El Acto Final

Patricio Navia

La Tercera, Domingo, Mayo 23, 2004

 

El desafío pendiente más importante que enfrenta el presidente Lagos es lograr que la Concertación presente un candidato único electo a través de primarias abiertas y vinculantes para las presidenciales del 2005.

 

A diferencia de Aylwin, que después de obtener la nominación presidencial PDC en irregular elección interna entendió que no podría influir en la nominación de su sucesor, y de Frei Ruiz-Tagle, que después de haberlo derrotado en primarias parcialmente abiertas siempre supo que su sucesor sería Ricardo Lagos, el actual presidente tenía una inmejorable oportunidad para influir en el nombre de su sucesor. Pero al llegar a La Moneda, para demostrar su independencia, Lagos no intentó encausar a los partidos a adoptar posiciones conducentes a fortalecer la Concertación. El presidente sólo se inmiscuyó ocasional y arbitrariamente en las negociaciones de los partidos de la Concertación. Para las parlamentarias del 2001, intercedió por su senador amigo (y ahora crítico) Carlos Ominami, logrando que el populista Nelson Ávila cambiara de circunscripción. Pero al renunciar a ejercer su condición de líder natural de la coalición de gobierno, Lagos dio rienda suelta a los partidos para que éstos destruyeran la cultura de partido transversal que se habían venido formando desde 1990. Es más, ignorando que uno de sus principales desafíos era la refundación de esa exitosa coalición política, Lagos privilegió siempre su popularidad personal por sobre la fortaleza de la Concertación.

 

Hoy el presidente goza de saludables niveles de aprobación. Pero después de haber realizado su quinta y penúltima rendición de cuentas ante el Congreso Nacional, Lagos comienza a preparar su salida de La Moneda. Además de terminar de delinear su meritorio legado, el presidente debe abocarse a que su delfín presidencial gane en diciembre del 2005. Tener que entregar la banda presidencial a Joaquín Lavín teñiría definitiva e inevitablemente su legado e inevitablemente lo asociaría con el fin de la coalición política más exitosa de la historia democrática chilena.

 

Aunque aparentemente tiene más de un delfín—además de las ministras Alvear y Bachelet, hay otros tres ministros con opciones: Insulza, Bitar y Ravinet—y su popularidad personal sigue en aumento, el presidente está atado de manos para influir en la nominación del candidato concertacionista. Esa misma coalición que abandonó al comenzar su periodo tiene ahora la tarea de escoger al abanderado presidencial. Las señales de rechazo a primarias abiertas enviadas desde los partidos anticipan una nominación entre gallos y medianoche desconociendo las preferencias del electorado y respondiendo solamente a los intereses de los líderes y caudillos de los 4 partidos. Porque desconocen que la coalición es mucho más que la suma de los partidos, los partidos bien pudieran apretar el gatillo que de muerte a la Concertación. Porque Lagos ignoró que una de sus tareas era forjar un nuevo proyecto de futuro que permitiera la proyección de la Concertación más allá de la desaparición de Pinochet como sujeto real y simbólico de nuestra política, la responsabilidad de no haberse ya comprometido a primarias abiertas y vinculantes es compartida tanto por el caudillismo partidista como por la imperdonable omisión de un presidente que nunca asumió su rol de líder de su coalición. Peor aún, porque resulta muy difícil traspasar la popularidad personal, el enorme capital político de Lagos no podrá ser aprovechado por el abanderado de la Concertación, aún si éste fuera escogido en primarias abiertas y vinculantes.

 

Ahora que su periodo efectivo de gobierno se reduce a doce meses, y considerando que la derecha ha abandonado su postura negociadora—tanto por el liderazgo confrontacional de Jovino Novoa en la UDI como por la cercanía de los comicios municipales—Lagos enfrenta el acto final de su sexenio, la sucesión presidencial. Pero las decisiones que tomó durante los primeros años de su mandato no le permitirán influir adecuadamente en el resultado de este proceso.