Multihombre

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 12, 2004

 

Ahora que formalmente ha anunciado su postulación a la Secretaría General de la OEA, José Miguel Insulza intentará mantener la doble militancia de jefe de gabinete y candidato internacional. Pero a menos que pronto aparezca un nuevo articulador político en La Moneda, las aspiraciones presidenciales de la Concertación inevitablemente saldrán dañadas y el último año de Lagos estará marcado por la amenaza del síndrome del pato cojo.

El poder y la influencia que ha adquirido Insulza en sus 10 años consecutivos en el gabinete lo han consolidado como el ministro más poderoso desde el retorno de la democracia. Si Boeninger, Correa, Foxley y Krauss se constituyeron en ejes del poderoso gabinete de Aylwin, y el poder fluctuó entre temporales alianzas durante el sexenio Frei, el poder durante el gobierno de Lagos ha estado radicado exclusivamente en Interior. Aunque Insulza ha formado alianzas con casi todos los ministros, éstas han sido temporales y acotadas. Desde marzo del 2000, Insulza ha sido un primer ministro de facto.

Insulza es muy popular en la elite política y económica. Ahí se reconoce fácilmente quién tiene el poder y quién no. Pero como no es fácil traspasar la popularidad, Insulza nunca prendió en las encuestas como candidato presidencial. Felizmente para él, el electorado para la contienda en la OEA es diferente: los que ejercen el poder político en cada país tomarán la decisión. Por eso, y por la coyuntura internacional actual, Insulza está en inmejorable posición para convertirse en el 10° secretario general de la OEA.

Pero las mismas fortalezas que lo convierten en un buen candidato a la OEA lo hacen una pieza difícil de reemplazar en Interior. Insulza es, por sobre todo, un hombre leal. No basta con ser hábil político (y él lo es). También hay que dar confianza y seguridad. La palabra de los políticos debe tener valor. Una promesa de Insulza es una garantía. Aunque en la política tampoco existen las figuras imprescindibles, reemplazar a algunas personas resulta mucho más difícil y complejo, especialmente en un año electoral.

Si bien Insulza se puede quedar hasta junio, muy pronto su permanencia en Interior comenzará a hacer más daño que bien. El deberá abocarse personalmente a su candidatura, y la Concertación necesita saber quién llevará las riendas del país en la segunda mitad del 2005.

Si Insulza insiste en quedarse, el próximo ministro del Interior tendrá que aprender su trabajo en plena campaña presidencial. Los errores costarán demasiado caros, especialmente para un Lagos comprometido con cerrar magníficamente su sexenio. Insulza quiere esperar hasta lograr la aprobación de la reforma constitucional y otras leyes emblemáticas, pero Lagos deberá sopesar su interés en lograr el rápido éxito de esas iniciativas con la urgencia de tener un equipo afiatado antes de la presidencial.

Ya que la Concertación aún no tiene mecanismo de selección de candidato ni fecha para escogerlo, aumenta la importancia de tener un equipo político sólido en La Moneda. Por más multifacético que sea Insulza, será incapaz de ejercer con éxito su tarea si todos saben la fecha exacta de su salida. Su influencia disminuirá en la medida en que sus opositores sepan que los asuntos que él no se anime a concordar podrán ser negociados con su sucesor. Peor aún: ya que todos sabrán que será otro el que esté a cargo durante la campaña, las lealtades de Palacio caerán víctimas de la especulación y la rivalidad entre posibles sucesores.

Ya que la principal prioridad del gobierno debiera ser lograr que la Concertación escoja un candidato presidencial con el menor costo y la mayor celeridad, la certeza sobre la renuncia de Insulza llevará a muchos a intentar retrasar aún más la decisión. Un jefe de gabinete recién llegado estará en malas condiciones para evitar conflictos al interior de la coalición y en peor posición para convertirse en un hábil articulador entre el gobierno y el equipo de campaña del candidato (labor que brillantemente desempeñó Insulza en el último año de Frei).

Un jefe de gabinete débil (bien porque se va, bien porque recién llega) no podrá evitar que el Presidente Lagos se convierta en pato cojo antes de tiempo. Por eso, aunque haya anunciado su intención de permanecer en su cargo hasta junio, lo más probable es que en la medida en que se debilite la influencia de Insulza, Lagos optará por despejar mucho antes de junio la duda sobre quién será el jefe de gabinete encargado de dirigir los destinos del gobierno e influir en la Concertación para poder cerrar con éxito su sexenio.