Paracaídas de emergencia

Patricio Navia

La Tercera, octubre 10, 2004

 

Además de ser el ministro más influyente y poderoso desde el retorno de la democracia, José Miguel Insulza representa una inmejorable carta presidencial bajo la manga. Pero Insulza no debe ceder a la tentación de esperar que los candidatos actuales tropiecen y caigan para aspirar él mismo a ser el abanderado de la Concertación. Debe esforzarse para asegurar cotidianamente a los propios candidatos, a la Concertación y a la opinión pública que, sea quien sea el candidato, la coalición de gobierno, con su diversidad y reconocida tolerancia, es garantía de responsabilidad y gobernabilidad.

 

Entre los candidatos presidenciales concertacionistas, Insulza es como un paracaídas de emergencia. Da tranquilidad tenerlo cerca, pero sería mejor no tener que recurrir a él. Además de no poseer experiencia reciente como candidato, Insulza ha sufrido los costos de tomar decisiones difíciles. Nadie ha asumido más costos por razones de estado en el Chile concertacionista. Sus celebrados diez años como ministro lo hacen también vulnerable. Precisamente porque no es candidato declarado, no se conocen bien ni sus fortalezas ni sus debilidades electorales. A diferencia de los tres candidatos declarados, Insulza no ha bajado a la arena electoral. Aún así, es siempre tranquilizador tener un paracaídas de emergencia cuando uno se lanza en una aventura nueva y difícil.

 

Cuando tomó la decisión de mantenerse junto a Lagos en La Moneda hasta el final, los rumores sobre su candidatura se deberían haber terminado. La seguidilla de recientes proclamaciones pro-Insulza no está exenta de costos para la Concertación. El rumor que es el candidato tapado daña a los presidenciables en carrera. Porque muchos creen que Frei simplemente no podrá subir en las encuestas y que Alvear y Bachelet no están suficientemente preparadas para la campaña o la presidencia, el nombre de Insulza salta continuamente a la palestra. Pero así como los adherentes de la Concertación (no las elites de los partidos) debieran escoger al abanderado, los posibles candidatos presidenciales deben saber quiénes son sus rivales en esta carrera por ganarse la confianza y cautivar los sueños del electorado. Los candidatos tapados y los que se esconden esperando que los ya declarados se debiliten le hacen un flaco favor a la consolidación democrática. Pese a los seductores cantos de sirena, Insulza no debiera caer en ese juego.

 

Al contrario, para ser consecuente con su celebrada actitud de hombre de estado y leal militante, Insulza debe asumir una nueva tarea de estado y un nuevo desafío concertacionista. En la medida que el gobierno logre separar la carrera presidencial del accionar cotidiano del ejecutivo y del legislativo—como brillantemente ocurrió con el insuficientemente democrático acuerdo constitucional—se beneficia todo el país. Dado que es éticamente incuestionable que Lagos salga a pedir el voto (si no se involucrara, una derrota de la Concertación igual sería considerada un fracaso de Lagos), debe ser Insulza el que negocie acuerdos con una oposición que también se beneficia si el país avanza. Y en la medida que además logre articular el orden en el conglomerado, aumenta también la posibilidad que la Concertación opte por las primarias para escoger a su candidato. Mientras menos compita por aparecer como el candidato tapado, mejor paracaídas de emergencia es el ministro socialista.

 

En la medida que se tomen las medidas adecuadas para reducir los riesgos de un accidente, los paracaídas de emergencia nunca entran en acción. Si Insulza llegara a ser candidato, la única conclusión posible es que falló el diseño del gobierno y fracasó la Concertación al no poder implementar un mecanismo democrático y transparente de selección del candidato.  Peor aún, si Insulza termina siendo candidato habrá sido porque el mismo falló en su tarea de apoyar a Lagos en conducir adecuadamente al gobierno y al barco concertacionista a un feliz fin de jornada en marzo del 2006.