Ninguneada

Patricio Navia

La Tercera, abril 9, 2005

 

El repetido reclamo de Michelle Bachelet contra los que la “ningunean” refleja tanto sus debilidades como la equivocada lectura de sus adversarios sobre sus fortalezas. A menos que acalle la crítica con hechos concretos, inevitablemente se convertirá en la candidata más liviana. Pero en tanto la clase política la subvalore como una “gordita simpática,” Bachelet está en inmejorable posición para convertirse en la sucesora de Lagos.

 

Bachelet ha advertido a sus adversarios que no la miren en menos porque ella puede ser tan buena presidenta como el mejor. Al opinar así, equivoca el camino. Desde una postura reactiva, acepta que sean otros los que la definan. Bachelet debe convertir esas descalificaciones personales en un insulto a la opinión pública. Solo un país ignorante puede tener como favorita a una candidata inflada. Su mejor defensa es cuestionar a los que descalifican la voz de la gente expresada en repetidas encuestas.

 

Por cierto, Bachelet alega discriminación al ser sometida a exámenes más exigentes que sus rivales. Desde su comando preguntan, ¿alguien conoce bien las propuestas distintivas de Alvear o de Lavín? ¿Con qué autoridad pide Lavín hoy ideas cuando en 1999 insistió en que él se abocaría a los problemas reales de la gente? Aunque el reclamo tiene mérito, su condición de favorita comprensiblemente lleva a muchos a preguntarse qué tipo de gobierno haría Bachelet. Bastaría con centrar sus apariciones en temas específicos para matar dos pájaros de un tiro: acallar a sus críticos y exigir igual especificidad a sus rivales. Mientras Lavín ha sufrido de exceso de generalidad y recurrentes relanzamientos de campaña (como líder de la Alianza, con su hijo, con sus samurais, con Cristina Bitar, con su comando, con talleres bicentenario y ahora con el anuncio que en realidad todo comenzará en agosto), Alvear sufre de exceso de propuestas. La abanderada DC ha anunciado, entre otros, que será presidenta del fútbol, de los niños abandonados, de los acuerdos de libre comercio, de la familia, de la educación y de la lucha contra la eutanasia. No hay peor forma de confundir al electorado que realizando propuestas nuevas todos los días. En vez de aprovechar el desarrollo de las noticias para ganar prensa (desde la crisis del fútbol a la muerte de la Terri Schiavo, desde el abuso infantil hasta la muerte del papa), Alvear debe definir prioridades básicas e insistir en ellas.

 

Ahora bien, el nerviosismo de Lavín y Alvear por reinventar repetidamente sus campañas responden a la fortaleza de Bachelet en las encuestas. La doctora socialista ha demostrado una gran capacidad para no cometer errores. Después que la opinión pública le otorgara su favoritismo, Bachelet ha manejado los tiempos a la perfección. Limitando sus apariciones en la prensa—en vez de hablar sobre todos los temas de interés del momento—Bachelet ha sabido mantener su liderazgo en las encuestas. Pero su comprensible poca disposición a debatir—el que va primero hace tiempo para que se acabe el partido sin tomar riesgos—ha permitido que otros logren definirla. En vez de respaldar la sabiduría popular reflejada en las encuestas, Bachelet ha salido a defenderse a si misma, dando pie a la discusión sobre sus ideas de gobierno, y demostrando que en muchos aspectos sigue siendo una novata en la política.

 

Ahora bien, cuando alega sentirse pasada a llevar, Bachelet fácilmente logra la simpatía femenina en un país donde tenemos un largo camino que recorrer para lograr la igualdad de géneros en derechos y oportunidades. La gran ironía de la existencia de una abandera concertacionista radica precisamente en que la política es una de las áreas donde más lento han avanzado las mujeres. Los partidos políticos y el legislativo siguen siendo patrimonio de hombres (incluso entre columnistas políticos). Cuando dijo que no cualquier mujer puede ser presidenta—subrayando un trivialidad que aplica a hombres y mujeres—Patricio Aylwin victimizó a Bachelet de la misma forma que tantas mujeres son cotidianamente descalificadas por no ajustarse a los roles tradicionales. Mientras más la ataquen, más simpatías despierta Bachelet entre aquellos históricamente discriminados por ser diferentes.

 

Indiscutiblemente, Bachelet tiene enormes fortalezas. Con tantos años de militancia partidista como la disciplinada Alvear, más experiencia en temas claves que Lavín, y superior capacidad de comunicar sus mensajes que sus rivales, Bachelet es la gran revelación de la política chilena de esta década. Constituye un serio error de cálculo político despreciar su fuerte apoyo en las encuestas de opinión. Al subestimarla, sus adversarios le otorgan una inmejorable ocasión para que demuestre sus habilidades políticas. Pero en tanto caiga en el juego de desmentir a los que la acusan de liviana, Bachelet corrobora las aseveraciones sobre su supuesta falta de experiencia. En cambio, debe salir a demostrar que posee herramientas y condiciones que la hacen tan políticamente capaz como Alvear y Lavín. Ya que erróneamente sus adversarios se han ocupado de minimizar las expectativas que tiene la opinión pública sobre sus habilidades, bastará que Bachelet demuestre suficientes atributos políticos para que esta ninguneada mujer asegure su camino a La Moneda.