El último año

Patricio Navia

La Tercera, marzo 12, 2005

 

Ahora que ha celebrado su quinto año en La Moneda, el Presidente Lagos disfruta su mejor momento. Convertido en un invaluable capital electoral, Lagos debe ahora traspasar su popularidad a la candidata concertacionista. Además de velar para que el mecanismo de selección sea democrático y transparente, la mejor forma de ayudar a la abanderada oficial es evitando polemizar con Joaquín Lavín. Porque el candidato de la Alianza quiere reposicionar su campaña rivalizando con el Primer Mandatario, Lagos debe resistir a la tentación de responder las increpaciones que continuamente vendrán del crecientemente provocador abanderado derechista.

 

Después de cuatro años de lento crecimiento (promedio de 3,2%), la economía creció casi a un 6% el 2004. Como los pronósticos para el 2005 son aún mejores, el Presidente confía en que la opinión pública continuará apoyándolo. Mejor aún, ya que Lagos diseñó su programa de gobierno para cosechar resultados en el último año, las obras de infraestructura que inaugurará el 2005 y las iniciativas legislativas que verán la luz probablemente continuarán consolidando su popularidad personal. Después de haber pasado momentos difíciles, Lagos tiene hoy la certeza de que su gobierno dejará indelebles huellas. De los tres presidentes concertacionistas, el legado de Lagos marcará más positivamente el desarrollo del país.

 

Pero Lagos también ha cometido importantes errores. Su obsesión con mejorar su popularidad personal lo llevó a olvidar la necesidad de fortalecer el sistema de partidos y a la Concertación. La desaparición de Pinochet de la arena política amenaza con convertir al oficialismo en un conglomerado unido solamente por vocación de poder. Pese a insistir en el buen funcionamiento de las instituciones, Lagos personalizó el poder en la presidencia, debilitando carteras e involucrándose demasiado en decisiones ministeriales. El notable hecho de que haya dos aspirantes concertacionistas mujeres responde no solamente a un interés popular por el cambio. El liderazgo personalista de Lagos también frenó otros liderazgos fuertes en la Concertación.

 

Lagos hizo una apuesta arriesgada al poner todos los huevos de la canasta electoral concertacionista en su popularidad personal. Afortunadamente para la Concertación, su popularidad ha venido en alza. El reciente triunfo en los comicios municipales representó un incuestionable espaldarazo para Lagos (aunque la incapacidad para superar el 50% también refleja el agotamiento de la Concertación). Pero las presidenciales son la gran prueba para ver si Lagos puede convertir su popularidad en votos. El principal desafío pendiente del Presidente es entregar la banda presidencial a una mujer de su propia coalición. Si Lavín resulta ganador, los malos recuerdos del último año de Frei serán mínimos comparados con el amargo sabor de la primera derrota concertacionista.

 

Por eso, Lavín ha optado por hacer campaña contra el Primer Mandatario. Ya que además no puede seguir esperando a que la Concertación escoja candidata, Lavín intenta recordarles a todos que en 1999 quedó la sensación de que él sería el sucesor de Lagos. Como su campaña está en problemas (un 52,5% en la última encuesta CEP dice que no votará por él), Lavín ha adoptado una peligrosa estrategia. Mientras más insista en criticar al Presidente, más transformará la elección en un plebiscito sobre Lagos. Si el Presidente muerde el anzuelo, Lavín logrará dejar fuera del debate a las presidenciables concertacionistas (que le llevan hoy ventaja en las encuestas) y podrá construirse una imagen de hombre de Estado comparable a la que hoy goza Lagos.

 

Por eso, Lagos debe simplemente ignorar las continuas -a menudo injustificadas- acusaciones que seguirá realizando el candidato aliancista. Mientras más ignore a Lavín, más ayudará a la abanderada de la Concertación a consolidarse como atractiva oferta de continuidad y cambio. Pese a que su estilo ha sido polemizar con facilidad y opinar libremente, la mejor estrategia que hoy dispone Lagos para administrar su enorme popularidad es simplemente ignorar a Lavín y evitar polemizar directamente con él. El siempre irónico y rotundo ministro Insulza, el hábil y combativo vocero Francisco Vidal y eventualmente las propias candidatas deben ser las llamadas a defender la obra y legado de Lagos (evitando siempre que sea Lavín el que ponga los temas de debate en la agenda pública). En tanto se niegue a reconocer a Lavín como su interlocutor, Lagos contribuirá a traspasar su popularidad personal a la abanderada oficial en una elección que -de mantener Lavín su estrategia de ataque frontal- se convertirá parcialmente en un plebiscito sobre la gestión de Lagos.

 

Ahora que ha celebrado su quinto año en La Moneda, el Presidente puede estar satisfecho (aunque no tenga ninguna intención de descansar tranquilo). Con sus enormes aciertos y sus errores, sus mayores fortalezas que debilidades, Lagos se dispone a entrar a la galería de los grandes presidentes de Chile. De los resultados de la próxima elección presidencial dependerá que su legado sea el más importante de los presidentes del Chile post-Pinochet y su recuerdo se consolide como el del gran forjador del Chile del bicentenario.