Santiago

Patricio Navia

La Tercera, abril 17, 2004

 

La disputa por las candidaturas de la Concertación y la Alianza para la alcaldía de Santiago inmejorablemente refleja las fortalezas y debilidades de los dos grandes conglomerados políticos. Mientras la Alianza depende del liderazgo de Lavín, la Concertación puede terminar perdiendo si no define pronto un nombre. Aunque Santiago no es Chile, la forma en que aborden los desafíos electorales en la capital nos dirá mucho sobre las posibilidades de éxito de cada coalición en las presidenciales del 2005.

 

La derecha lleva 5 años con todos sus huevos en la canasta de Joaquín Lavín. La incapacidad de generar liderazgos alternativos y nombres de recambio queda en patética evidencia en la disputa por la candidatura en Santiago. Luego de haber anunciado con bombos y platillos que su candidato era Raúl Alcaíno, Lavín dejó abierta la posibilidad de reemplazarlo con el alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat. Después de insistir en la necesidad de nominar pronto al candidato, ahora Lavín ha decidido que lo mejor es esperar unos meses. Estas indecisiones reflejan su mal momento. Aún los pasquines dedicados a ensalzarlo reconocen que, en el mejor de los casos, el alcalde sólo empata en las encuestas con los mejores nombres concertacionistas. El liderazgo de cambio prometido en 1999 ha devenido en titubeos y dudas. Sin entender que el electorado premia el liderazgo resuelto—como lo demuestra la popularidad de Lagos—Lavín se ha obsesionado por buscar cámara.

 

Pese que su pintoresco viaje a Haití también evidencia su capacidad para descolocar e irritar al gobierno, al huir de los problemas de la sucesión en Santiago y de gobernabilidad en la Alianza, Lavín no enfrenta adecuadamente la creciente percepción de que su candidatura está en problemas. Por cierto, sus samurais muestran especial predilección por dejar demasiada sangre al intentar ordenar la balcanizada Alianza. Peor aún, incapaces de actuar discretamente, han obligado al alcalde a mancharse de sangre al decapitar a necesarios aliados. El reciente cuestionamiento de Lavín a la candidatura de Alcaíno también refleja su carente compromiso con sus aliados en problemas. Sin entender que alguien que ya es popular no necesita de su venia para ser candidato, Lavín ha sentado un pésimo precedente al quitarle el piso a un hombre que entró a la campaña exclusivamente porque el alcalde lo había invitado. 

 

En la Concertación, la disputa por Santiago enfrenta al DC Marcelo Trivelli y al PPD Jorge Schaulsohn. Después de una deslucida gestión de Lavín, la Concertación espera recuperar con facilidad Santiago. Tanto así que un candidato natural, el eficiente ex alcalde Jaime Ravinet, ni siquiera ha sido presionado para presentarse. A diferencia de la derecha, en la Concertación sobran candidatos ganadores. Pero así como ocurrirá el 2005, la Concertación carece de un mecanismo claramente establecido para seleccionar al abanderado. Mientras la DC insiste en mirar las encuestas—pero sin sentar precedente para el 2005—el PPD quería celebrar primarias. Pero si se acepta ese mecanismo para Santiago, ¿por qué no utilizarlo también en cualquier otra comuna del país?  El control del proceso de nominación otorga a los partidos un poder enorme como guardianes de la democracia. No les resultará fácil renunciar a esa influencia. Además, es logísticamente imposible organizar primarias en todas las comunas donde existen legítimos intereses por dirimir democráticamente al abanderado oficialista.

 

Las alianzas partidistas cruzadas que se han producido en torno a Trivelli y Schaulsohn reflejan también la creciente identidad concertacionista de los simpatizantes de ese conglomerado. Más que obedecer las instrucciones de sus partidos, los concertacionistas han demostrado madurez para escoger pensando en quién tiene más posibilidades de ganar. Mientras los que apoyan a Schaulsohn destacan su experiencia previa y conocimiento de la comuna, los defensores de Trivelli subrayan su capacidad para formar equipos y atraer nuevos adeptos. Como ambos han demostrado notables fortalezas, la decisión final no será fácil. Si Schaulsohn y el PPD entienden que, más que rostros, deben construir equipos, el ex diputado podría ser carta ganadora en Providencia o incluso Viña del Mar. Aún una digna derrota allí lo convertiría mucho más en futura carta presidencial PPD que una esperada victoria en Santiago. Por su parte, aunque Trivelli representa mucho mejor la idea de cambio generacional y renovación que busca la Concertación, el Intendente no debe olvidar que necesita también ganarse la lealtad de los militantes y líderes de su propio partido para poder articular un cambio profundo. Tampoco debiera obsesionarse con una comuna, ya que es carta ganadora en cualquier municipio. Sea cual sea el candidato escogido, la Concertación arriesga perder en Santiago si el procedimiento no es legítimo y ampliamente aceptado por sus simpatizantes.

 

Cuando el sorpresivo, cuestionado, controversial—pero en definitiva inofensivo y farandulero—viaje de Lavín pareciera desviar la atención del país hacia Haití, los eventos que rodean la elección en Santiago son los que más luces nos pueden dar respecto a lo que ocurrirá en diciembre del 2005.