Súper Lagos

Patricio Navia

La Tercera, agosto 7, 2004

 

La alta popularidad de Lagos representa la base más sólida para una campaña presidencial exitosa de la Concertación el 2005. Pero mientras más se demore el presidente en intentar convertir su aprobación personal en intención de voto para la Concertación y mientras más se complique el proceso de nominación del candidato, más difícil será lograr transformar la actual debilidad de Joaquín Lavín en una cuarta victoria presidencial consecutiva para la coalición de centro-izquierda.

 

La reciente encuesta del Centro de Estudios Públicos entregó valiosa información sobre al menos cinco asuntos destacados. Primero, con un 57% de aprobación de su gestión, Lagos es el capital político más preciado de la Concertación. Pero si no logra convertir esa aprobación en una incuestionable victoria concertacionista en las próximas municipales, poco podrá influir tanto en la nominación del candidato presidencial concertacionista como en los resultados de diciembre del 2005.

 

Segundo, si bien Lavín se mantiene como el candidato con más intención de voto (32%), el porcentaje de chilenos que piensa que él será el próximo presidente ha disminuido de 56 a 38% en 18 meses. Por otro lado, aunque es evidente que Lavín es vulnerable y que muchos en su sector se anticiparon a cantar victoria antes de tiempo, sería igualmente irresponsable suponer que la Concertación tiene la victoria asegurada el 2005.

 

Tercero, el impresionante despegue de Michelle Bachelet en intención de voto y en la percepción sobre sus chances electorales representa un enorme desafío para la Concertación. A menos que el PS aprenda de la capacidad de Bachelet para llegar más allá del voto duro de su partido y que el PPD entienda que su mejor carta es apoyarla, la posición actual de Bachelet no será sustentable en el tiempo. Para ser candidata creíble, Bachelet debe complementar su popularidad con un proyecto colectivo sólido, equipos afiatados y posicionamiento en la elite económica y política. Pero por sobre todo, debe explicitar inequívocamente su intención de buscar la primera magistratura.

 

Cuarto, el estancamiento de Soledad Alvear en las encuestas (sólo el 10% la tiene como primera opción para la presidencia) presenta un enorme inconveniente para la mujer que se supo favorita durante los primeros años del sexenio laguista. Ahora debe dedicarse activamente a hacer campaña y confirmar a sus potenciales aliados y adherentes su intención de correr los riesgos y dar las peleas que requiere ganar la nominación concertacionista. De lo contrario, su nombre se unirá a la lista de notables políticos que vieron frustrados sus deseos de llegar a la primera magistratura cuando fueron derrotados por otros menos populares que se animaron a arriesgar más.

 

Quinto, al ex presidente Frei le resulta muy difícil subir en las encuestas. Un 54% dice que ‘en ningún caso’ votaría por el ex mandatario. Ya que ese voto de rechazo llega a un 39% en el caso de Lavín, un 29% en el caso de Alvear y sólo un 23% para Bachelet, más que convencer a un electorado indeciso, Frei debe urgentemente abocarse a reducir el rechazo que ahora produce en la opinión pública.

 

En un contexto de creciente incertidumbre y mucho dinamismo, donde los temas de la campaña aún no han sido definidos (con el empleo y la delincuencia empatados en primer lugar y la salud y la pobreza peleándose el tercer puesto en las preocupaciones ciudadanas), tanto la identidad del candidato oficial como la plataforma sobre la que construya su mensaje serán decisivos para determinar si la vulnerabilidad actual de Lavín se convierta en una indiscutible victoria concertacionista.  La primera prueba para saber si la Concertación logrará finalmente una nueva victoria electoral será la próxima elección municipal.  Si la popularidad de Lagos determina una victoria concertacionista, el ahora mandatario controlará decisivamente las riendas de la coalición gobernante influyendo tanto en el proceso de nominación como en la identidad del candidato. Si en cambio no es capaz de traspasar su popularidad a la Concertación, Lagos no podrá contribuir a que la coalición de gobierno sortee ordenadamente el proceso de nominación del próximo candidato presidencial.

 

Mientras más ordenado, unitario, transparente y legítimo sea el proceso de nominación del candidato concertacionista, más factible será derrotar a Lavín en diciembre del 2005. De forma similar a 1999, en octubre del 2004 se medirán Lavín y Lagos. Pero ahora lo harán vicariamente, a través de los candidatos concertacionistas y aliancistas. Si gana Lavín, su llegada a La Moneda en marzo del 2006 estará prácticamente asegurada. Si en cambio gana la Concertación, Lagos habrá demostrado que puede traspasar su popularidad personal a los candidatos de su coalición. En ese caso, su aprobación actual de 57% representará un tranquilizador capital político para una coalición de gobierno que hasta hace un año se sentía injustificadamente perdedora y que ahora comienza a sentir infundadamente que tiene una victoria asegurada en diciembre del 2005.