El mecanismo

Patricio Navia

La Tercera, octubre 14, 2004

 

Las sorpresivas declaraciones de Michelle Bachelet sobre la selección del candidato presidencial han repuesto el debate sobre el mecanismo al interior de la Concertación. Pero si no se reconocen las primarias abiertas como el único mecanismo legítimo, los costos electorales que pagará la coalición de gobierno contribuirán a una derrota el 2005.

 

Las declaraciones de Bachelet demuestran lo inútil de la posición oficial de esperar hasta noviembre para discutir el mecanismo y el candidato. Como creen que tendrán una mejor posición de negociación con los resultados en mano, los presidentes de los partidos concertacionistas optaron por convertir las municipales en una especie de distorsionada primaria. Pero mientras más se demoren en lograr consenso sobre el mecanismo, más difícil será reducir los costos de la difícil negociación después de 31 de octubre. Es más, mientras más tiempo dejan pasar, más costoso será para los partidos intentar evadir las primarias a favor de un acuerdo elitista.

 

Naturalmente, para que haya primarias se necesitan al menos dos candidatos en competencia. Si todos aquellos que no suben en las encuestas se retiran voluntariamente, bien pudiéramos tener un nombre de consenso. Pero la enorme popularidad de Ricardo Lagos en 1999 no fue suficiente para convencer al PDC de ahorrarse una derrota en las primarias. Ahora también es improbable que haya una nominación por aclamación del que vaya primero en las encuestas. Peor aun, dado que hoy las preferencias electorales parecieran ser menos estables que hace 6 años, renunciar de antemano a la posibilidad de intentar convencer al electorado con propuestas sería torpe, además de ofensivo contra el propio electorado concertacionista. Aún si la Concertación acertadamente opta por una plataforma programática de consenso (donde contribuyan con ideas los candidatos, partidos, think tanks, y personas adherentes), el electorado igual tiene el derecho de escoger a la persona mejor capacitada para llevar a cabo ese programa de consenso.

 

Bachelet correctamente enfatizó los costos de las primarias al sugerir que es “realista y creo que una primaria es extraordinariamente cara, no es fácil y tenemos tiempos muy acotados para desarrollarla.” Las primarias son caras y, como la elitista derecha abiertamente rechaza la posibilidad que sus adherentes decidan los nombres de sus candidatos, no existe posibilidad que el estado financie este ejercicio de legitimidad democrática y participación popular que, por cierto, existe en otras democracias presidencialistas.

 

Pero la popular candidata socialista ignoró el costo mucho mayor de impedir que la gente tome la decisión final. Si las encuestas constituyeran un mecanismo adecuado de legitimidad democrática, podríamos prescindir de las elecciones y confiar la decisión a las encuestas más confiables y respetadas. ¿Y cómo explicarle a la gente si la Concertación escoge a un candidato que no vaya primero en las encuestas? ¿Es legítimo escoger al que vaya segundo pero no al tercero?  ¿Y tenemos que medir la última encuesta o promediar las de los últimos dos años? Las primarias son caras. No hacer primarias resulta aún mucho más caro.

 

Al declarar que “lo único que aceptaría, en vez de primarias, es un acuerdo que tomara muy fuerte en consideración lo que es el sentir ciudadano,” Bachelet desconoció los enormes beneficios que implica organizar unas primarias. La promoción de la participación ciudadana en la toma de decisiones así como la determinación de involucrar activamente a los adherentes concertacionistas en el monumental esfuerzo de ganar una cuarta elección presidencial consecutiva debieran ser partes centrales de cualquier estrategia oficial. Las primarias no dividen, unen. Es cierto que cuando una coalición ya está profundamente dividida, las primarias sacan a flote esas divisiones. Pero una coalición dividida tiene pocas chances de ganar una presidencial, con o sin primarias. Es más, aún las coaliciones dividas pueden lograr unirse a través de unas primarias bien conducidas, con candidatos serios y responsables. 

 

Hoy por hoy, Michelle Bachelet va primera en las encuestas. Sus recientes apariciones en medios de comunicación evidencian su talento natural como candidata. Su trayectoria da fe tanto de su experiencia como militante concertacionista así como de sus habilidades como gobernante. A menos que cometa importantes errores, su popularidad debería ser suficiente para lograr una victoria en las primarias de la Concertación. Por esa misma razón, más que destacar las conocidas dificultades de llevar a cabo unas primarias, esta mujer que ha logrado personificar los deseos de igualdad de oportunidades, justicia social y derecho a soñar de los chilenos no debiera caer en el juego de los aparatos partidistas. Mientras más popular son Bachelet y Alvear, más entusiasmo tienen los líderes partidistas que se preparan a negociar, a espaldas de la gente y de las propias candidatas, un acuerdo que permita vender en odres nuevas, el mismo vino viejo concertacionista que fue exitoso estos últimos 16 años pero que se ha quedado, en buena medida por virtud de los propios partidos, sin mensaje de futuro.