Los debates presidenciales

Patricio Navia

La Tercera, marzo 26, 2005

 

Aunque en teoría los debates presidenciales son momentos decisivos en las campañas, en nuestra democracia no han sido determinantes. La decisión de celebrar dos debates nacionales y 11 diálogos regionales en menos de 120 días contribuirá a que la gente preste menos atención que en años anteriores. Mientras más importancia les atribuya a los debates, más difícil será para Alvear utilizarlos para acortar la distancia que hoy le lleva Bachelet.

 

Sabiamente, la Concertación desechó las primarias regionales y optó por una primaria nacional. Además de resultar extemporáneas en un país tan centralizado, las primarias no simultáneas son una práctica deslegitimada aun en Estados Unidos. Por cierto, el fortalecimiento de la regionalización debiera verse reflejado en la elección de los Consejeros Regionales (Cores). Para ser consecuente con su discurso, Alvear debiera convencer al liderazgo DC de abandonar su soterrada oposición a que se vote el proyecto de la elección directa de los Cores. Aunque muchos en la derecha también se oponen a democratizar esta instancia ya existente de gobierno regional, la urgencia de transparentar los Cores aumenta en la medida que su poder para asignar recursos y regular la vida de los habitantes de las regiones aumenta.

 

La decisión de celebrar dos debates nacionales y once diálogos regionales no está exenta de problemas. Por una parte, los diálogos regionales constituyen una inmejorable ocasión para enriquecer la propuesta de gobierno concertacionista. Por otra, hay riesgo de saturar a la opinión pública con demasiados debates. Si bien los dos debates nacionales captarán la atención general, el impacto de los diálogos regionales será menor, aun en las propias regiones. Aparte de constituir una oportunidad propicia para realizar irresponsables promesas de satisfacer aspiraciones históricas locales, no todas factibles ni convenientes para el país, será difícil evitar entre tanto diálogo que los mensajes suenen repetidos. A menos que los diálogos regionales sean estructurados en forma creativa e innovadora, terminarán siendo repeticiones de las mismas frases de campaña.

 

Por otro lado, los debates son contiendas donde las expectativas previas contribuyen en demasía a determinar el resultado. Equivocadamente, el comando de Alvear ha promovido la idea de que su abanderada fácilmente ganará los debates. Porque tiene más experiencia en el gobierno y ha sido la mejor alumna del curso, Alvear llegará a los debates como la gran favorita. Pero en la medida que Bachelet logre una actuación aceptable en esas contiendas televisivas, la opinión pública la percibirá como ganadora. Al igual como ocurrió con Eduardo Frei en el único limitado debate de las primarias de 1993 y con Lavín en la campaña presidencial de 1999, el candidato más débil termina percibido como ganador si evita ser apabullado por el favorito. Al posicionarse como más débil frente al experimentado John Kerry, George W. Bush logró transformar una ajustada derrota en los debates presidenciales estadounidenses en una victoria el año pasado. Porque su comando ya ha anunciado que confía que Alvear acortará distancia con Bachelet en los debates y diálogos, el efecto real que estos tendrán en las encuestas será mucho menor. Peor aún, la experiencia de 1993 y 1999 indica que los debates ayudan a convencer a indecisos, pero no son muy importantes para disuadir a gente que ya tiene preferencias claras.

 

Bachelet pareciera estar con la suerte del campeón. Dos meses después de que Alvear asegurara la nominación de su partido, Bachelet sigue fuerte en las encuestas. Aunque faltan 4 meses para las primarias, si Alvear no logra remontar hacia mediados de junio, los rumores sobre una proclamación de Bachelet sin primarias aumentarán. La presencia de Adolfo Zaldívar al frente de la DC contribuye a fortalecer esa creencia. Ya que el presidente DC no se amilanó en negociar la candidatura del popular Marcelo Trivelli a alcalde por Santiago a cambio de cupos para su partido en otras comunas, las especulaciones sobre una bajada negociada de Alvear para evitar una apabullante derrota en las primarias aumentarán si la ex canciller no remonta pronto en las encuestas.

En todo caso, Bachelet también está desarrollando una estrategia peligrosa. Desde que Alvear nombró a Trivelli como jefe de campaña, la abanderada PS-PPD no ha podido tomar la iniciativa. Arriesgando que otros la definan, Bachelet ha evitado entrar al ruedo de las propuestas concretas sobre lo que sería su gobierno. El inoportuno apoyo del Presidente Lagos (más por lo dañino que por lo sorprendente), no ayuda a mostrar a la doctora candidata controlando férreamente el timón de su comando. Así y todo, la decisión de celebrar las primarias a fines de julio resulta más ventajosa para la Bachelet que para Alvear. Ya que ha logrado consolidar su ventaja en las encuestas, al acordar una fecha tan cercana al plazo para inscribir candidaturas, los partidos de la Concertación han dejado el camino abierto para, cancelando las primarias a mediados de junio, proclamar a Bachelet si las encuestas la siguen confirmando como favorita para ganar las primarias.