El retorno de Frei

Patricio Navia

La Tercera, julio 9, 2004

 

El retorno del ex presidente Eduardo Frei a la arena electoral subraya tanto la necesidad de que la Concertación adopte pronto un mecanismo de selección de candidato así como los riesgos de que las disputas entre los presidenciables oficialistas faciliten el triunfo de Joaquín Lavín en diciembre del 2005.

 

Después de una sorpresivamente larga convalecencia, Frei volvió con nuevos bríos. Pese a las dificultades de su sexenio, Chile mejoró mucho bajo su presidencia. Aunque algunos éxitos y fracasos hubieran ocurrido de todos modos, el sexenio Frei Ruiz-Tagle pasará a la historia como una de las mejores presidencias modernas. Ese éxito anterior sería razón suficiente para convertirlo en excelente carta presidencial. Pero Frei inteligentemente ha entendido que los chilenos no sólo quieren garantías de buen gobierno, sino también buscan promesas de futuro que logren cautivar su imaginación. Por eso, el candidato más votado en la historia del Chile democrático insiste en hablar del futuro. Su postura pública más juvenil, moderna y relajada contribuye también a construir una imagen que busca combinar una garantía de gobernabilidad con un proyecto de futuro. 

 

Lamentablemente, esa estrategia se ve debilitada por dos importantes factores. Primero, Frei se ha rodeado casi exclusivamente de los mismos aliados que en su exitosa aventura electoral de 1993. Porque una imagen habla más que mil palabras, el discurso de renovación se debilita cuando junto a Frei aparecen políticos que inevitablemente reflejan más el pasado que el futuro. Para que su mensaje de cambio y renovación surta efecto, Frei no sólo debe abandonar las corbatas. También debe dejar atrás a los asesores que lo acompañaron en su primer exitoso periodo. Segundo, la competencia interna DC por ser el candidato oficial del partido han forzado a Frei a competir en una arena que no le acomoda. El evidente liderazgo en las encuestas de Soledad Alvear y las desmedidas aspiraciones de Adolfo Zaldívar obligan a Frei a trabajar hoy mucho más que en 1993 para convencer a los militantes DC que la suya es la mejor opción. La presencia de la vieja guardia freista empeora aún más las cosas al interior de la DC. Porque no ha logrado asociarse con figuras DC emergentes con presencia y liderazgo nacional (como los candidatos a alcaldes Claudio Orrego y Alberto Undurraga o el mismo Marcelo Trivelli), Frei no ha logrado aún demostrar en hechos concretos su discurso de renovación y cambio.

 

Adicionalmente, al no existir un mecanismo establecido para la selección del candidato concertacionista, la campaña declarada de Frei no sabe cuál es el primer objetivo a conquistar. Si la selección se realiza a través de primarias, Frei necesitará subir rápidamente en las encuestas para alcanzar a Soledad Alvear y Michelle Bachelet. Si en cambio las elites de los partidos concertacionistas escogen al candidato (o se establece que cada partido podrá nominar sólo un candidato para las primarias), entonces Frei deberá abocarse a ganar apoyos primero al interior de la DC para imponerse luego como abanderado concertacionista.

 

De cualquier forma, las opciones de Frei parecen inversamente relacionadas a las fortalezas de Alvear y Bachelet. Por eso, su círculo cercano ha comenzado a cuestionar tanto el liderazgo como las probabilidades de ganar de las ministras Bachelet y Alvear. Más que construir sobre las fortalezas del ex presidente, el círculo de hierro de Frei ha optado por la estrategia de debilitar a las ministras. Además de representar una apuesta riesgosa, toda vez que muchos electores afines a las mujeres presidenciables pudieran castigar a Frei en las urnas si perciben que impuso su nombre con herramientas innobles, esa estrategia debilita una de las fortalezas que hoy beneficia a todos los aspirantes de la Concertación. La coalición ha sabido garantizar gobernabilidad y, pese a las rencillas internas permanentes, ha podido lograr mucho más consensos y unidad que cualquier otra coalición en nuestra historia reciente. Al pretender posicionarlo contrastando sus evidentes habilidades con supuestas debilidades de las chicas superpoderosas, los alfiles de Frei perjudican la fortaleza electoral de toda la Concertación.

 

Pese a que no pareciera aún lograr subir en las encuestas, la oficialización de la candidatura presidencial de Eduardo Frei comprensiblemente preocupa a los otros aspirantes concertacionistas. Frei reconocidamente posee grandes habilidades para construir alianzas, hacer campaña y reunir fondos económicos para financiarla. Las ministras correctamente estiman que el ex presidente representa la única barrera que las separa de una nominación presidencial concertacionista segura. Pero por el bien de la Concertación que Frei ayudó a construir y consolidar, y por el propio lugar destacado que se merece él en la historia, su esfuerzo por lograr la nominación concertacionista debiera buscar mucho más subrayar sus fortalezas que hurgar en las debilidades de sus contrincantes. De lo contrario, más que contribuir a mejorar las opciones de un triunfo concertacionista, esta campaña sólo beneficiará las opciones del abanderado de la Alianza por Chile.