Protagonista del futuro

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 26, 2004

 

Eduardo Frei Ruiz-Tagle puede poner fin a la disputa entre Adolfo Zaldívar y Soledad Alvear por la nominación presidencial y por el control del PDC. No será tarea fácil, pero si el ex presidente abandona sus aspiraciones presidenciales personales y se convierte en el líder que necesita hoy la DC, el apellido Frei se seguirá asociando con los principales éxitos del partido más importante de Chile en los últimos 50 años.

 

La conocida disputa actual al interior de la DC se intensificará a medida que se acerque la decisiva junta nacional en enero del 2004. Mientras Zaldívar confía en que su control de la máquina partidista sea suficiente para lograr imponer su nombre como candidato presidencial, Alvear hace esfuerzos para que prime la cordura y sea ella la abanderada de su partido. Aunque resultaría suicida que la DC nomine a Zaldívar, los suicidios sí ocurren ocasionalmente en política. Y aún si logra imponerse en enero, los altos costos que está pagando Alvear al no poder dedicarse a acortar distancia con Bachelet pudieran asegurar a la socialista suficiente popularidad para lograr la nominación de la Concertación de todos modos.

 

Hoy por hoy, el tiempo está contra la DC. Mientras más días pasan sin que su partido la proclame, más difícil se le hará a Alvear obtener la nominación de la coalición. Mientras más se demore Zaldívar en hacerse a un lado, más posibilidades tiene Lavín de ganar las presidenciales de 2005. Pero como la directiva de la DC—reconocidamente débil y poco hábil—está con Zaldívar y muchos de los próceres del partido públicamente han señalado su preferencia por Alvear, no hay nadie en el PDC que fácilmente se pueda convertir en el gran árbitro de esta potencialmente fraticida disputa. Ni el ex presidente Aylwin (que ya está con Alvear) ni los senadores del partido (que ya han expresado su apoyo o rechazo a Alvear) pueden convertirse en el respetado anciano que garantice que el enfrentamiento se logre zanjar sin quiebre en el partido. Por cierto, la disputa de enero involucra no sólo el nombre del abanderado sino también el control del partido para el decisivo periodo de negociaciones de listas parlamentarias del 2005. Si logra su improbable nominación o si es derrotado, Zaldívar no puede seguir de presidente de la DC. Si ganara Alvear y Zaldívar se quedara con el control del partido, las opciones de Alvear para asegurar la nominación concertacionista serán mínimas pues la DC estaría controlada por su más acérrimo competidor.

 

Irónicamente, el hombre que mejor posicionado pareciera estar para ocupar el rol de garante en la DC es Frei Ruiz-Tagle. Pese a ser uno de los tres aspirantes presidenciales, Frei bien pudiera convertirse en el árbitro que permita zanjar el debate sobre el nombre del abanderado y de la próxima directiva DC. Aunque su ex ministra le tiene más aprecio que el presidente del partido, Alvear y Zaldívar saben que Frei prefería que la nominación para si mismo. De ahí que la suya sea la posición más creíble para garantizar una cuota de aceptable imparcialidad para evitar una lucha divisoria en la junta nacional de enero.

 

Después de haber gobernado el país con éxito, pero con incomprensiblemente baja popularidad, durante un gran sexenio de crecimiento económico, Frei ha tenido momentos difíciles. A diferencia de Patricio Aylwin, que al no poder ser senador vitalicio terminó ocupando el sitial de reserva moral del partido (y en cierto modo también del país), Frei se ha visto continuamente involucrado en disputas coyunturales sobre proyectos de ley con su partido y con el gobierno. Aunque Aylwin en un principio hubiera deseado llegar al Senado, al final fue mucho mejor para el ex presidente verse imposibilitado—y a la vez libre—de tener que opinar sobre cada asunto que pasa por el Senado. Frei en cambio nunca logró alejarse del todo de la coyuntura.

