No estaba muerta

Patricio Navia

La Tercera, enero 22, 2005

 

La nominación de Soledad Alvear como precandidata del PDC y sus primeras actividades de campaña dejan en claro tanto que la Concertación tendrá candidata mujer (valga la redundancia) como que Bachelet y Alvear distan mucho de tener asegurada la nominación concertacionista primero y la victoria en las presidenciales después.

 

Con su victoria en la DC, Alvear recobró el entusiasmo y la sonrisa. Pese a que la decisión del presidente DC Adolfo Zaldívar de disputar la nominación presidencial complicó sobremanera al partido, Alvear igual se impuso. Pero Zaldívar no cumplió su promesa de alejarse de la presidencia DC. Porque es imposible que logre el apoyo decidido de aquel a quien derrotó, Alvear no puede contar con un partido resuelto a defender su opción. A diferencia de Bachelet, que goza del disciplinado apoyo del PS y PPD, Alvear tendrá que lidiar con un Zaldívar que sabe que su poder personal aumenta en la medida que el de Alvear disminuye.

 

Pese a eso, Alvear ha logrado transformar su nominación DC en vigorizante lanzamiento de campaña. La inclusión de Marcelo Trivelli como jefe de campaña, su cuidadosamente planeado énfasis en la familia, y su preparación para el cargo consolidan sus evidentes fortalezas. Mientras más logre retrasar las primarias, más tiempo tendrá para intentar a alcanzar a Bachelet. Pero Alvear tendrá que resistir la tentación de querer imponer su nombre por secretaría. Aunque muchos en la DC insistirán en su mejor derecho, y no pocos presionarán a Lagos para que intervenga a su favor, Alvear no debe olvidar que la única posibilidad de ganarle a Lavín radica en derrotar primero a Bachelet en primarias abiertas y transparentes. Si intenta imponer su candidatura por la fuerza, Alvear le regalará a Lavín el mejor argumento de campaña: una candidatura de la gente versus la candidatura de la elite concertacionista. Por su parte, Lagos debe evitar tomar partido por alguna de sus ex ministras. El presidente tiene una buena oportunidad para cerrar magistralmente su sexenio entregando la banda presidencial a una mujer. Aparte de insistir en la celebración de primarias abiertas, Lagos debería mantenerse ajeno a esta competitiva disputa.

 

Bachelet no se ha quedado dormida en sus laureles. Después de su exitoso viaje a Nueva York y su oportuna decisión de incorporar economistas liberales a su equipo, se ha esmerado en consolidar su ventaja en las encuestas. Explotando su innata habilidad para hacer campaña, Bachelet le ha dado organización y sentido a su candidatura basada en un incuestionable apoyo popular. Aunque difícilmente encontrará un jefe de campaña tan atractivo como Trivelli, debe entender que la simpatía y cercanía en su campaña la entrega ella misma. Alvear buscó a Trivelli porque reconoce sus debilidades. Bachelet debe abocarse a neutralizar las evidentes ventajas de Alvear en experiencia y celebrados logros en el gobierno.

 

Felizmente para la Concertación, las relaciones entre las dos candidatas son inmejorables. En tanto se mantenga el fair play y ambas eviten que sus partidarios recurran a golpes bajos, la competencia fortalecerá las posibilidades de tener una mujer presidenta. La gran fortaleza de la Concertación el 2005 será—irónicamente—combinar su historia de gobernabilidad con la misma cercanía con la gente que personifico Lavín en 1999 y que tan brillantemente han logrado las chicas superpoderosas.

 

Por su parte, Lavín debe aprovechar la oportunidad para reinventarse. En vez reclutar más familiares y más mujeres para su campaña, debe lograr comunicar por qué quiere llegar a La Moneda. Sus continuas referencias a 1999 parecieran apuntar más a una revancha por haber estado tan cerca del triunfo que a una visión para el país. Las contradicciones de su campaña (reducir las desigualdades y disminuir los impuestos a los más ricos al mismo tiempo) subrayan la principal debilidad de la derecha: querer recuperar el poder aún a costas de irresponsables promesas de campaña.

 

Ahora que la atención está puesta en las dos aspirantes concertacionistas, Lavín debería olvidar su obsesión por aparecer en televisión. En vez, debiera preparar un programa de gobierno simple y cautivante que combine el exitoso legado concertacionista con un nuevo empuje de desarrollo y modernidad. Más que criticar al gobierno de Lagos o intentar capitalizar el decreciente descontento popular, Lavín debe ganar la batalla por las ideas y las propuestas de futuro. La tentación de representar exclusivamente la continuidad (cambiando pantalones por faldas) que seduce a muchos concertacionistas ofrece una oportunidad única a Lavín para ganar con un proyecto de innovadores nuevos impulsos.

 

Después que su nominación confirmó que Alvear no estaba muerta (sino que el PDC se encontraba en una irresponsable parranda partidista) sabemos que el próximo presidente saldrá de la terna de Alvear, Bachelet y Lavín. Si Lavín insiste en su estrategia de sobreexposición mediática mientras se disputan las primarias concertacionistas, la predicción de Alvear que Chile tendrá presidenta el 2006 se hará realidad. Pero a menos que Alvear logre recuperar terreno, Bachelet será la primera mujer en llegar a La Moneda.