Aprender la lección

Patricio Navia

La Tercera, abril 30, 2005

 

Aunque el desafío de todo candidato es intentar transformar derrotas en victorias y magnificar aciertos para convertirlos en triunfos definitivos, la aspirante presidencial concertacionista que mejor aprenda las lecciones del primer debate presidencial podrá recordar ese primer enfrentamiento como un momento decisivo en su camino a La Moneda.

 

Pese a que las encuestas la dan como ganadora, si hubiera logrado un excelente desempeño, Bachelet sería hoy la única candidata concertacionista. Pero la doctora socialista evidenció preocupantes flaquezas. Como confirmando que la suya es una candidatura que nació por voluntad de la gente más que por iniciativa propia, Bachelet no aún no articula una respuesta clara a la pregunta más importante: ¿Por qué quiere ser presidenta? Confiando demasiado en sus fortalezas, Bachelet parece olvidar que sus opositores se encargarán de resaltar sus debilidades. Aprovechando su ventaja actual y su natural habilidad como candidata, la aspirante socialista debiera abocarse a corregir errores para consolidad la percepción de ganadora que hoy la rodea.

 

Alvear no debiera entusiasmarse en exceso con su desempeño. Pese a demostrar por qué se convirtió en poderosa contendora por la presidencia, la ex canciller no ha logrado demostrar que además de ser capaz, es también profundamente humana. Los candidatos son personas como todos, con contradicciones y errores. Lo suyo debiera ser capacidad para entusiasmar y convocar, no sólo demostrar que es la mejor alumna del curso. Además, en tanto Alvear no se convierta en su propia jefa de campaña, la creciente tensión entre Adolfo Zaldívar y Marcelo Trivelli por el control del PDC le harán más daño que bien. Mientras Zaldívar no deja de alimentar rumores sobre una posible bajada de Alvear, Trivelli no oculta su interés en preparar su propia campaña presidencial futura (con ataques a Bachelet que, más que ayudar a Alvear, buscan demostrar que él es el más democratacristiano de todos). A menos que Alvear tome las riendas de su comando y de la DC, una de sus reconocidas fortalezas—su experiencia en puestos de mando—quedará en entredicho.

 

Por su parte, Joaquín Lavín insiste en replicar su estrategia de 1999. Pero ya que chiste repetido sale podrido, el ex alcalde debe encontrar un mensaje nuevo que entusiasme a un país en un estado de ánimo y desafíos muy diferentes a los de 1999. Aunque Lavín ha intentado convertir a la desigualdad (problema que él históricamente desconoció) en su nueva bandera de lucha, RN y la UDI siempre se han opuesto a reducir las diferencias que existen en Chile. Sólo los países con mayor gasto público en capital humano logran reducir desigualdades existentes. AL decir que quiere más igualdad y a la vez bajar impuestos, Lavín nos invita a comer una vaca y después ordeñarla. A menos que rompa el cordón umbilical que une a la UDI con el empresariado pinochetista, seguirá hundido en las encuestas esperando que un error de la Concertación lo ponga en el mapa electoral.

 

Por eso, en tanto las aspirantes de la Concertación no logren articular mensajes claros y simples que reflejen sus sueños de país, Lavín bien pudiera tener una opción. Pero si se decide a tomar las riendas de su campaña (siendo más imperfectamente humana y acordándose que el que mucho abarca poco aprieta) e insista en mensajes simples y directos, Alvear refutará los rumores sobre su retiro y se convertirá en una opción real para julio. A su vez, si se anima a reconocer que su popularidad es un punto de partida—y no su principal herramienta—para llegar a La Moneda, Bachelet podrá convertir su pertinaz popularidad en una ventaja inalcanzable. Ni Lavín tiene motivos para respirar tranquilo, ni las aspirantes de la Concertación debieran dormirse en sus laureles ahora que el debate presidencial del pasado miércoles extraoficialmente inauguró la campaña presidencial del 2005.