La ceremonia del adiós

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 10, 2004

 

La candidatura de José Miguel Insulza a la secretaría general de la OEA representa tanto una señal inequívoca de la ceremonia del adiós del sexenio de Lagos como evidencia incontrarrestable de que el actual presidente quiere que su legado alcance más allá de las fronteras nacionales.

 

El ministro más importante que ha tenido el Chile post dictadura se ha lanzado oficialmente a la carrera por conducir el principal organismo hemisférico. Después de haber coqueteado con la idea durante buena parte del 2003, Insulza optó por mantenerse en el gabinete. Pero la sorpresiva caída del Secretario General costarricense Miguel Rodríguez días después de haber asumido representó una señal inequívoca del destino para Insulza. Aquel hombre que ha logrado todos sus puestos políticos sin haberlos agresivamente buscado se encontró con una posibilidad inmejorable. Aunque Estados Unidos preferiría a algún líder centroamericano, la candidatura de Insulza es mucho más atractiva para Washington que la del mexicano Luis Derbez. Además, el chileno tiene ya el apoyo de Brasil y otros países importantes de la región. Fiel a su estilo, Insulza esperó anunciar su candidatura hasta tener una posibilidad cierta de lograr su objetivo. La misma adversidad al riesgo que no le permitió animarse a una aventura como presidenciable terminó por convertirlo en inmejorable candidato para rescatar la alicaída OEA.

 

El anuncio también subraya el inevitable fin del sexenio Lagos. Aquellos que se mantuvieron lealmente a su lado comienzan a buscar desafíos diferentes cuando la disputa por las presidenciales del 2005 opaca el liderazgo presidencial. No por mucho trabajar se logra atrasar el fin del periodo. Pero los presidentes pueden optar por negarse aceptar que su tiempo se acaba o bien pueden buscar consolidar sus legados. Una candidatura exitosa de Insulza representaría tanto una victoria personal para el justificadamente celebrado panzer como una validación internacional del liderazgo de Lagos.

 

Es cierto que al anunciar la candidatura exactamente un año antes de la presidencial, el gobierno arriesga quedar marcado por el síndrome del pato cojo. Insulza ha manejado con destreza—pero también con excesivo personalismo—las riendas de las grandes negociaciones políticas. No ha habido avance legislativo sustancial donde no haya quedado marcada la huella digital del eficiente y visionario ministro. Ahora que tenga su espíritu puesto más en Washington que en La Moneda, su liderazgo inevitablemente se resentirá. Es más, si quiere efectivamente transformar esta candidatura en una victoria presidencial y personal, necesitará también destinar sus energías y su cabeza—además de su corazón—a esa ardua y potencialmente complicada faena. Por eso, aunque formalmente no abandone su cartera en varios meses, Insulza ya perdió buena parte de su áurea de poder e influencia.

 

El Presidente Lagos ha demostrado una habilidad política inusual para alguien que dedicó más tiempo a la vida académica y a los ministerios sectoriales que a los pasillos de la política tradicional. La decisión de jugársela por la candidatura de Insulza refleja tanto su evidente interés en potenciar su liderazgo personal más allá de Chile y más allá del 2006, como también su aceptación a que es imposible evitar que se comience a desgranar definitivamente su férreo círculo de leales colaboradores a un año de las próximas presidenciales. Pero ante la disyuntiva de promover su visión y legado más allá de las fronteras nacionales y frenar esta comprensible ceremonia del adiós de sus colaboradores, el Presidente chileno ha enviado a uno de sus mejores hombres, al más notable, leal y exitoso de sus ministros a una hazaña que, de lograr éxito, le conferirán la única presea que hasta ahora no ha podido lograr en La Moneda: un indiscutido liderazgo regional validado con el apoyo y los votos de una mayoría de los presidentes de las Américas.