La universidad de la que es socio construyó su nueva sede en el sector más elitista del país. Ya que por sus frutos los conoceréis, esta preocupación por la desigualdad hace que muchos piensen lo que el mismo Lavín cándidamente se atrevió a sugerir: populismo como Chávez. Además de lo inconveniente que resulta para alguien que quiere ser Presidente de Chile insultar a un presidente latinoamericano, Lavín abrió la puerta para que se discutan sus brotes populistas en un continente que continuamente sufre de la irresponsabilidad de candidatos que dicen cualquier cosa con tal de salir electos.

 

Peor aún para Lavín, desde 1990 la derecha ha torpedeado iniciativas destinadas a reducir la desigualdad, ha promovido leyes que la profundizan y ha defendido los intereses de los que más tienen. La Alianza se ha opuesto a corregir la ley de rentas municipales, se ha opuesto a subir los impuestos a las empresas (que son excesivamente bajos, así como son altos los impuestos a las personas de más ingresos), se ha opuesto a combatir la elusión (muchos chilenos de altos ingresos se constituyen en empresas para evitar pagar impuestos altos como personas) y se opuso a un royalty de verdad (favoreciendo un royalty excesivamente light). La derecha ha defendido militante y disciplinadamente las granjerías y los privilegios de los que más tienen.

 

Lavín copió esta estrategia directamente de la campaña de George W. Bush. Al intentar apropiarse de un tema importante para la gente, Lavín quiere convertir la desigualdad en su plataforma de campaña así como Bush convirtió la seguridad de Estados Unidos en su ve-hículo para ganar la reelección. Pero una vez electo, Lavín adoptará políticas fiscales irresponsables que generen déficit fiscal y profundicen la desigualdad, siguiendo el ejemplo de Bush en Estados Unidos.

 

El gobierno de Lagos, que disfruta su mejor momento después de haber logrado magistralmente el triunfo de Insulza en la OEA, tiene una oportunidad inmejorable para cumplir una promesa más de su campaña de 1999: crecer con igualdad. Si Lagos se anima a anunciar, en su discurso del 21 de mayo, iniciativas de ley de discusión inmediata que corrijan la desigualdad en el largo, mediano y corto plazo, el compromiso de Lavín lo pondrá en entredicho con las posturas tradicionales de la derecha. Si Lavín convence a los legisladores de derecha a apoyar iniciativas que reduzcan la desigualdad (con crecimiento en el largo plazo, pero también quitándoles a los que tienen más para darles a los que menos tienen en el corto y mediano plazo), Lagos cumplirá su gran promesa de campaña. Si en cambio la derecha bloquea dichas iniciativas, confirmando la postura de Pinochet ("hay que cuidar a los ricos"), Lavín resultará perdedor.

 

Así y todo, el abanderado de la UDI debe estar contento de haber logrado volver al mapa electoral con una propuesta audaz y atractiva. Si logra alinear a la UDI y RN a que apoyen algo a lo que se han opuesto intensamente, Lavín tendrá pavimentado su camino a La Moneda. Si en cambio lo suyo demuestra ser una promesa vacía, su discurso en el seminario de la Revista Capital será recordado como el momento en que su candidatura definitivamente se hundió.