El único camino posible

Patricio Navia

La Tercera, octubre 2, 2004

 

El único mecanismo legítimo para la selección del abanderado de la Concertación es una primaria abierta y vinculante. Sólo unas primarias transparentes y participativas lograrán fortalecer al candidato oficial para el más difícil desafío electoral que ha enfrentado la coalición de gobierno.

 

Ahora que el cambio de gabinete ha desatado la carrera presidencial, los partidos de la Concertación se han obsesionado con la idea tapar el sol con un dedo. Mientras los candidatos a alcaldes y concejales proclaman presidenciables a través de Chile, los partidos insisten en no hablar de las presidenciales hasta después de octubre. Pero al usar metáforas ineptas para referirse al tema, los partidos hacen evidente que las municipales son solo una batalla preparatoria para las presidenciales. En vez de ser consecuentes con su discurso que estos comicios versan sobre asuntos locales, la Concertación ha presidencializado las municipales al negarse a discutir desde ya el mecanismo para la selección del candidato. Al sugerir que sus posturas sobre el mecanismo variarán dependiendo de los resultados de octubre, los partidos hacen un flaco favor a la democracia local y a los propios candidatos a alcaldes y concejales de la Concertación.

 

Como si eso fuera poco, la Concertación pasa por un momento difícil. La coalición creada para derrocar a Pinochet busca desesperadamente razones para seguir unida después de la transición. Debido a que ni el presidente Lagos ni los partidos supieron valorar adecuadamente la importancia de una coalición unida y dinámica, el estado actual de la coalición de gobierno más exitosa en la historia de Chile es deplorable. Los partidos no se tienen confianza y los líderes partidistas están más preocupados del poder interno y de las prebendas que de hacer crecer al conglomerado. El anquilosamiento ha reemplazado a la renovación como la característica definitoria de una coalición unida sólo por la afición a seguir ocupando La Moneda.

 

Pero en la medida que el sexenio Lagos llega a su fin, la necesidad de identificar un candidato único que permita aspirar a un cuarto periodo consecutivo ha llevado a los partidos a intentar reinventar a la Concertación. Para lograrlo, no pocos han sugerido que la mejor forma de seleccionar al candidato es a través de acuerdos de los liderazgos partidistas. De esta forma, señalan los apologistas del despotismo ilustrado, la Concertación puede tanto maximizar sus posibilidades de ganar como reducir el riesgo que algún partido abandone el alicaído barco oficialista. Aunque tanto en 1993 como en 1999 la selección del candidato oficial se realizó a través de primarias (cerradas las primeras y abiertas las más recientes), algunos concertacionistas quieren resucitar la vieja práctica de decidir al candidato en reuniones secretas a puertas cerradas. Pero sugerir que las primarias es solo uno de los tantos mecanismos legítimos para escoger al candidato constituye una irresponsable falacia. Si bien Aylwin fue nominado en 1989 en forma elitista y excluyente, pretender hoy retroceder en el sendero de la consolidación democrática sería atentar contra los principios de la propia Concertación. Así como resultaría inaceptable esgrimir razones de estado para poner fin a investigaciones como la de los pinocheques o sería impensable que los militares realizaran ejercicios de enlace para presionar al gobierno, hoy representa una irresponsabilidad echar marcha atrás en la consolidación y transparencia democrática. No se les puede negar a los adherentes de la Concertación el derecho a escoger ellos mismos al abanderado oficial.

 

La Concertación no tiene diferentes mecanismos de selección de candidatos entre los que escoger. Chile ha experimentado una progresión democrática que comenzó con un mecanismo de selección elitista para nominar a Patricio Aylwin, siguió con unas primarias cerradas y excluyentes para nominar a Eduardo Frei y se coronó con unas primarias abiertas, vinculantes y ejemplarmente conducidas para la nominación de Ricardo Lagos. Cualquier mecanismo distinto a las primarias abiertas y vinculantes representaría un retroceso vergonzante para una coalición que se formó buscando traer más democracia, participación y transparencia al país.

 

Por cierto, es comprensible que los partidos políticos quieran evitar las primarias abiertas y vinculantes. En la medida que la decisión la tomen los partidos y no los adherentes de la Concertación, el poder que adquieren los líderes de los partidos es enorme. Entre entregarle el poder a la gente y monopolizarlo ellos mismos, los líderes partidistas están demostrando un incontrovertible egoísmo. Si controlan ellos mismos la decisión sobre quién será el candidato, los partidos pueden negociar cupos parlamentarios y asegurarse así escaños en ambas cámaras gracias a las vergonzantes distorsiones del sistema binominal.

 

Ahora que se ha desatado la carrera presidencial corresponde a los partidos de la Concertación actuar responsable y democráticamente y anunciar a la brevedad y sin ambigüedades que el único mecanismo democráticamente legítimo para la selección del candidato es a través de primarias abiertas.