Soledad Alvear

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 4, 2004

 

Después de saberse por 4 años como favorita, Soledad Alvear ha visto disminuidas sus posibilidades de lograr la nominación concertacionista para el 2005. Ahora que ha perdido el favoritismo, la Canciller debe decidir entre tomar el toro por las astas o de arriesgarlo todo esperando que los vientos vuelvan a soplar a su favor y que sus contrincantes caigan.

 

Desde que entró espectacularmente a la campaña de Lagos luego de la primera vuelta, Alvear representó una imagen cercanía con la gente. Aunque Lagos probablemente hubiera resultado vencedor gracias a los votos de la izquierda extra-concertacionista, la inclusión de Alvear buscó evitar una improbable pro simbólica fuga de más votos moderados hacia Lavín. Al convertirse en la generalísima de la campaña, Alvear fue pieza clave en uno de los triunfos más sufridos de la Concertación. El capital político que logró entonces, añadido al que ya poseía por el de la reforma judicial penal, le permitió escoger ministerio en el primer gabinete de Lagos. En Cancillería, aunque no sabía inglés y tenía poca experiencia internacional, Alvear se esmeró en reclutar leales asesores que le permitieran atenuar debilidades y resaltar fortalezas. La preocupación de Lagos por lograr TLCs con Estados Unidos y la Unión Europea representó una ayuda enorme para la ministra. Pero la incisiva injerencia presidencial en asuntos internacionales también le planteó desafíos difíciles. Inteligentemente, ella supo brillar sin opacar a Lagos.

 

De esta forma se convirtió en la principal figura de recambio en la Concertación. Mientras Lavín se esmeraba en sorprender con golpes publicitarios menos pintorescos que los de hoy, Alvear se esforzaba por actuar como futura presidenta. En la primera mitad del sexenio, Alvear era clara favorita para convertirse en la candidata el 2005. Pero el anticipado retorno de Eduardo Frei, la impresionante arremetida de Michelle Bachelet y la siempre presente pero muchas veces negada opción presidencial de Insulza han debilitado su liderazgo. Aunque todavía tiene excelentes posibilidades, mientras más se demore Alvear en anunciar sus aspiraciones, más oportunidades tendrán los que quieren arrebatarle la nominación.

 

La presencia de Frei es la primera preocupación de Alvear. Como es el único presidenciable no ministro, la presión que ejerce Lagos para frenar la carrera presidencial no lo toca. Mientras los ministros presidenciables se esmeran en demostrar que no están en carrera, Frei hace campaña libremente. En la medida que el ex presidente logre articular proyectos concretos de futuro, sus opciones mejorarán. Aunque la última encuesta CEP mostró que más de la mitad de los chilenos dice que nunca votaría por él, Frei tiene el camino despejado en los próximos meses para intentar revertir esa tendencia.  En vez de salir a competir en el campo de las ideas con el ex mandatario, demostrando su aversión al riesgo, Alvear ha optado por apostar a que las cosas al final la terminarán favoreciendo en la DC.

 

Por cierto, aunque el liderazgo falangista de Adolfo Zaldívar ha sido celebrado por muchos, la enemistad de éste hacia Alvear pudiera terminar haciéndole más daño a ese partido que cualquiera de las presidencias DC anteriores. Al oponerse activamente a que Alvear se consolide como candidata, Zaldívar debilitó la mejor carta falangista y contribuyó a que se consolidara el liderazgo de Bachelet. Pero Alvear tampoco ha hecho mucho para sacarse a Zaldívar del camino. Fiel a su estrategia, la Canciller ha optado por esperar que sean otros los que se encarguen de debilitar al presidente DC. Además, aún si Alvear logra imponerse como abanderada DC, la popularidad actual de Bachelet representa el desafío más complejo de todos y la barrera más difícil de superar. Hoy, Bachelet la derrotaría fácilmente en primarias abiertas. Mientras el apoyo de concertacionistas e independientes reflejan el entusiasmo que despierta Bachelet, el encanto que genera Alvear es casi tan reservado como la propia Canciller.  

 

Una de las alternativas de Alvear es renunciar a Cancillería para abocarse a hacer campaña y recuperar terreno. Otros argumentan que sería inconveniente enemistarse con Lagos y renunciar a la publicidad que generará la cumbre APEC en noviembre. Pero aunque es importante mantener buenas relaciones con Lagos, nadie ha sido electo presidente por aparecer en fotos con líderes extranjeros. Felizmente para Alvear, sus aspiraciones presidenciales se pueden consolidar sin salir del gabinete. Bastaría con que ella se animara a comenzar a hacer campaña. Pese a que Lagos lo resentiría, el costo de castigarla sería demasiado alto para el presidente. Si Alvear se la juega hoy, su nominación presidencial en la DC será imposible de frenar. Pero sus opciones hoy están en baja. Confrontada ante la opción de jugársela, Alvear se obstina en su estrategia de esperar que las cosas simplemente se den a su favor. Aunque igual puede terminar siendo la abanderada oficial, la decisión de esperar que sean los demás los que cometan los errores refleja una comprensible pero potencialmente paralizante aversión al riesgo de la primera mujer chilena que se supo con opciones reales de alcanzar el sillón presidencial.