Ganó Lavín

Patricio Navia

La Tercera, abril 28, 2005

 

El gran ganador del primer debate presidencial de la Concertación fue Joaquín Lavín. Aunque Soledad Alvear se impuso sobre una nerviosa Michelle Bachelet, la ex canciller ganó sin convencer.

 

En el debate, las dos candidatas de la Concertación insistieron en exponer sus fortalezas sin preocuparse demasiado de corregir sus debilidades. Aunque demostró su manejo de temas y su capacidad para responder, Alvear no logró romper esa distancia que inevitablemente genera con la gente cuando asume su postura de mujer de estado. Como si todo fuera demasiado preparado, demasiado frío y demasiado formal, Alvear no logró romper el hielo en el diálogo que intentó generar con el electorado concertacionista. Pese a haber tenido la oportunidad de hacerlo, la candidata DC no se atrevió a mostrar su lado más humano y su capacidad de empatía y cercanía con la gente.

 

Michelle Bachelet en cambio cayó presa de su nerviosismo. La ex ministra de salud y defensa demostró su poca experiencia en este tipo de instancias. Aunque siempre supo que su principal fortaleza era la cercanía con la gente y su capacidad de romper el hielo para generar confianza inmediata, Bachelet no logró superar los nervios. Por eso, las suyas fueron respuestas sorprendentemente distantes, frías, secas y hasta agresivas. Sus declaraciones respecto a los derechos humanos en China y Cuba demostraron más que sus conocidas tendencias izquierdistas, su impericia para responder a previsibles cuestionamientos.

 

Al ser incapaz de transmitir sus conocidas simpatía, cercanía y confianza inmediata, Bachelet dejó abiertos demasiados flancos para que Alvear pudiera anotarse una contundente victoria. Pero la candidata DC tampoco supo aprovechar la oportunidad para ganar por goleada. Su poca disposición a tomar riesgos no le permitió ir más allá de las respuestas correctas y atinadas y adentrarse al terreno de la cercanía y la confianza personal que Bachelet no pudo ocupar. Por eso, cuando se terminó el debate, Alvear y Bachelet se sentían ganadoras. Mientras Alvear sabía que ella había resultado triunfadora, Bachelet respiraba tranquila ya que su insuficiente desempeño en el debate no fue tan costoso como pudo haber sido.

 

Aunque es poco probable que este debate logre cambiar las tendencias en las encuestas, Alvear puede creíblemente argüir que su candidatura es más fuerte ahora que antes del debate. La ex canciller ha ganado valioso tiempo y podrá convertir esta victoria en un nuevo impulso para la que hasta ahora era una cada vez más alicaída campaña. A su vez, Bachelet sabe que mantendrá el liderazgo en las encuestas, aunque ahora debe abocarse a trabajar arduamente para lograr transmitir su liderazgo, confianza y simpatía en los próximos debates. Además, la abanderada socialista debe reconocer que a menos que sea capaz de combinar su natural cercanía con la gente con posiciones más articuladas y coherentes—evitando demostrar su disgusto con los periodistas cuando la llevan a temas incómodos—su popularidad inevitablemente comenzará a mermar.

 

Porque Bachelet demostró demasiados flancos débiles y Soledad Alvear no logró aprovechar adecuadamente la oportunidad para anotarse puntos que le permitan reducir rápidamente la distancia que le lleva la socialista, el gran ganador de esta contienda fue el abanderado de la derecha Joaquín Lavín. Si hasta ayer Bachelet parecía invencible, hoy hay más incertidumbre respecto a quién será la abanderada de la Concertación. Pero mejor aún para el abanderado derechista, Ni Alvear ni Bachelet demostraron suficientes fortalezas como para descartar definitivamente la opción de victoria del abanderado UDI en diciembre.