 

En su defensa, el desafío por encontrar su propio lugar en la vida nacional ha sido difícil más difícil para Frei que para Aylwin. Ya que Frei dejó La Moneda con bastante menos años que Aylwin, le hubiera resultado difícil asumir un papel que, por cierto, Aylwin no tiene ningún interés en compartir. Además, a diferencia de su predecesor, Frei siempre especuló con la posibilidad de volver a buscar la primera magistratura. Por ello que al interior de la DC, el ex presidente siempre despertó sospechas y fue visto como un inevitable rival por aquellos que también aspiraban a obtener la nominación presidencial. Sus repetidos intentos recientes por lanzar su campaña presidencial lo han convertido en un actor importante en la DC. Pero después de especular sobre sus aspiraciones presidenciales (mientras se cuidaba de no lanzar formalmente su campaña), Frei logró sondear el ambiente y verificar que sus aspiraciones presidenciales no encontraron mucho eco en un país mucho más interesado en mirar al futuro que en rescatar un buen presidente del pasado.

 

En varias ocasiones el ex presidente Frei ha declarado su interés por seguir jugando un papel activo en política. Por eso, más que esperar una improbable nominación presidencial producto de la destrucción mutua entre Alvear y Zaldívar, Frei bien pudiera optar por posicionarse como el garante de la unidad y el futuro de su partido. Si se anima a actuar pronto, cargaría la balanza definitivamente a favor de Alvear. Al anunciar públicamente su apoyo por su leal ex colaboradora, Frei convertiría la junta de enero en la crónica de una muerte colorina anunciada. Es más, Frei podría negociar de tal forma de poner a uno de sus leales camaradas en el control del partido más importante de Chile. Si decide en cambio esperar hasta enero, su influencia podría ser menos decisiva. Ya sea porque Alvear logre imponerse de todos modos sin su ayuda formal y explícita o porque la disputa entre Zaldívar y Alvear haya sido tan costosa que el partido quede demasiado debilitado como para imponer a su abanderado sin primarias o poder derrotar a Bachelet en las primarias concertacionistas. Solo tres semanas antes de la junta nacional de la DC, Frei se encuentra con la posibilidad de dirimir la disputa interna en la DC y evitar lo que podría ser una costosa crisis política para el partido que fundó su padre.

 

Mientras tanto, la hábil candidata socialista Michelle Bachelet sigue consolidando posiciones. Consciente de que el tiempo juega a su favor, Bachelet ha mantenido un bajo perfil. Aunque ha sido excesivamente lenta en formar sus equipos de trabajo y en pasar de las cautivadoras y entusiastas frases a las propuestas concretas y planes específicos, la habilidad política de esta disciplinada militante socialista no debe ser subestimada. Bachelet tiene tanta simpatía como experiencia política. Su meteórico ascenso en las encuestas de popularidad no debiera confundir respecto a su enorme habilidad y talento para mantenerse arriba en esas mismas encuestas estos últimos meses. Las especulaciones de hace un año sobre una inminente caída han dado paso a especulaciones sobre los nombres que integrarían el primer gabinete de Bachelet. Mientras más días pasan, más probable se hace que esta sonriente doctora se convierta en la carta presidencial de la Concertación. Mientras más se retrace la nominación de la candidatura DC y mientras más se demore Zaldívar en hacerse un lado, más se beneficia Bachelet. 

 

Mientras tanto, el ex presidente Frei se enfrenta a la disyuntiva de seguir especulando sobre una cada día menos improbable candidatura presidencial o jugársela por fortalecer la de Soledad Alvear en la DC. Si Alvear gana la nominación, los simpatizantes de la Concertación podrán decidir libremente en primarias abiertas entre las dos candidatas y el ex presidente Frei podrá ser efectivamente un protagonista del futuro como activo colaborador de la campaña de la primera mujer, sea Alvear o Bachelet, que aspirará seriamente a ser presidenta de Chile.