Apagón en la Concertación

Patricio Navia

Mayo 2, 2004

 

La irresponsable actitud del gobierno argentino que gatilló esta crisis energética está motivada por la misma preocupación cortoplacista que llevó a la Concertación a ignorar lo que quería la gente al escoger a su candidato a alcalde por Santiago. Como toda la política siempre es local, así como la actitud del presidente Kirchner se explica por sus políticas populistas, la decisión de imponer a Jorge Schaulsohn en Santiago se explica porque la Concertación está controlada por partidos políticos preocupados más de sus feudos que del bien de la coalición de gobierno.

 

La crisis del gas es resultado de la irresponsable, pero popular, decisión de Kirchner de mantener artificialmente bajas las tarifas eléctricas en su país. La revitalización económica y ausencia de incentivos para nuevas inversiones en el sector generaron desabastecimiento. Como Kirchner está más interesado en su popularidad personal que en gobernar responsablemente, optó desconocer los acuerdos con nuestro país y simplemente cortarnos el gas. Aunque en Chile han arreciado las críticas al gobierno por confiar demasiado en el gobierno argentino, algunos políticos han demostrado una sorprendente capacidad para adoptar un discurso populista fácil. Aunque corresponde un debate sobre la diversificación en inversiones energéticas (con un mea culpa de Lagos por no haber promovido la construcción de nuevas centrales hidroeléctricas), las críticas de la derecha no corresponden a la actitud responsable que precisa la oposición para representar una alternativa viable de gobierno.

 

Pese a subrayar con impecable lógica que “no se puede hacer política interna con la política exterior,” Alvear olvida que ha convertido a Relaciones Exteriores en su plataforma electoral. Sin experiencia previa en la materia, Alvear buscó Cancillería porque podría conseguir logros importantes sin enfrentar grandes problemas. Pese a sus reconocidos logros, su impericia diplomática ha quedado en evidencia en varias ocasiones. Así y todo, es difícil imaginar que algún otro Canciller podría haber hecho algo diferente frente a esta gas.

 

Comprensiblemente, la derecha ha intentado enlodar a Alvear. Pablo Longueira, presidente UDI renunciado demasiado activo para ser considerado un perdedor, señaló que “no se puede usar la política exterior de un país con fines internos.” Como si el patético viaje de Joaquín Lavín a Haití no hubiera buscado exactamente lo mismo, Longueira además olvida que fue la propia UDI la que introdujo el marketing populista cortoplacista en nuestra política a fines de la década de los 90.  Al criticar las propias estrategias popularizadas por su líder, Longueira da cuenta de la nula capacidad de autocrítica del gremialismo. Peor aún, al atacar a Alvear, la UDI implícitamente reconoce que Lavín no podrá ganar por sus propios méritos, sino que tendrá que buscar la presidencia destruyendo y sacando de carrera a sus rivales antes de enfrentarlos en una elección popular.

 

Irresponsablemente, algunos en la Concertación se han unido al coro que quiere ver caer a la Canciller. Aunque es entendible que legisladores oficialistas desesperados por segundos televisivos salgan a reprochar al gobierno, la actitud cómplice del liderazgo partidista DC contra los ataques a la Canciller es deplorable. Desde que llegó a la presidencia de su partido, Adolfo Zaldívar no ha ocultado sus infundadas aspiraciones presidenciales. Pero sabiendo que su nombre ni siquiera aparece en las encuestas, quiere imponerse sacando de carrera a los otros aspirantes DC.

 

Esa actitud es sintomática de la principal amenaza que enfrenta hoy la Concertación: la autodestrucción. Rehén de los partidos que la componen—pero electoral y políticamente mucho más que la suma de esos partidos—la Concertación enfrenta a su principal enemigo en los liderazgos partidistas. La decisión de imponer al eficiente e inteligente Jorge Schaulsohn como candidato en Santiago demostró que los partidos están dispuestos incluso a arriesgar la viabilidad electoral de la coalición para satisfacer sus intereses particulares. Pese a ir bastante más arriba en las encuestas y tener una capacidad para formar equipos y articular un discurso concertacionista incluyente sustancialmente superior a la demostrada por el solitario e individualista Schaulsohn, Marcelo Trivelli carecía de influencia en los aparatos partidistas y fue sacrificado, pese a que ahora la Concertación arriesga perder Santiago. Más que buscar el bien de la coalición de gobierno y del país en general, los partidos que componen la Concertación actuaron con la misma mirada sesgada y corto placista que llevó a Kirchner a producir la crisis del gas.

 

La incomprensible decisión del presidente Lagos de abstenerse de imponer la racionalidad en la Concertación en la selección del candidato por Santiago es un mal augurio para el difícil proceso de selección del candidato presidencial de esa coalición. Si a la hora de escoger el nombre en Santiago se ignoró lo que quería la gente, la selección del abanderado presidencial de esa coalición podría representar una amenaza a la estabilidad política del país mucho peor que cualquier disminución en el suministro de electricidad que experimentemos este invierno.