No por mucho trasnochar

Patricio Navia

La Tercera, agosto 29, 2004

 

Mientras más se esmere el Presidente Lagos en evitar ser opacado por la incipiente carrera presidencial, más difícil será para la Concertación consensuar el proceso de selección del candidato oficial y más desordenada será la discusión sobre las propuestas con que buscará una cuarta victoria presidencial consecutiva el 2005.

 

Como no puede haber más de un sol en el firmamento, a medida que su sexenio llega a su fin, Lagos comprensiblemente ha intentado frenar la aparición de un nuevo sol en el cielo concertacionista. Pero la carrera presidencial se desató abiertamente cuando se inscribieron los candidatos para las próximas municipales. Una vez que la elite concertacionista exitosamente negoció la lista única de candidatos, la preocupación de los aspirantes a alcaldes y concejales ha sido concitar apoyos y amarrar lealtades que les permitan más votos el 31 de octubre.  Los aspirantes presidenciales concertacionistas han sido los más solicitados para fotos y proclamaciones de campaña. Inevitablemente, los bonos de Bachelet, Alvear, Frei y los otros presidenciables han ido subiendo de valor mientras los de Lagos han comenzado a disminuir. Por más popular que sea, será muy difícil traspasar los altos niveles de aprobación personal de Lagos a los candidatos concertacionistas. 

 

Naturalmente, el esfuerzo por seguir manejando la agenda política nacional, con anuncios de iniciativas legislativas y de políticas públicas se hará crecientemente más difícil. Por otro lado, aunque los presidenciables del gabinete insistan en declarar que no están en campaña, la evidencia de lo contrario será concluyente. Peor aún, mientras más insista en que la discusión sobre la nominación presidencial debe ocurrir sólo después de las municipales, más tensiones generará Lagos con sus ministras estrellas que sienten la cotidiana presión de sus simpatizantes para que anuncien su intención de buscar la primera magistratura.

 

Si Lagos insiste en desconocer que la carrera presidencial ya se inició—olvidando incluso que él ya estaba en campaña 16 meses antes de la presidencial de 1999—su capacidad para influir en los aspirantes presidenciales será aún menor. Es más, mientras más se demore en convocar a los partidos a discutir sobre el mecanismo de selección del candidato (que debería quedar en claro cuanto antes), menos influencia tendrá si los líderes concertacionistas siguen su instinto de ignorar la voluntad popular al nominar al candidato. De no haber primarias abiertas, la gigantesca irresponsabilidad de los líderes concertacionistas será solo inferior a la que le cabrá a Lagos por no defender a tiempo las primarias, única instancia de legitimidad democrática para escoger al abanderado oficial.

 

En los meses que vienen, las iniciativas de Lagos debieran estar destinadas a fortalecer la Concertación, a asegurar la recuperación económica con generación de empleos, a combatir la delincuencia (principal herramienta electoral de Lavín) y a construir una plataforma electoral que le permita a la Concertación ganar la próxima presidencial. Solo así Lagos podrá evitar entregarle la banda presidencial al hombre que buscó hacerle sombra desde la misma noche en que Lagos ganó la segunda vuelta presidencial. Pese a que le resulta comprensiblemente difícil aceptar que su periodo se acaba, Lagos debiera entender que no por mucho trasnochar, el sol de su sexenio presidencial se ocultará más tarde.