La cumbre despedida de Lagos

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 18, 2004

 

El presidente Lagos busca establecer un legado internacional con la cumbre APEC que comenzó el día de ayer. Pero así como su política internacional durante sus primeros 5 años fue más exitosa en el mundo que en América Latina, el éxito de esta cumbre también subraya una de las mayores frustraciones de su sexenio: el limitado liderazgo regional que logró Ricardo Lagos.  

 

Aunque México y Perú son también miembros de APEC, Latinoamérica parece no prestar gran atención a la segunda cubre APEC que se realiza en la región (México fue sede el 2002). Mientras los líderes del Asia Pacífico se reúnan en Santiago, en Costa Rica se estará celebrando la XIV Cumbre Iberoamericana en Costa Rica. Como Lagos no podrá asistir, ha enviado a Patricio Aylwin como representante, evidenciando la importancia exclusivamente simbólica que poseen las cumbres de este tipo. Pero además de forzar a los presidentes de México, Perú y Chile a tener que decidirse entre las dos cumbres, la decisión de los líderes continentales de celebrar la Cumbre Iberoamericana al mismo tiempo que Chile recibe a los líderes de la APEC evidencia el poco aprecio que sus colegas tienen, en los hechos más que en las palabras, por el primer mandatario chileno. No es una buena señal que mientras Chile celebra ser sede de la cumbre de una de las alianzas de países más importantes del mundo, Ibero-América celebre su propia cumbre.

 

Aprovechando la presencia de importantes mandatarios de estatura mundial, Ricardo Lagos comprensiblemente buscará convertir al APEC 2004 en una plataforma para hacerse escuchar en el mundo. Los éxitos económicos, sociales y políticos de Chile, la incuestionable vocación democrática personal de Lagos y sus celebrados aciertos en La Moneda le otorgan méritos de sobra para pretender alzarse como un líder de las democracias latinoamericanas.  El encuentro que sostendrá con George W. Bush permitirán también a Lagos presentarle al mandatario más poderoso del mundo sus visiones y posturas sobre lo que debieran ser las prioridades de la Casa Blanca hacia América Latina en los próximos años. Pero aunque Estados Unidos esté convencido de la necesidad de lograr que más países de América Latina tengan coaliciones políticas de gobierno estables como la Concertación y líderes de la estatura y visión de Ricardo Lagos, Washington también entiende que cuando Lagos habla, no representa la visión mayoritaria de los presidentes de América Latina.  Más que un líder respetado y reafirmado por sus pares, el presidente chileno se ha constituido en una ovacionada excepción entre los cuestionados presidentes de la región.

 

Es cierto que Chile estará en el centro de la noticia en muchos de los 21 países de APEC durante los próximos días. Los beneficios comerciales y financieros que esta publicidad puede conllevar son enormes. Pero aunque APEC efectivamente genere oportunidades económicas y de comercio para Chile en el gigantesco mercado de los países miembros, la importancia política que tendrá esta cumbre será sustancialmente inferior a lo que espera el Presidente Lagos. Como a quince meses del fin de su sexenio, no es mucho lo que puede hacer para convertirse en líder político de la región, Lagos debiera utilizar su merecida reputación mundial para explicarle al mundo cómo ayudar mejor a América Latina más que en pretender convertirse en puente entre los líderes de la región y los líderes mundiales.

 

Además de pasar a un pronto olvido político (como ocurrió con la cumbre del 2003 en Tailandia), la APEC del 2004 lamentablemente para Chile no podrá convertirse en un momento clave en que Chile consolidó su posición de liderazgo regional. El nuestro seguirá siendo el país más exitoso de América Latina, pero contrario a lo que alguna vez aspiró nuestro mandatario, Chile no se habrá constituido en un líder respetado y secundado por los otros gobiernos de la región al final del sexenio del presidente Lagos.