Círculos íntimos

Patricio Navia

La Tercera, Enero 8, 2005

 

Si bien los círculos íntimos de los tres candidatos presidenciales han sido cuestionados por diversos y no siempre justificados motivos, Michelle Bachelet es la candidata mejor posicionada para evitar que sus aliados cercanos se conviertan en costosos lastres electorales en la reñida lucha por alcanzar La Moneda.

 

Todos los políticos tienen círculos íntimos. La red de lealtades y alianzas que se construye en una carrera política es un activo importante de todo candidato. Ya sea para reunir fondos, armar equipos, reclutar a nuevos aliados, organizar las campañas o articular mensajes, los círculos íntimos son el mejor fundamento de cualquier campaña electoral. Cuando está bien constituido, es disciplinado, comprometido, plural y diverso, el círculo íntimo permite combinar la férrea disciplina y el orden con la flexibilidad y el dinamismo necesarios para una campaña exitosa. Es más, un círculo íntimo sólido y confiable representa una demostración inequívoca de las habilidades de liderazgo de un candidato. Pero cuando los miembros de un círculo íntimo despiertan sospechas de ineficiencia, deslealtad o sectarismo, la cercanía de esos aliados se convierte en un peligroso pasivo político.

 

Los únicos tres candidatos presidenciales con opciones tienen también sus círculos íntimos. Fluidos y diversos, la identidad de sus miembros es a menudo sujeta a especulación. Porque hay costos y beneficios de reputación, muchos actores políticos dicen pertenecer al círculo íntimo de los diferentes candidatos. Debido a las asimetrías de información (sólo los candidatos saben de verdad quiénes están en sus círculos), la opinión pública ocasionalmente confunde la membresía de los círculos íntimos. Además, en estos meses en que recién se arman los equipos, la membresía en esos círculos es bastante fluida y sujeta a los vaivenes propios de una campaña que recién toma vuelo. Aunque en esta carrera presidencial hoy hay tanta fluidez como confusión respecto a sus membresías, la composición de los círculos de Lavín y Alvear inevitablemente ha empezado a tener crecientes costos políticos.

 

Los amigos de Lavín lo acompañan desde su fallida campaña parlamentaria de 1989. Pero ya que debe también asegurarse el apoyo decidido de los dos partidos de la Alianza, Lavín ha caído en la indecisión y la ambigüedad sobre las personas que verdaderamente constituyen su grupo más cercano. Pese a ser un moderado, Lavín está rodeados de entusiastas apologistas de la dictadura. Tanto el presidente de RN como el líder de la UDI son ex funcionarios leales de Pinochet. Varios de sus aliados hicieron fortuna con las privatizaciones del régimen militar, ahora teñidas de cuestionamientos productos de las riquezas ocultas del ex dictador. Ya que necesita marcar distancia de la atrofiada Alianza, Lavín ha intentado asociarse con figuras modernas y renovadas de derecha. Pero RN y la UDI han bloqueado esa iniciativa. Así, Lavín ha intentado promoverse, igual que en 1999, como el candidato del cambio. Pero mientras no se decida por tomar las riendas de la derecha y asumir el control de ese sector, su indefinición sobre su círculo íntimo seguirá alimentando la percepción que Lavín se agotó en su larga carrera a la presidencia antes de llegar a la meta.

 

Soledad Alvear tiene un círculo íntimo perfectamente definido. Pero en la identidad de su principal asesor radica la principal fuente de dudas respecto a la exitosa ex ministra. El reconocido operador y ex diputado DC Gutemberg Martínez—esposo de Alvear—genera abierto rechazo en importantes sectores del partido. Debido a su participación en reconocidamente obscuros momentos de la historia partidista (desde el cuestionado triunfo de Aylwin en la interna presidencial en 1989 hasta la negociación por puestos de confianza presidencial el 2000), Martínez se ha granjeado numerosos enemigos en la DC. Como resulta imposible que intente distanciarse políticamente de él, Alvear debe crear un círculo íntimo más extendido donde la percepción de influencia de su esposo se vea diluida.

 

Michelle Bachelet no tiene círculo íntimo definido. Aunque la líder en las encuestas pareciera demostrar la misma desconfianza en los partidos de la izquierda que caracterizó a Lagos cuando fue candidato, Bachelet igual necesita armar equipos de confianza que le permitan evitar errores y canalizar positivamente su incuestionable talento y natural habilidad como candidata. Mientras más claramente defina la membresía de su círculo íntimo, más fácilmente podrá acabar con los cuestionamientos sobre el rumbo que tomaría el país bajo su liderazgo. Esta militante socialista que ha demostrado poseer desarrolladas habilidades políticas también ha dejado en evidencia su poca disposición a definir su círculo íntimo. Pero por eso mismo Bachelet hoy puede dar garantías que prescindirá de cualquier persona de confianza que se convierta en un costo político. En la medida que logre combinar esa flexibilidad con la fortaleza asociada a tener un grupo cercano poderoso, útil y eficiente, Bachelet podrá sumar a su ya reconocida fortaleza como la más simpática y cercana entre los candidatos un nuevo activo: ser la candidata presidencial con el mejor círculo político.