Primera sin segunda
Patricio Navia
La Tercera, domingo 18 de julio de 2004

Si bien es cierto el presidente Lagos logrará abandonar la presidencia con un enorme capital político, sus perspectivas electorales futuras dependerán fundamentalmente de su capacidad de lograr la refundación de la izquierda chilena. Mientras más se aboque a lograr una profunda renovación organizacional, programática y generacional de los partidos de izquierda, mejores serán sus posibilidades de seguir siendo un actor relevante en la política chilena después de marzo del 2006.

 

Naturalmente, el objetivo inmediato del presidente Lagos debe ser cerrar exitosamente su sexenio. Aunque ha enfrentado problemas y cometido errores (algunos torpes e innegablemente evitables), el sexenio de Lagos compartirá la característica fundamental de los dos gobiernos anteriores. Chile ya es hoy un país mucho mejor que cuando asumió el primer mandatario. Los logros de su gobierno dejarán una loable huella indeleble. Y aunque su ambicioso plan original no llegue a convertirse en realidad, su sexenio quedará marcado mucho más por los logros de Lagos que por sus desaciertos.

Es más, su popularidad personal sin duda sobrevivirá a cualquier resultado electoral en diciembre del 2005. Gane o pierda el candidato concertacionista, Lagos saldrá con la frente en alto. Pero su proyección futura dependerá sustancialmente del resultado en diciembre del 2005.

 

Un triunfo de Lavín forzará las condiciones para iniciar una renovación de la Concertación donde el liderazgo de Lagos no ocupe un papel fundamental. Si intenta convertirse en el líder de la oposición a Lavín, Lagos le hará un flaco favor a la centro-izquierda nacional. Así como hubiera sido mucho mejor para Pinochet abandonar la política después de su derrota en el plebiscito de 1988, sería mucho mejor para su propio lugar en la historia que Lagos también abandone la política si la Concertación es derrotada en diciembre del 2005. A diferencia de Pinochet, cuya obstinación por seguir siendo un actor relevante sólo logró hundir sus aspiraciones de construirse un lugar privilegiado en la historia nacional, Lagos debiera asumir que, de ganar Lavín, lo mejor para la izquierda chilena y para su propio lugar en la historia será su retiro definitivo de la política.

 

En cambio, un triunfo del candidato concertacionista respaldará su aspiración de seguir siendo un actor relevante en la izquierda nacional. Pero para lograrlo, Lagos necesitará liderar una transformación profunda en la izquierda chilena. Primero, el exitoso ex presidente deberá abocarse a la difícil tarea de construir partidos eficientes, incluyentes y pragmáticos. Las patéticas diatribas propias de la inquisición y plagadas de intolerancia y mal entendidos deseos de unidad y disciplina que han caracterizado las acciones del liderazgo actual del PS subrayan la necesidad de renovar la visión de mundo imperante en buena parte de la izquierda concertacionista. Más que privilegiar la unidad en la diversidad, el socialismo ha dado muestras de ser un partido excluyente y vengativo. Pero la autoridad moral de Lagos y su capital político construido gracias a los logros de su sexenio le permitirán aunar fuerzas con los sectores más renovados—e incidentalmente también con los socialistas más jóvenes, que han demostrado una actitud mucho más tolerante, pluralista y madura que la mesa del partido—para construir el más grande de los desafíos que enfrenta hoy cualquier aspirante a líder de la izquierda para el bicentenario. Para poder aspirar a volver al poder, Lagos debe lograr primero la reunificación de toda la izquierda en un solo partido, en un proyecto tolerante, incluyente, moderno, con visión de futuro y propuestas concretas que permitan a Chile seguir avanzando tanto en el sendero del crecimiento económico como en la reducción de las profundas y vergonzantes desigualdades que caracterizan a nuestra sociedad.

 

Aunque la izquierda siga viendo en Allende a su líder más querido y admirado, construir partido a partir de los logros del gobierno de Lagos representa el único modelo posible de éxito futuro para la izquierda. Pero para que esto se convierta en realidad, Lagos necesita primero abocarse a lograr un triunfo concertacionista en diciembre del 2005 y luego dedicarse fundamentalmente a lograr la refundación de la izquierda en un solo partido eficiente, tolerante, moderno y pluralista con un mensaje que busque proveer de nuevas herramientas y renovados bríos el histórico compromiso socialista de  seguir abriendo las grandes alamedas.