La política Internacional de Lavín

Patricio Navia

La Tercera, mayo 29, 2004

 

Para un hombre que lleva seis años como candidato presidencial en el país más comercialmente incorporado de América Latina, las propuestas recientes de política internacional de Joaquín Lavín sólo buscan profundizar los logros de la administración Lagos sin hacerse cargos de los fracasos en política internacional del actual mandatario. 

 

La administración Lagos privilegió dos grandes prioridades en su política internacional.  Una ha sido exitosa, pero ahora tiene retornos marginales decrecientes, mientras que la otra fue un fracaso. Los acuerdos de integración económica le han permitido al presidente Lagos sellar alianzas estratégicas de largo plazo con EEUU y la Unión Europea. Uno de sus grandes legados será la adopción de TLC que confirman nuestro liderazgo innovador en América Latina. Pero la otra prioridad de su política internacional, una mayor integración con nuestros vecinos, es ya una de los fracasos de gobierno. Hoy, las relaciones son difíciles con nuestros tres vecinos y con varios países importantes de América Latina. Así como Lagos recibe los beneficios por los TLC, aunque éstos igual hubieran sido firmados si él no estuviera, los costos de tener malas relaciones con los vecinos también pesan en el balance final de su gestión internacional.

 

A medida que se acercan las próximas elecciones, es importante evaluar las propuestas de política internacional de los diferentes candidatos. La de Lavín consiste en la profundización de la integración económica, pero no contempla alternativas innovadoras para mejorar las relaciones con nuestros países vecinos. Nuestra derecha heredó de su férreo apoyo a Pinochet una mala reputación en el mundo. Aunque muchos reconocen los aciertos de la política económica en los últimos años de la dictadura, todos acertadamente censuran la defensa pasiva o activa de las atrocidades cometidas durante el gobierno militar. No es fácil para un derechista chileno salir a buscar apoyos políticos en países democráticos.

 

Lavín ha buscado en forma permanente distanciarse de la imagen autoritaria de Pinochet—aunque no de su legado de democracia protegida—privilegiando una imagen de mayor pluralismo. Igual que líderes derechistas de otros países con herencia dictatorial, la estrategia de Pablo Longueira consistía en abrazar posturas moderadas y centristas. Lavín representaba fielmente esa visión. Ahora que la UDI ha vuelto a ser liderada por Jovino Novoa, un apologista y ex funcionario de la dictadura, y que el presidente de RN es quien negara en la ONU que en Chile se violaban los derechos humanos, la tarea de distanciarse del legado autoritario de Pinochet resulta más difícil para el presidenciable de la Alianza. En Chile, Lavín ha logrado distanciarse del legado dictatorial, aunque su militancia UDI le resta más de lo que le suma electoralmente. Pero internacionalmente, Lavín ha tenido más dificultades para recibir la aceptación de una comunidad democrática donde la imagen de Pinochet está inevitablemente asociada a las violaciones a los derechos humanos.

 

Su reciente deslucida gira a Rusia subraya las dificultades que ha tenido nuestra derecha para lograr renovar su prestigio internacional. En vez de visitar capitales de países gobernados por derechistas reconocidamente democráticos, Lavín ha demostrado predilección por visitar líderes cuyas credenciales democráticas están en tela de juicio. En años recientes, la democracia rusa se ha debilitado y el populismo autoritario de Putin se ha impuesto como la única fuente de poder. También fue desatinado que Lavín fuera a visitar a Fujimori en Perú y a celebrar sus reformas económicas meses antes de que el hombre fuerte peruano renunciara en medio de acusaciones de corrupción y fraude electoral.

 

Su anuncio de futuras visitas al medio oriente y China nuevamente destacan una predilección especial de Lavín por países donde la democracia no funciona bien. Los presidentes tienen que fomentar relaciones con países democráticos y autoritarios, pero una coalición política que todavía debe pasar el test de la blancura democrática—y que insiste en defender múltiples enclaves autoritarios—la selección de países que visita el candidato presidencial no puede ser un asunto trivial.

 

Pero el grave error de política exterior de Lavín es ignorar que el principal desafío del próximo presidente será reconstruir las relaciones con nuestros vecinos, no seguir mejorando las relaciones con países geográficamente distantes. Dado que ya tenemos excelentes alianzas con Estados Unidos y Europa, el desafío actual es proponer soluciones innovadoras, serias y creativas que nos permitan mejores relaciones con nuestros vecinos.  Uno no elige su vecindario internacional, pero si puede lograr relaciones civilizadas con los vecinos. Aunque no haya podido hacer nada para evitarlo, el presidente Lagos, pese a su discurso de unidad latinoamericana, fracasó en su intento por lograr una mayor integración regional. Para tener una política internacional exitosa, el próximo presidente necesitará hacer mucho más que profundizar lazos comerciales con el mundo, tendrá que implementar un plan para recomponer las relaciones con nuestros vecinos más inmediatos.