La militancia de Lagos

Patricio Navia

La Tercera, junio 27, 2004

 

La entrevista concedida por el presidente Lagos a Álvaro Vargas Llosa para La Tercera hace una semana destaca con singular claridad la creciente disociación que existe entre el  presidente Lagos y la Concertación. Mientras Lagos se esmera cada día más en mejorar su imagen personal y su aprobación por su correcto desempeño, su preocupación por el futuro de la Concertación pareciera ir en disminución.

 

Ante la pregunta de Vargas Llosa sobre una posible victoria conservadora, Lagos explícitamente señaló que “la derecha chilena está preparada para gobernar de acuerdo al juego democrático.” Más adelante, señaló que “como jefe de estado uno tiene que ser neutral en una campaña.” Al decir eso, Lagos olvida que antes de ser jefe de estado, es un militante de la Concertación. Es más, supone que los jefes de Estado no pueden ejercer su derecho ciudadano a tener opinión política y hacer campaña por sus candidatos. Peor aún, desconociendo que su propia posición de primer mandatario se debe al trabajo abnegado de miles de concertacionistas que hicieron campaña en 1999 (incluyendo al entonces jefe de estado Eduardo Frei), Lagos pretende desligarse de su mayor desafío político pendiente, contribuir al triunfo de la Concertación el 2005. Si no busca que la Concertación establezca un procedimiento democrático para la selección de un candidato(a) presidencial único(a), Lagos pasará a la historia como el último presidente de la Concertación, el líder incapaz de darle a la exitosa coalición de gobierno una visión de país para la primera parte del nuevo siglo. En fin, si Lavín gana el 2005, la última actuación pública de Lagos será entregar la banda presidencial al primer presidente derechista post Pinochet.

 

Luego, frente a la pregunta de si volverá a ser candidato presidencial, Lagos ambiguamente señaló que “gracias... Mi futuro va por este lado: estoy ampliando la biblioteca de mi casa en Caleu... y eso me tiene entretenido.”  Pese a que en marzo del 2012 cumplirá tendrá 72 años, Lagos se niega a descartar la opción de intentar volver a la primera magistratura. Aunque su liderazgo e influencia sobre la izquierda inevitablemente se prolongarán más allá de su sexenio presidencial, la necesidad de una renovación ideológica y generacional en el progresismo chileno se verán entorpecidas si Lagos busca mantenerse como líder indiscutido de ese sector. Desde que su participación en el movimiento democrático antidictatorial lo pusieran en primer lugar en la izquierda en 1988, Lagos ha sido el líder indiscutido de la izquierda por 16 años. Ni la izquierda ni el país se beneficiarían si Lagos opta por bloquear el cambio generacional en su sector.

 

Por cierto, la conocida alta estima personal de la que goza el primer mandatario también quedó en evidencia en la entrevista. Al contar detalles de cómo se negó a aceptar las presiones de Bush antes de la guerra contra Irak, de cómo le aclaró la película a otros líderes mundiales, y de dar ejemplos de cómo sus posturas en temas internacionales son respetadas y valoradas, Lagos le hace un flaco favor a su evidente condición de líder latinoamericano. Cuando uno es influyente y respetado, no es necesario hacer alarde de ello. Cuando los influyentes se vanaglorian públicamente de su influencia, su capacidad de ejercer poder disminuye significativamente.

 

En su entretenida y lúcida conversación con Vargas Llosa, Lagos dejó en evidencia enormes fortalezas y sus lamentables debilidades, su enorme liderazgo personal y su evidente falta de sintonía con los conflictos por los que actualmente atraviesa la coalición de gobierno. Si en los meses que le restan en el cargo el presidente Lagos es capaz de controlar sus debilidades, la constelación de los astros económicos, sociales y políticos que rodearán la presidencial del 2005 bien pudieran ayudarlo a coronar su exitoso sexenio entregando la banda presidencial al cuarto presidente concertacionista electo democráticamente en el país.